
Cristina le pidió "un poquito de educación" a Cobos, en un clima de cancha y olor electoral
La tensión se sintió durante toda la Asamblea; las peleas entre las tribunas y las miradas a Diana Conti
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Quedó claro que sería una Asamblea Legislativa distinta no bien Julio Cobos saludó la entrada de Cristina Kirchner al recinto. "Olé, olé, olé, Cleto, Cleto", bajó desde los palcos. Sólo entonces se supo que la tribuna (los palcos repletos) no eran sólo kirchneristas. Fue la primera piedra de una seguidilla de cruces que dominó toda la ceremonia.
La alfombra quedó en segundos tapizada de papelitos que volaron, esta vez, desde los palcos K. Desde el piso, los panfletos saludaban a "Cristina presidenta 2011". La batalla estaba planteada.
La ya antigua frialdad entre la jefa del Estado y Cobos (el saludo entre ambos fue elemental) se volvió una fractura expuesta. En dos oportunidades, Cristina le pidió, entre risueña, sobradora y molesta, que llamara al orden a "su gente". "Después dicen que los que no respetamos las instituciones somos nosotros", lo zarandeó sin mirarlo siquiera.
El contraste entre la euforia del lado kirchnerista del recinto y el silencio de su contraparte opositora también se volvió palpable. Los oficialistas, legisladores y militantes, estallaron en aplausos eufóricos casi 40 veces a lo largo del discurso. Las arengas tribuneras ("Fuerza Cristina" fue el leit motiv) se combinaron con las sonrisas y los gestos de aprobación de los diputados y senadores. Por un momento, el clima se pareció demasiado al que cubrió la Plaza de Mayo el día del velorio de Néstor Kirchner.
Del lado de la oposición, donde no cayó un solo papel, ganó la quietud. Sólo se vieron aplausos, tímidos por cierto, de Ricardo Alfonsín y de Ricardo Gil Lavedra, cuando Cristina Kirchner celebró las palabras de Ricardo Lorenzetti sobre la continuidad de los juicios contra represores "gobierne quien gobierne".
El anuncio de la extensión de la asignación a embarazadas llegó cuando el discurso llevaba una hora. A muchos, los arrancó del tedio. Los kirchneristas, varios distraídos, aplaudieron de pie. A las tribunas volvió el recuerdo de Kirchner. "Néstor no se murió. Néstor vive en el pueblo", gritaron. Desde el lado cobista, intentaron contraponer el "Vamos Cobos", aunque sin demasiado éxito. La oposición seguía impávida.
Diana Conti, que siguió todo el discurso casi sin moverse, fue de las últimas en levantarse para aplaudir. El alivio definitivo llegó pocos minutos después, cuando la Presidenta sepultó el malogrado debate por la re reelección. "Alguien se agarró de las palabras de una compañera que me quiere mucho para plantear todo esto", dijo mientras la miraba fijo. La diputada le devolvió la sonrisa, levantó el brazo, hizo la ve de la victoria y respiró tranquila por fin. La tormenta había pasado.
"Nadie es eterno. Dejemos que la gente decida", intentó cerrar la Presidenta. Pero no hizo más que reabrir. Desde los palcos volvieron a bramar, ahora para pedir "para Cristina la reelección". Se repitió el cruce con los seguidores de Cobos y la Presidenta ya no disimuló: "Un poco más de educación para su gente. Un poco más educadita, por favor", se quejó esta vez con los ojos clavados en el vicepresidente. El mendocino pidió silencio. Estaba más incómodo que convencido.
Llegó el cierre del discurso y se repitió la escena: la jefa del Estado habló de la osadía de Kirchner, las tribunas volvieron a estallar y la bancada oficialista (esta vez sin timideces) se puso entera de pie. Volvieron a volar los papelitos. Una guerra muda se desató entre los legisladores. Todos quisieron ser el que aplaudiera más fuerte. La marcha peronista no tardó en inundar el recinto.
La oposición se retiró rápido, entre el sabor a poco y las críticas. "No dijo nada. Casi no hubo anuncios", se quejó un legislador a viva voz. "Vuelven a demostrar que no pasan del discurso", resopló otro. "Es muy fácil hacer un repaso sin tocar un solo tema delicado", concluyó un tercero.
Pasó la marcha y el recinto quedó en silencio. Los papelitos, intactos sobre el piso. La sensación de que la campaña está definitivamente en marcha, en la cabeza de todos.





