Cristina, locuaz
En los últimos 47 días hábiles, la presidenta Kirchner ha hablado en público 58 veces, más de una vez por día y muchos días por la cadena oficial. Estos datos no hacen más que confirmar la impresión general de que Cristina es, al margen de sus virtudes y defectos, una persona excepcionalmente locuaz.
El diccionario no nos ayuda todo lo que quisiéramos para definir en qué consiste la locuacidad, ya que dice que una persona locuaz es aquella que habla "mucho o demasiado". Si decimos que es locuaz aquél que habla "mucho", le atribuimos una cualidad en el fondo ambigua, ya que se puede hablar mucho y bien o mucho y mal. Decir de una persona que es locuaz porque habla "demasiado", al contrario, equivale en cierto modo a descalificarla.
Cristina, ¿habla mucho o demasiado? En defensa de ella podría decirse que habla mucho porque éste es el rol que se le ha asignado en la distribución de tareas del matrimonio presidencial. ¿Sería incorrecto sostener, en este sentido, que en tanto Néstor "decide", Cristina "explica"? En comparación con ella, el ex presidente habla relativamente poco porque su función no es explicar sino decidir. ¿Pero se le puede achacar a la Presidenta que hable mucho, cuando la función que le ha asignado su marido no es decidir sino explicar?
Cristina podría haberse hecho cargo de esta función, empero, como quien sobrelleva un peso quizá necesario aunque, pese a ello, abrumador. Este no es su caso porque es evidente que a ella le gusta explicar. Pero hay sobrados indicios de que este gusto personal no les cae bien a muchos argentinos, como lo prueban las mediciones del rating televisivo que registran una notoria baja cada vez que Cristina toma el micrófono.
Lo que llama la atención entonces es que, pese a estos efectos comprobadamente negativos, Cristina hable en público cada vez más. El coro que siempre la rodea aplaude invariablemente sus apariciones pero, si la Presidenta mirara un poco más allá, ante ella se abriría el fértil campo de la autocrítica. Cuando habló reiteradamente en público durante el conflicto del campo, por ejemplo, ¿no logró acaso lo contrario de lo que pretendía? Lo cierto es que aquellos que analizan la vertical pérdida de popularidad de los Kirchner en los últimos tiempos, atribuyéndola al "estilo" confrontativo del binomio presidencial, incluyen, como una de las causas principales del deterioro, los discursos de Cristina.
¿Cómo es entonces que la pareja del poder no ha indagado seriamente las razones de su creciente desprestigio? Es como si el pueblo que ha dejado de votarlos y los Kirchner se movieran en dos círculos separados, sin conexión entre ellos. Pero, como vivimos en una democracia, será el pueblo y no los Kirchner quien tendrá la última palabra.
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