Cronoterapia y “cancha embarrada”, la estrategia del kirchnerismo ante los tribunales
Funcionarios y empresarios multiplicaron recursos y quejas contra las causas por corrupción, según se desprende de un relevamiento de casos en la Corte; los fueros y la sombra de Menem
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La estrategia del kirchnerismo en la Justicia para enfrentar las acusaciones de corrupción es de largo aliento y se basa en ametrallar con una catarata de recursos los avances de cada investigación, de modo que la alternancia en el Gobierno con un cambio de signo político o la modificación de la propia integración de la Corte les permitan solucionar sus problemas.
Claro que para que este mecanismo funcione son claves dos condimentos: el paso del tiempo y los fueros, que garanticen que durante todo el lapso que el expediente vaya a tener vida el funcionario va a estar a resguardo de perder su libertad.
Así se desprende de un relevamiento realizado por LA NACION sobre los recursos que tienen pendientes de resolución en la Corte Suprema de Justicia exfuncionarios y empresarios relacionados con el kirchnerismo en causas de corrupción, la mayoría de los cuales se empezaron a investigar hace más de una década.
En el caso de Cristina Kirchner, los fueros parlamentarios fueron el freno que detuvo al juez Claudio Bonadio cuando avanzó con los procesamientos y dictó la prisión preventiva de la expresidenta, que no se efectivizó por su condición de senadora nacional.
Al mismo tiempo, cada fallo adverso era recurrido en los tribunales para llegar hasta la Corte Suprema de Justicia, donde aún permanecen acumulados sin resolver muchos de sus recursos de queja.

En el caso del exministro Julio De Vido, es más evidente esta estrategia, pues el torrente de recursos con los que enfrenta cada acusación hace que siempre quede algún planteo residual por resolver que, en caso de que alguno tenga éxito, puede terminar en la demolición total del expediente, impidiendo que este llegue a su resolución.
Claro que en su caso a De Vido le falló la estrategia de mantener los fueros, que perdió cuando el Congreso votó quitárselos. Esa acción esfumó una de las ventajas que le permitían al exfuncionario seguir adelante con su estrategia de llenar de obstáculos el expediente para frenar el avance de las causas judiciales que lo tienen como protagonista.
Por eso, De Vido no le perdona al kirchnerismo que se haya “borrado” en aquella sesión especial del 25 de octubre de 2017 en la que destacó la ausencia de la gran mayoría de los legisladores del Frente para la Victoria y del Movimiento Evita. Esa ausencia dio paso a que el desafuero saliera aprobado de la Cámara baja y a la inmediata detención del exfuncionario. La realidad, para su suerte, cambió y ahora pasa sus días en su quinta de Zárate, en libertad.
Cronoterapia
Esta idea de que la cronoterapia pueda sanar los problemas judiciales tiene un antecedente inmediato en otro expresidente: Carlos Menem.
Jaqueado por denuncias de corrupción desde los primeros años de la década del 90, al amparo de su política de privatizaciones, el exmandatario se defendió transformando el Poder Judicial con reformas estructurales, primero, y diseñando un fueron federal a su medida, ascendiendo a los jueces que le resultaban molestos, en segundo término.
Luego, cuando eso ya no funcionó, se refugió en sus fueros de senador por La Rioja (cuando murió transitaba por su tercer mandato y llevaba 15 años en la Cámara alta) y logró liquidar, así, la mayoría de las denuncias de corrupción que pesaban en su contra.

Pero sobrevivieron algunos casos, como el contrabando de armas a Ecuador y Croacia y el pago de sobresueldos a funcionarios de sus dos gestiones al frente del Poder Ejecutivo.
Después de 20 años, Menem fue llevado a juicio oral y absuelto en 2011 por el Tribunal Oral en lo Penal Económico Nº 3 por la causa del contrabando de armas. Pero en 2013 la Cámara Federal de Casación Penal revocó la absolución y lo condenó. Cuatro años después, por unanimidad, la Corte Suprema ordenó dictar un nuevo fallo. Al final, la Cámara de Casación Penal lo absolvió porque había pasado demasiado tiempo.
En 2015, Menem fue condenado a cuatro años y medio de prisión por los sobresueldos. Este caso fue apelado ante la Corte y la sentencia nunca quedó firme. La muerte llegó antes que la resolución judicial para el expresidente.
En marzo de 2019, Menem fue condenado a tres años de prisión en la causa por la venta del Predio Ferial de Palermo a la Sociedad Rural, pero la Casación lo absolvió, otra vez, por el tiempo transcurrido entre delito y sentencia. Habían transcurrido 28 años desde el suceso.
A 30 años del menemismo, los procesos son parecidos en este sentido, aunque con una diferencia: ahora Cristina Kirchner no solo quiere evitar las causas, sino que le reclama a la Justicia que reconozca su inocencia.ß
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