
Duros mensajes contra el poder desde los púlpitos
Críticas a Menem, De la Rúa y Alfonsín
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No es la primera vez que desde los púlpitos se apela directamente al poder político en duros términos. Los ex presidentes Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Fernando de la Rúa también fueron objeto de la crítica de la Iglesia.
En 1987, durante una misa celebrada en la iglesia Stella Maris en homenaje a los caídos en la Guerra de las Malvinas, el entonces presidente, Alfonsín, escuchó sin inmutarse los conceptos de monseñor José Miguel Medina, que invitó a los presentes a "decirle no al predominio sectorial, al egoísmo del no te metás , a la delincuencia, a la patotería, a la coima, al negociado, a la injusticia, a la decadencia y a la destrucción de la identidad nacional".
Terminada la homilía, en un hecho inédito que sus sucesores no repitieron, Alfonsín pidió permiso, se subió al púlpito y respondió: "Si se ha dicho esto delante del Presidente es porque se conoce algo que el Presidente desconoce. Solicito públicamente que si alguien de los presentes conoce de alguna coima o negociado lo diga y lo manifieste concretamente". Y se dirigió a monseñor Medina: "Quiero darle la tranquilidad de que estamos transitando el camino de la patria grande".
El 9 de julio de 1996, el obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Héctor Aguer, fue el encargado de la homilía en el Tedéum por el 180° aniversario de la Independencia. Frente al ex presidente Menem, Aguer pidió que no prevalezcan "los intereses propios sobre el bien común" y que se venzan "los resentimientos para restañar las heridas del pasado".
"Sin esa conciencia la Nación puede llegar a disolverse o disgregarse en tribus ideológicas o grupos económicos que mantendrán espiritualmente una precaria unidad de conveniencia o en el reparto de ocasionales botines", alertó.
Durante la presidencia de Fernando De la Rúa, el 25 de mayo de 2000, monseñor Bergoglio fue claro al afirmar en su homilía que "el sistema ha caído en un amplio cono de sombra: la sombra de la desconfianza, y algunas promesas y enunciados suenan a cortejo fúnebre; todos consuelan a los deudos, pero nadie levanta al muerto".
Y siguió: "Hay que atreverse a renunciar al poder que acapara y enceguece y aceptar ejercer la autoridad que sirve y acompaña".
Hace un año, el 25 de mayo de 2001, Bergoglio fue aún más contundente cuando, otra vez frente a De la Rúa, señaló: "Resulta obvio que dormirse en los contubernios del poder, empeñarse en negar las necesidades, no enfrentar las contradicciones, acentuar los odios internos, no hace sino prolongar una agonía de mediocridades".
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