
Crear las condiciones de diálogo
Por Graciela Tapia Para LA NACION
1 minuto de lectura'
Si bien hay valores intrínsecos a la cultura del diálogo, transitar el proceso requiere haber desarrollado habilidades específicas que no dependen sólo de buenas intenciones.
Los expertos en negociación destacan que es difícil influir sobre otros si no somos capaces de influirnos nosotros mismos, para manejar adecuadamente nuestras emociones y poder separar las personas del problema.
Técnicamente, el diálogo es una instancia previa a la negociación y difiere del mero debate confrontativo que pone el foco en defender el propio punto de vista y en buscar inconsistencias en las del otro. En el diálogo, las partes parten de la posibilidad de que puedan estar equivocadas en algún aspecto y fomentan espacios de deliberación para la toma de decisión.
Nuestra sociedad no incluye en sus currículas educativas el entrenamiento para el diálogo. Por ende, nuestros líderes no necesariamente están preparados para transitarlo.
Una cultura confrontativa, en la cual reconocer un error está visto como debilidad hace más difícil desarrollar actitudes abiertas, suspender los prejuicios y evitar reacciones que nutren la dinámica de la escalada.
* * *
En el conflicto entre el Gobierno y el agro, algunos líderes de ambos lados han tratado de resistir la lógica de la polarización que resulta de tomar partido de forma absoluta.
Ello demuestra una comprensión de la complejidad del problema y lo riesgoso de adoptar actitudes reduccionistas. Desgraciadamente, esos líderes son acusados de tibios con una connotación negativa.
En palabras de Einstein, ningún problema puede resolverse con el mismo lente con el que fue creado. Medidas inconsultas para resolver el conflicto tienen el riesgo de neutralizar la posible bondad de sus contenidos técnicos, porque la forma prevalece sobre el fondo.
El diálogo no se puede ordenar como el café en la confitería, no es cuestión de sentarse a una mesa con el otro. Para que tenga lugar genuinamente, tienen que promoverse y construirse condiciones mínimas que ayuden a generar confianza en un proceso con reglas de juego claras.
El campo de la gestión de conflictos da cuenta de cómo crear condiciones para el diálogo y de la multiplicidad de roles que supone llevarlo adelante con efectividad: espacios seguros, convocantes legítimos y confiables, facilitadores que ayuden a acordar reglas de juego y a tratarse con respeto, terceros parciales e imparciales, constructores de puentes, expertos técnicos, coachers, etcétera.
Crear condiciones para dialogar y diseñar estratégicamente el proceso es un trabajo necesario para que el mismo no fracase.
El desafío a futuro está en el surgimiento de líderes con la sabiduría necesaria para poder gestionar constructivamente los conflictos aprovechando la energía de la crisis para transformarla en oportunidad desde enfoques dialógicos.
Para que esto suceda, tenemos que empezar a cambiar la cultura.





