
El argentino que se ganó la confianza de los chinos
Calvete trabaja desde hace años para los supermercadistas
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Quiso impresionar desde el principio que no se le escapa el menor detalle de las costumbres chinas. Fue cuando el argentino Miguel Calvete explicó que el gesto de golpear dos veces sobre la mesa con los dedos de una mano significa "gracias" y que eso fue lo que hizo el vicepresidente de la Cámara de Autoservicios y Supermercados de esa nacionalidad (Casrech) que tenía sentado frente a él cuando un asistente le sirvió una taza de té mandarín.
"Como el emperador no podía agachar la cabeza ante los súbditos, producía esos golpecitos como agradecimiento", se lució al explicar la costumbre ancestral.
El hombre que se ganó el corazón de la colectividad y es secretario general de la entidad desde su creación, en 2004 (la cámara que agrupa a 2382 supermercados chinos en todo el país), jamás se hubiese imaginado que su vinculación con la comunidad sería tan estrecha, y menos que su nombre ganara centímetros en la prensa a raíz del reciente boicot de seis días del Sindicato de Camioneros, que conducen Hugo y Pablo Moyano, contra los supermercadistas chinos por problemas de inseguridad, y que tuvo que ser solucionado en la Casa Rosada.
Calvete, abogado porteño de 41 años, así lo explicó: "Impedí como profesional que un escribano argentino estafara a un ciudadano chino en un préstamo hipotecario. Luego me enteré de que ese hombre era pariente de un funcionario chino. Y para mi sorpresa, me citaron en la embajada y el jefe diplomático de entonces agradeció mi gestión y me preguntó cuáles eran mis honorarios".
Mientras LA NACION conversó con Calvete, un simpático joven de 30 años, Ji Cong Zheng, que se hace llamar "Oscar" -que, según explicó, los chinos se rebautizan simbólicamente muchas veces con algún nombre castellano que les gusta-, ironizó diciendo que Calvete "aprendió a comer maníes con palitos". Con una sonrisa, Calvete siguió con su historia: "El embajador no podía creer que yo no quisiera cobrarle. Era una gestión que incluía a otras personas. Y recuerdo que el diplomático chino me causó gracia cuando dijo que había tres actividades que no dejaban de cobrar por nada del mundo: eran los abogados, las inmobiliarias y los vendedores de automóviles".
Una cosa llevó a la otra, el embajador chino le prometió conectarlo con los "paisanos" -como ellos se llaman- y Calvete se ocupó de temas relativos a fondos de comercio e inversiones en supermercados, cuando la actividad no tenía el furor actual.
Como paso inevitable, Calvete estudió chino e intentó ante LA NACION reflejar que lo habla bien. Oscar se volvió a burlar: "Más o menos. Sólo entiende malas palabras". Calvete no se quedó atrás: "Está argentinizado".
Explicó que tiene que mediar entre dirigentes con 11 dialectos diferentes. Es que la cámara está conformada por un consejo directivo permanente y por representantes de distintas ciudades de China.
"El entendimiento siempre llega, pero es difícil porque son como varios países dentro de uno solo", comentó. Esa tarea de "mediador" es uno de los fuertes de Calvete, quien admitió haber aprendido mucho de los chinos. Y muestra un catálogo de cómo llevarse bien con ellos:
- "Son pacientes y no se desequilibran", aunque explicó como un ejemplo aislado el del comerciante que agredió a un repartidor de camioneros y que generó el boicot del sindicato a los supermercados.
- "Son desconfiados por naturaleza -advirtió-, pero si uno se ganó su confianza, son amigos leales."
- Como contrapartida, dijo: "No perdonarán jamás que uno los traicione o engañe. Es preferible ser sincero y decir la verdad, si algo no salió bien, antes que engañarlos."
- "Son analíticos y prudentes. Siempre muestran distintas alternativas de solución. Con los chinos, gana el que más espera", añadió.
- "Valoran el tiempo; se toman el que sea necesario para analizar una situación, pero piden resultados. Planifican para el futuro", concluyó.
Explicó Calvete que a su esposa y sus dos hijas adolescentes no les cambió la nueva vida. "Viajé siete veces a China, siempre por trabajo. A mi familia le fascina que traiga cosas exóticas, pero nos gustaría disfrutar de aspectos culturales asombrosos que por falta de tiempo no pudimos hacer."



