
Descendiente de árabes y muy frontal
El diputado del PJ tucumano preside la Comisión de Juicio Político; un abogado acostumbrado a casos polémicos
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"Mis últimas noches fueron aciagas", susurra, como en una confesión, el diputado Ricardo Falú (PJ). No lo dice como un lamento; su tono es de aquel que dimensiona la enorme responsabilidad que se le encomendó y que aún lo inquieta en sueños. Nunca, en sus 53 años, había imaginado que sería el encargado, como titular de la Comisión de Juicio Político de la Cámara baja, de descabezar al presidente de la Corte Suprema, Julio Nazareno.
"Como hombre de derecho me causa gran dolor. Pero el país merece una Justicia mejor, y voy a cumplir con mi deber hasta el final", sentencia con su inconfundible tonada tucumana.
A diferencia de su tío, el célebre guitarrista Eduardo Falú, Ricardo surgió a la escena pública de su provincia no por la música, sino como un prominente hombre de leyes. Con esa trayectoria se lanzó luego a la carrera partidaria, siempre dentro del justicialismo tucumano, el partido que fundó su padre, Alfredo. En este terreno, y como sucede con todo personaje político, cosecha entusiastas que lo destacan como un trabajador insobornable, y detractores, que lo consideran un hombre oportunista, contradictorio y mediático.
Abogado aguerrido
Lo que sí es cierto es que su figura no pasa inadvertida en su tierra natal. Falú, que se enorgullece de su milenaria ascendencia árabe, es un hombre controvertido, acostumbrado a ir al choque, y así se comportó cada vez que ocupó un cargo. Quienes lo conocen coinciden en destacar su inteligencia y su fino olfato político; hay quienes advierten que su "lealtad" varía según sople el viento político.
Casado en segundas nupcias con María Cristina Grunauer ("una alemana linda", elogia) y padre de seis hijos, Falú cimentó su carrera en Tucumán, donde se recibió de abogado a los 24 años. Su ascenso fue meteórico: a los 28 años escribió su primer libro, el código de procedimientos penales de su provincia, hoy una obra de cabecera en materia de derecho. Con sólo 34 años llegó al podio más alto: fue designado juez de la Corte Suprema de Tucumán, el más joven que recuerda la historia de esa provincia.
Permaneció allí pocos años; luego, en 1991, y cuando despuntaba la gestión del gobernador Ramón Ortega (PJ), se lo nombró ministro de Gobierno, Educación y Justicia.
Su tarea en ese cargo tuvo grandes satisfacciones -impulsó el Consejo de la Magistratura tucumano- como también sinsabores: en 1993 fue interpelado en la Legislatura por la fuga del ex comisario Mario "Malevo" Ferreyra, condenado a cadena perpetua por la muerte de tres reclusos. Fueron días tortuosos, en los que afrontó denuncias de "seguimiento ideológico" de parte de los seguidores del ex gobernador de facto, Domingo Bussi. Falú se ufanó en demostrar que aquellas acusaciones eran falsas.
Renunció en 1994. Pero este alejamiento no menguó la notable influencia que supo ejercer (y ejerce) sobre la justicia tucumana. Luego se desempeñó como asesor de asuntos jurídicos referidos a su provincia durante la gestión de Carlos Menem.
En 2000 fue convocado por el gobierno de Julio Miranda y asumió como ministro fiscal de la Corte. Su aporte más relevante fue la creación de la fiscalía anticorrupción. Esteban Jerez, su titular, se convirtió en un dolor de cabeza para Miranda.
Falú fue designado, luego, ministro de Gobierno. Su enfrentamiento con la cúpula de la policía y luego con los legisladores, a quienes reclamaba que dejen sus cargos si no resignaban parte de sus salarios, precipitaron su renuncia y una feroz pelea con Miranda.
Pero no estaba dispuesto a resignar sus aspiraciones políticas. Y ese verano de 2001 reunió a su familia para anunciar que se lanzaría como diputado nacional por Tucumán.
Se postuló por el Frente para Todos, con la menemista Olijela del Valle Rivas. Ganó la elección, pero no tardó en alejarse de su socia y fundó una agrupación propia, Movimiento de Participación Ciudadana, aunque aún no se afilió a esta agrupación. Su pertenencia es al PJ.
Curiosidad
En diciembre de 2001 asumió como diputado. Juró por Dios, la Patria y la memoria de su hermano desaparecido durante la dictadura. Curiosidades de la historia: a su lado se ubicaba, preparado también para la jura, Ricardo Bussi, hijo del ex gobernador y acérrimo enemigo de los Falú. Obviamente, no se saludaron.
Como diputado se destacó por ser uno de los fogoneros del juicio a la Corte Suprema, que fracasó en octubre último. También, por presentar un polémico proyecto para la renovación anticipada del mandato de los legisladores y, junto a sus colegas "rebeldes" del grupo Talcahuano, denunció supuestos sobresueldos que cobrarían algunos diputados.
Las últimas elecciones nacionales lo encontraron cerca del candidato puntano Adolfo Rodríguez Saá, de quien prudentemente se distanció algunos meses antes de los comicios. Ahora es un entusiasta simpatizante del presidente Néstor Kirchner. Sus idas y venidas no dejan de suscitar algún comentario irónico.
Pero Falú hace caso omiso y aprovecha que hoy las luces se posan sobre él. Asevera que su objetivo al asumir su cargo es el de contribuir a depurar las instituciones.
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