Dura homilía de Bergoglio en el Tedéum
Frente a De la Rúa, Alvarez y Ruckauf, el arzobispo de Buenos Aires dijo que algunas promesas "suenan a cortejo fúnebre"
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El arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Bergoglio, señaló que "el sistema ha caído en un vasto cono de sombra, la sombra de la desconfianza", y afirmó que "algunas promesas y enunciados suenan a cortejo fúnebre: todos consuelan a los deudos, pero nadie levanta al muerto".
"¡Levántate, Argentina!", dijo en la homilía del Tedéum celebrado en la Catedral por el 25 de Mayo citando al Papa, "como lo enseñaron y realizaron nuestros próceres fundadores", y señaló que "hasta no reconocer nuestras dobles intenciones no habrá confianza ni paz; hasta que no se efectivice nuestra conversión no tendremos alegría y gozo". También instó a "refundar el vínculo social de la Argentina".
En la homilía, ante el presidente, Fernando de la Rúa; el vicepresidente, Carlos Alvarez; el gobernador de Buenos Aires, Carlos Ruckauf, y las principales autoridades nacionales, Bergoglio recordó que el año último había animado a "refundar el vínculo social entre los argentinos, un vinculo esperanzador, que acerque la dolorosa brecha entre los que tienen más y los que tienen menos".
Un vínculo, subrayó, "que nos alarme frente a cada persona que pierde su trabajo, que nos haga solidarios e integradores para con los inmigrantes desposeídos y de buena voluntad".
Pedido por los jubilados
En el año del Jubileo 2000, tuvo un párrafo especial para los ancianos, "que llegan al ocaso de su vida y no pueden tener júbilo porque han sido defraudados y se encuentran al borde del escepticismo". Con ellos tenemos una deuda, dijo; y para los jóvenes son "rescoldo de memoria", y deben recuperar su papel de sabios y maestros.
Bergoglio animó a "tocar al marginado del sistema, viendo en él a hombres y mujeres que son mucho más que votantes potenciales". Y pidió dar poder y apoyo a organizaciones comunitarias que "estrechan las manos y hacen participar, que privilegian la intimidad, la fraternidad".
"Estas iniciativas -dijo- brindan una inmejorable salida frente al suicidio social que provocan la filosofía y la técnica, que expulsa la mano de obra, que margina la ternura del afecto familiar, que negocia los valores propios de la dignidad del hombre."
"Cedamos el protagonismo a la comunidad -dijo- apoyando y sosteniendo a quienes se organizan en pos de sus fines. Así se acerca la cosa pública a sus verdaderos protagonistas, que ya no quieren hipotecar su suerte a sábanas de representantes desconocidos."
Expresó que "como Cristo, hay que atreverse a renunciar al poder que acapara y enceguece, y aceptar ejercer la autoridad que sirve y acompaña. Unos pocos tienen el poder de las finanzas y la técnica -agregó-; otros ejercen el poder del Estado, pero sólo una comunidad activa, que se vuelve solidaria y trabaja mancomunada, puede, en su creativa diversidad, impulsar la barca del bien común, ser la custodia de la ley y la convivencia".
Construir el bien común
Destacó la necesidad imperiosa de convivir para construir juntos el bien común posible, resignando intereses particulares para la vida social en paz. "No se trata solamente de una gestión administrativa o técnica, de un plan, sino que es la convicción constante que se expresa en gestos, en el acercamiento personal amansando, en esperanza, una nueva cultura del encuentro, de la projimidad".
Tras rezar el padrenuestro, acompañado por el nuncio, monseñor Santos Abril, Bergoglio se acercó a De la Rúa y Alvarez, por quienes se había pedido ayuda a Dios por sus nombres de pila, Fernando y Carlos, y saludó con un beso a sus esposas.
Como anfitrión, Bergoglio los invitó a subir al presbiterio, donde recibieron el saludo personal, uno por uno, de autoridades de los credos religiosos que actúan en el país. Fue la primera vez que en el Tedéum se hizo lugar a este saludo, un gesto de acercamiento especial en esta fecha patria. Uno de los primeros en saludar a De la Rúa y Alvarez fue el arzobispo ortodoxo Kirilos Doumat, del patriarcado de Antioquía, quien dio un beso en cada mejilla a cada uno delos mandatarios Al concluir el acto, Bergoglio permaneció en la puerta de la Catedral, saludando uno por uno a todos los asistentes a medida que se retiraban.
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