
De personal trainer en la TV al frío de una celda
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Unos años antes de entrar en los negocios sucios de Infiniti Group que lo llevaron a la cárcel, Adrián Félix López era un codiciado personal trainer que había llegado a tener un programa en TV, estudiado en Estados Unidos y se movía con total soltura en los sectores para "personas muy importantes" de los boliches más selectos de Buenos Aires.
Nacido hace 44 años en la Capital, "Pichi" López soñaba con ser licenciado en sistemas, pero debió abandonar la carrera por problemas personales. Su primer trabajo fue en una empresa de telefonía de la que su padre era accionista. Siempre gozó de un buen pasar.
Después de poco tiempo allí, logró independizarse y, en 1982, con sólo 19 años, puso un gimnasio con dos amigos. Sin descuidar el negocio, los fines de semana López trabajaba como relaciones públicas en Old Ways, un boliche ubicado en Cabildo y Juramento, corazón del barrio porteño de Belgrano. En esos años, estudiaba, trabajaba y jugaba al rugby en el club San Cirano.
Ante la muerte de su padre, en 1987, decidió irse por un tiempo a Los Angeles, California, donde estudió técnicas de entrenamiento para fisicoculturistas y, siguiendo una moda que recién comenzaba, se preparó para ser personal trainer .
De regreso en Buenos Aires, compró a sus socios el resto del gimnasio y, aprovechando los contactos que había hecho como relaciones públicas de varios boliches, relanzó el negocio con gran éxito.
"Entregaba tarjetas a las chicas más bellas, promocionándolo como 30 días free [gratis]. En 90 días tenía el gimnasio a full con clientela de primer nivel", recuerda. Se llamaba Training Club y estaba en Cerviño y Ugarteche, en diagonal a Pizza Cero.
En la pantalla chica
Entre sus clientes tenía a rugbiers, periodistas, actores, modelos, vedettes, deportistas. También entrenaba en forma particular a Carlos Menem Junior.
Fue entonces cuando le propusieron hacer un programa de musculación en Canal 26, en el que lo acompañó una alumna suya. "Nos fue impresionantemente bien. Se triplicó la demanda para personal trainer."
La vida de López iba a toda velocidad. Un tiempo después comenzó a trabajar como relacionista público en New York City y en el Open Plaza. Su tarea era armar fiestas en el VIP del lugar los jueves y los domingos. "Convocaba a todos los clubes de rugby de 1» división y a los colegios de señoritas más snob de la sociedad", rememora con evidente nostalgia.
En el Open Plaza, López conoció a la madre de su único hijo. "Es lo más importante de mi vida", dice. Con su mujer trabajaron en temporadas de verano en Pinamar, donde él puso una pizzería en la que atendían mozas vestidas de hawaianas. "A la tarde venían los chicos de Jugate Conmigo y se armaban unas guitarreadas fantásticas", cuenta.
Aunque no pasaron tantos años de esos tiempos de felicidad, para López es como si hubiera transcurrido una eternidad.
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