Cuadernos de la Coimas: el financista de los Kirchner negó conocer a De Vido y condicionó su participación como arrepentido
Ernesto Clarens está acusado de ser uno de los nexos de los empresarios señalados por pagar coimas; su abogado negó los más de 300 contactos con el exministro; el fallido de Alejandra Gils Carbó
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Tras la embestida de Cristina Kirchner contra el juicio de los Cuadernos de las Coimas, que incluyó un pedido de nulidad y duras acusaciones contra la ley del arrepentido, el proceso continúa hoy con viejas y nuevas objeciones de empresarios y exfuncionarios.
La ronda comenzó el financista arrepentido Ernesto Clarens, una pieza clave en el presunto engranaje de recaudación. Su abogado, Hugo Pinto, señaló que su cliente no conocía a Julio De Vido y negó la veracidad de las 376 comunicaciones entre ambos que constan en el expediente.
Marcó que el régimen de arrepentidos (ley 27.304) al que se acogió su cliente Clarens, no logra conciliar bien la doble condición de colaborador y acusado, y condicionó su participación como arrepentido en el juicio.
“Esa colaboración él no la puede mantener si el requerimiento de elevación a juicio contiene afirmaciones que son contrarias a ese acuerdo”, marcó, y pidió que se corrigiera esa información en el requerimiento de elevación.

En su declaración como arrepentido, acordada con la fiscalía, el financista Clarens se describió a sí mismo como un nexo entre los empresarios y el matrimonio Kirchner en el mecanismo de recaudación ilegal. Sostuvo que fue convocado en 2005 por el empresario Carlos Wagner, quien le dijo que el gobierno nacional había decidido obtener fondos de la obra pública a través de una operatoria en la que Clarens debía recibir los “retornos” de las constructoras y encargarse de que llegaran al secretario de Obras Públicas, José López.
Clarens recibía personalmente parte de los pagos de los empresarios de la construcción vial en sus oficinas, sobre la calle Maipú. Algunos de los imputados que declararon como colaboradores para mejorar su posición le atribuyeron, además, tratos extorsivos y amenazas explícitas.
Luego fue el turno del empresario Gustavo Ferreyra, que es defendido por la exprocuradora de la nación durante el kirchnerismo, Alejandra Gils Carbó. La abogada se apegó a planteos previos, marcó un presunto uso extorsivo de la ley de arrepentidos, y pidió que se declare su inconstitucionalidad.
En un momento de su alocución, se refirió al fiscal Carlos Stornelli como “extornelli”, pero se detuvo sin llegar a completar la palabra . “Tuve un fallido”, aclaró después.
Clarens recibía personalmente parte de los pagos de los empresarios de la construcción vial en sus oficinas, sobre la calle Maipú. Algunos de los imputados que declararon como colaboradores para mejorar su posición le atribuyeron, además, tratos extorsivos y amenazas explícitas.
Cuestiones preliminares
El martes pasado, el juicio retomó su curso tras la feria y el abogado de la expresidenta, Carlos Beraldi, abrió las cuestiones preliminares del debate. Denunció la existencia de un presunto forum shopping en el inicio del caso, tal como se conoce a la estrategia judicial que busca elegir el tribunal que llevará el caso, y apuntó también contra el juez y el fiscal que instruyeron la causa, Claudio Bonadio y Stornelli, por un presunto manejo extorsivo de la ley de los arrepentidos.
Ambos planteos fueron luego recogidos por los imputados que lo siguieron, quienes descargaron también sus propias objeciones contra el proceso. La defensa de Roberto Baratta, en manos de Marcos Aldazabal, hizo foco en el presunto nexo del fiscal Stornelli y el falso abogado Marcelo D’Alessio, condenado por extorsionar, espiar ilegalmente y traficar influencias; y la del exministro Julio De Vido, encabezada por Maximiliano Rusconi, en la supuesta vaguedad de la acusación en su contra y en que ya había sido absuelto de asociación ilícita en el caso Vialidad.
De Vido y Baratta fueron señalados por distintos empresarios arrepentidos como partes clave del esquema de recaudación. Baratta era quien cobraba el dinero de las coimas junto a su chofer, Oscar Centeno, y De Vido, de acuerdo con la acusación, era una de las cabezas de la pirámide.
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