El espionaje ilegal de los "Brigada Cola" y la preocupación de Vidal

Damián Nabot
Damián Nabot LA NACION
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23 de marzo de 2019  

El presidente Mauricio Macri no puede decir que nadie le advirtió sobre los riesgos de los vínculos entre el espionaje ilegal, que salió a la luz con el alboroto de Marcelo D'Alessio, y los servicios de inteligencia del Estado. El enigma es su empecinamiento en mantener aquella estructura sin cambios. "Sí, los de Brigada Cola", respondió el presidente entre la sorna y la resignación cuando un interlocutor le transmitió su espanto por las chapucerías que se cocinaban en los alrededores de los servicios de inteligencia. Fue antes de que los argentinos conocieran los negocios extorsivos de D'Alessio y la cofradía que lo acompañaba, en especial los excomisarios Ricardo Bogoliuk y Aníbal de Gastaldi, a quienes el ultramundo de los servicios asocia a la AFI.

La comedia televisiva Brigada Cola, con su paso noventista por la pantalla, coincidió con los últimos años de Macri en Sevel. Aunque debería figurar entre las actuaciones menos memorables de Guillermo Francella, le sirvió al Presidente para encontrar en su memoria una parodia vulgar que sirviera para calificar a la cofradía de traficantes de información que gravitan en los alrededores de la AFI. Y hasta ahora, Brigada Cola se mantiene sin cambios.

Pero la novedad más estremecedora para el universo oficialista fue que entre los seguimientos que aparecieron en los papeles de D'Alessio figura la gobernadora María Eugenia Vidal. Por si faltaba algo. Las preguntas se dispararon en La Plata. ¿Quién ordenaba el trabajo? ¿El destino final era Silvia Majdalani, la segunda de la AFI? ¿Había interés por conocer los movimientos políticos de la gobernadora? ¿Alguien en la Casa Rosada teme un distanciamiento entre Vidal y Macri?

María Eugenia Vidal pudo preguntárselo directamente a Mauricio Macri anteayer, cuando junto con Horacio Rodríguez Larreta compartieron media hora a solas en la camioneta del Presidente. Pocos lugares mejor aislados para una conversación sensible. Al otro lado de la ventanilla se sucedían los avances de las obras del Paseo del Bajo, mientras Macri, Vidal y Rodríguez Larreta se enfrascaron en una charla sobre los vendavales políticos que asuelan al Gobierno, según reconstruyeron fuentes políticas. Fue después del discurso de Macri en el CCK, ante el gabinete ampliado.

La oficina de la AFIP en el partido bonaerense de Pilar ya había sido señalada dos años atrás como la usina de una denuncia falsa contra Elisa Carrió, a través de la confesión del albañil Saúl Enrique Paz, que reconoció que cobró $1500 para firmar una declaración cuyo contenido ignoraba. La diputada expresó luego su "cansancio" con sectores de Cambiemos y pidió la renuncia de Majdalani. Nunca insistió. Antes había sido seguida y fotografiada durante un viaje a Paraguay.

Previo al caso D'Alessio, Vidal y su ministro de Seguridad, Cristian Ritondo, ya habían advertido a la Casa Rosada que eran blanco de seguimientos de inteligencia. En la AFI juraron que no eran los responsables. Pero hubo oficinas de Buenos Aires que fueron desactivadas. Lo que nadie puede negar es que D'Alessio tuvo el respaldo suficiente para sentarse en reuniones de seguridad previas a la Cumbre del G-20 con miembros del Gobierno. Brigada Cola tenía amigos.

La gobernadora evaluó en su oportunidad fortalecer la seguridad de la provincia con un equipo propio de inteligencia. Hasta ahora no encontró al funcionario capaz de ponerlo en marcha.

Para los excomisarios que trabajaban con D'Alessio, y que como reveló LA NACION incluso compartían oficinas con el presunto extorsionado Pedro Etchebest, el territorio bonaerense es conocido. En 2003, cuando el frepasista Juan Pablo Cafiero se atrevió a encabezar con un civil la bonaerense y purgar a su cúpula, una de las separaciones más estruendosas fue la del comisario mayor De Gastaldi. Su riqueza, amasada en los negocios del conurbano, no coincidía con sus honorarios policiales. Así y todo, logró regresar al ruedo y fue sumado a la AFI. En cambio, Cafiero fue expulsado de la política y ahora se dedica a la abogacía.

El affaire D'Alessio es profusamente utilizado por el kirchnerismo y los sectores empresarios que ansían lastimar la causa de los cuadernos de las coimas y que encontraron en el fiscal Carlos Stornelli un blanco predilecto. La contundencia de las confesiones de los testaferros de Daniel Muñoz y del contador Víctor Manzanares confirmó con detalles el sistema de recaudación de sobornos y multiplicó las ansiedades entre los afectados por la investigación. Por eso nadie presagia que amaine el vendaval. Ayer, como se esperaba, la Cámara Federal de Mar del Plata rechazó la recusación presentada por Stornelli contra el juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla. El calvario para el fiscal continuará. Por eso en Comodoro Py varios se preguntan cómo fortalecer la investigación frente a nuevas arremetidas, que se imaginan inevitables. Sobre todo, el kirchnerismo, que se encuentra en estado de beligerancia permanente. Tanto es así que Carlos Zannini abandonó su refugio de Santa Cruz y viajó a Buenos Aires, donde esta semana compartió una mesa en el Café de los Angelitos junto al dirigente Eduardo Valdés, el mismo que anunciaba los pormenores de la causa de Ramos Padilla antes que lo supieran los mismos involucrados. Nadie difundió cuáles fueron las nuevas directivas.

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