
Dos miradas sobre un mismo Perón
Reflexión
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Hasta un espíritu sombrío como el de Nietzsche sugería que sin humor -sin buen humor- la política es inconciliable con la sabiduría. No es necesario ir tan lejos a fin de alcanzar un punto de ebullición como el que logró Groucho Marx, con tremendo descaro y brutal hipocresía, al rematar un imaginario discurso: "Señores, éstos son mis principios; si no les gustan, tengo otros". Eso provoca, por inverosímil, la carcajada estruendosa.
Pero hay otras formas de humor, más leves y de inteligencia sutil y suficientes, en suma, para promover la reflexión, tonificar el ánimo ciudadano y levantar la puntería política en relación con el amateurismo y las torpezas que se deriven de éste en cualquier ámbito público.
Dos viejos abogados celebraban ayer, precisamente en la cuadra del Ministerio de Trabajo, sobre la avenida Alem, la causticidad en módica cuota que creían percibir como fondo de dos grandes afiches con los que se habían empapelado, en genuino homenaje, paredes de la ciudad a raíz del nuevo aniversario de la muerte de Juan Perón.
Uno de esos afiches, dispuesto por la Unión Obrera Metalúrgica de la República Argentina, mostraba a Perón con gorra y uniforme de general de la Nación, reivindicándosele de tal manera, antes que otra condición, la de militar. El otro cartel, no menos insinuante y a nombre de las 62 Organizaciones Gremiales Peronistas, presentaba a Perón con un sobretodo parecido al que el ex presidente había usado, a sólo dos meses del fallecimiento, el 1° de mayo de 1974, en la Plaza de Mayo, cuando se produjo la ruptura con Montoneros.
"Son años...", fue la porteña y adjetivada conclusión de uno de los letrados, mientras reanudaba el camino con el viejo colega, diciéndose que, si ambas fotos de Perón habían sido elegidas por casualidad, los efectos no habrían sido distintos.



