Coto: la situación es peor que en 1989

La cadena abrirá todas sus sucursales
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21 de diciembre de 2001  

"En los saqueos hubo vivos que se aprovecharon de la situación, pero el cacerolazo fue totalmente espontáneo y sin ningún componente político. Salvando las distancias se lo puede comparar con el Cabildo de 1810."

Alfredo Coto, dueño de la mayor cadena de supermercados de capitales nacionales de la Argentina, se convirtió en uno de los involuntarios protagonistas de la crisis de los últimos dos días. El empresario no dudó en ponerse al frente de la espontánea resistencia que hicieron los empleados de algunas sucursales ante las amenazas de saqueos y ayer fue uno de los pocos supermercadistas que se atrevió a abrir todos sus locales. A última hora del día, Coto atendió a LA NACION para hacer un balance de los episodios de vandalismo.

-¿Cuál es el balance que hacen de la jornada? ¿Pudieron operar normalmente?

- Abrimos con bastante preocupación, pero por suerte contamos con el apoyo de la policía, que ayer (por el miércoles) prácticamente no había actuado. Las fuerzas de seguridad se dieron cuenta de que no se podían permitir los actos de vandalismo y con su ayuda pudimos operar en forma casi normal. No se registraron incidentes en ninguna de nuestras sucursales y, en general, el clima que se vivió fue más tranquilo.

-¿Planean abrir mañana (por hoy)?

- En la medida en que podamos, vamos a trabajar normalmente. No podemos darnos el lujo de cerrar, aunque será clave contar con la protección de la policía para evitar que se produzcan desbordes.

-Una de las imágenes más fuertes de los saqueos fue la de los empleados de la cadena defendiendo un supermercado de Ciudadela armados con palos. ¿Fue una decisión espontánea de los trabajadores?

-Sin que existiera ningún pedido de la empresa, los propios empleados decidieron defender su fuente de trabajo. La gente se puso la camiseta porque fue consciente de que estaba en juego su futuro. La verdad que es un gesto que nos conmovió a todos. La colaboración que tuvimos de parte de los trabajadores fue impresionante.

El centro comercial de Ciudadela recién lo habíamos abierto hace unos meses, pero igual los empleados de esa sucursal no dudaron en salir a defender su trabajo. Acá hubo gente que se quedó a dormir e incluso algunos empleados que viven en las villas cercanas a los locales nos informaban sobre cuándo podían producirse los saqueos.

-¿Se puede hacer una comparación con los saqueos de 1989? ¿La situación actual es peor que la de la época de la hiperinflación?

-Está todo peor. Lo que sucedió en las últimas 48 horas no lo viví nunca. Fue un ataque de virulencia en el que participó toda la sociedad. El reclamo comenzó con los supermercados, con la gente necesitada que pedía alimentos porque tenían una real necesidad, aunque después aparecieron los vivos de siempre que se quisieron aprovechar de la situación. En cambio, el cacelorazo de la noche (por ayer a la madrugada) fue totalmente espontáneo y sin ningún componente político. Salvando las distancias, se lo puede comparar con el Cabildo de 1810.

-¿Cómo se hace para frenar los incidentes? ¿Planean continuar entregando alimentos a los manifestantes?

-Acá es clave la tarea de la policía y de las fuerzas de seguridad. Coto es una empresa y la asistencia social no es una tarea que nos corresponde a nosotros, sino a los gobiernos, a pesar de que en el último tiempo nos vimos obligados a entregar alimentos para calmar a la gente que rodeaba algunos de nuestros supermercados. Pero, repito, que no es una obligación nuestra sino del Estado.

-¿Pudieron hacer una evaluación de las pérdidas de la empresa?

-El lucro cesante y los daños en las sucursales fueron lo de menos. Los que nos preocupaba era la seguridad de los empleados y, por suerte, solo tuvimos que lamentar algunos heridos leves.

-¿Qué opinión tiene de la renuncia del presidente Fernando de la Rúa?

-Fue un pedido general, con un peso similar al del voto. Más que un de acto de rebeldía, creo que hay que hablar de cansancio. La gente se hartó de una mala administración y terminó explotando la bronca. Cuando se trata de algo tan fuerte no hay muchos análisis para hacer. Tantas personas no pueden estar equivocadas.

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