"El futuro no será peor que el presente"
El especialista en ciencia ficción dice que nadie llegó a imaginar que en la Argentina pudiera haber niños con hambre
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Pablo Capanna es un intelectual fuera de lo común: profesor de filosofía, escritor, periodista, docente universitario y... apasionado por las historietas.
En todos esos terrenos ha cosechado buenos frutos. A mediados de la década del 60, Capanna tuvo una idea brillante: escribir un libro sobre la ciencia ficción. Fue el primero realizado por un autor de lengua española. Entonces sólo había dos trabajos sobre esta especialidad literaria, y los dos en inglés. "El sentido de la ciencia ficción", publicado en 1967, es un ensayo crítico, más filosófico que literario. Está esperando ahora su tercera edición.
Después llegaron las biografías de distintos escritores vinculados, de un modo u otro, con el género. Por ejemplo, J. R. R. Tolkien, Philip K. Dick y el célebre Cordwainer Smith, el seudónimo con que se dedicó a escribir ciencia ficción Paul Linnebarger, un hombre de los servicios de inteligencia norteamericanos que llevaba una vida literaria paralela a sus actividades relacionadas con la política exterior.
En 2000, Capanna narró la historia del cineasta ruso Andrei Tarkovski, el director de "Solaris", película que marcó un hito en la ciencia ficción llevada a la pantalla. Capanna también trabajó en las revistas El Péndulo, Minotauro y Axxón y obtuvo, entre otras distinciones, el Diploma de Honor Konex.
A la hora de rendir tributos, recuerda que fue Más Allá ("una extraña revista argentina que se publicaba en los años 50", dice) la que despertó su inquietud por la ciencia ficción. En ella colaboraban, entre otros, Mario Bunge y Héctor Oesterheld, quien más adelante sería el creador de "El Eternauta".
Nacido en Florencia, Italia, único hijo de un obrero metalúrgico, Capanna llegó a la Argentina cuando tenía 10 años. Su familia llegó atraída por una propuesta de la Secretaría de Agricultura que, en la primera época del peronismo, buscaba inmigrantes para trabajar en el campo.
"Pero el campo, finalmente, no fue...", resume. Explica que la familia se afincó en Buenos Aires y que él, para sorpresa de sus padres, decidió estudiar filosofía después de haberse recibido de perito mercantil, como su mamá.
Capanna recuerda que sus años de facultad no fueron sencillos. Dice que una vez escribió una monografía sobre Lovecraft que escandalizó a varios profesores de mentalidad demasiado conservadora. Hubo una excepción: Víctor Massuh, quien conducía un seminario sobre la experiencia religiosa.
-Siempre le gustó la ciencia ficción. ¿Le atrae lo misterioso?
-No, no especialmente.
-¿Es religioso?
-Soy creyente. Queda mal decirlo, pero soy católico. Parece que todos los intelectuales están obligados a decir que son ateos. En los últimos años, con la posmodernidad, hubo un auge de lo religioso, pero en el sentido más burdo. Todo el mundo empezó a tirar el tarot y a recibir mensajes del más allá. Hubo un auge espurio de la religión y ahora parece que los intelectuales se han retraído. Dicen que son ateos y hablan de la muerte de Dios. Eso me molesta. Una de las cosas a las que me dediqué fueron, justamente, las seudociencias. Escribí sobre la llamada New Age...
-¿No le gusta la New Age?
-No; la veo muy artificial. Hay mucho de comercial y mucho de postizo, en el sentido de que es un sucedáneo de una experiencia real que la gente no tiene. Se quiere comprar una experiencia hecha: sea feliz, conozca la eternidad... Eso no se consigue tan fácilmente. Hoy todo el mundo es místico, pero los místicos, orientales u occidentales, llevan una vida de penurias y sacrificios. Ahora alguien puede creerse místico el fin de semana, pero el lunes sigue con la misma dieta. Es algo muy trivial. Lo de las seudociencias, en general, me fascina. Por ejemplo, todo el culto que hay por los ovnis o las organizaciones seudorreligiosas que son francamente delictivas, como la secta Moon o la cienciología.
-La cienciología tiene muchos adeptos entre los actores norteamericanos...
-Sí: John Travolta, Tom Cruise... Dicen las malas lenguas que es la religión de la ciencia ficción, porque su fundador, Hubbard, era un escritor, malo, de ciencia ficción. Cordwainer Smith, uno de los autores más respetados del género, lo conoció de joven y escribió que Hubbard era muy inteligente, pero que podría ser peligroso si llegaba a ser líder de algo. En Buenos Aires, esta secta estuvo reclutando gente. Hace años me llegó la versión de que daban cursos de inglés aquí...
-¿Cuál es la idea de esa secta?
-En Alemania, la cienciología está proscripta. En Francia se armó un lío tremendo, pero no la quisieron prohibir por no quebrar la libertad de cultos. ¿Qué hacen los cienciólogos? Acumulan poder. Es una red mundial de acumulación de poder. Cobran para todo. Son sospechosos de estafas, espionaje industrial, secuestros y tráfico de armas, aunque no tienen vinculación con las drogas. Salió un artículo enorme en la tapa de Time sobre ellos.
-¿Qué opina de los ovnis?
-Es un tema infinito. Hay sectas, hasta suicidios colectivos. Pero lo que realmente me sorprende de todos estos temas seudocientíficos es que la idea que teníamos desde los tiempos de la Ilustración acerca de que la educación y la cultura iban a desarrollar la racionalidad de la gente haya resultado por completo equivocada. Uno pensaba que las seudociencias eran para la gente ignorante, que vive en las villas o en las favelas, pero no es así. Los de Heaven´s Gate, que se suicidaron en forma masiva en California, eran programadores, hacían software, tenían buenos empleos...
-Con las últimas misiones a Marte y las noticias de que podría haber habido agua, se ha reeditado aquello de los hombrecitos verdes del planeta rojo. Ray Bradbury volvió a aparecer en las primeras planas de los diarios.
-Sí, pobre Bradbury. Está muy mal. Dejó de ser el Bradbury que muchos admiramos hace años, antes de que empezara a ganar plata. A los escritores, ganar plata les hace daño. Las mejores obras las hacen cuando son pobres. Es mi modesta opinión. Después vienen los compromisos, los contratos. Se firma para escribir siete libros en equis tiempo y entonces aparecen productos como Harry Potter. Es decir, se escribe cualquier cosa.
-Volviendo a la cuestión de las seudorreligiones, ¿por qué cree que abundan en esta época?
-Hay una crisis de sentido, un vacío ético. Un poco de relativismo es bueno, pero en dosis masivas conduce a un vacío en el que ya no se sabe en qué creer. Entonces, cuando uno está en la duda total y definitiva se agarra de la cosa más burda que tenga a mano. Cuando uno deja de lado siglos de filosofía y todo lo que eso implica, siglos en que se trató de elaborar una idea un poco más refinada y sutil de Dios, y se encuentra con un vacío, termina por creer en el primer florero que le ponen adelante... Es un problema bastante serio.
-¿Ocurre en todo el mundo?
-Sí. Las religiones tradicionales están en receso, no encuentran respuestas, y aparecen estas seudorreligiones, porque realmente la mayoría tiene fines comerciales. Eso es lo lamentable.
-En general, ¿este tipo de creencias aumenta en épocas críticas?
-Por supuesto. Históricamente, se han dado en momentos de crisis y decadencia, sobre el fin del Imperio Romano, antes del Renacimiento; cuando algo está cambiando y todavía no se ve para qué lado cambiará, se produce una gran inseguridad. Entonces proliferan las falsas creencias.
-Usted es docente universitario...
-Enseño en la Universidad Tecnológica Nacional una materia que se llama Ingeniería y Sociedad a estudiantes del primer año de la carrera de ingeniería. Es una asignatura que sobrevivió de un paquete de tres materias que ya no se dictan: Filosofía, Psicología Social e Historia de la Cultura.
-¿Cómo ve el conjunto de la educación?
-El deterioro educativo es muy grande. Son increíbles los resultados de los exámenes de ingreso. Los chicos quieren ser ingenieros y no saben nada de matemáticas. Ni siquiera pueden resolver problemas que tendrían que haber aprendido a solucionar en la secundaria. Y algo similar ocurre en la carrera de astronomía, en la Plata. Los docentes de Filosofía y Letras me cuentan que los estudiantes no tienen idea de cómo escribir. Cuando yo estudiaba, un alumno con faltas de ortografía era un paria. Todos se burlaban de él. Ahora es lo más común del mundo...
-¿Piensa que es útil un examen de ingreso a la universidad?
-Más que un examen, me parecería bien un curso de ingreso. Y me parece también que debería resolverse el problema vocacional para evitar que los chicos elijan la carrera que quieren estudiar por fantasía, porque vieron una película o porque alguien se lo recomendó, sin tener idea de los contenidos con los que se van a encontrar.
-¿Qué le parece la Argentina en este momento, con su problemática social, económica y política?
-Hace 40 años que vivo en José C. Paz y, por mi experiencia como vecino del Gran Buenos Aires, que no todo el mundo tiene, fui testigo de lo que ocurrió en el ámbito suburbano. Cuando me fui a vivir ahí pensé que iba a ser un pionero, que en el futuro habría mejores transportes, mejores comunicaciones, mejor oferta cultural, más escuelas; que mis hijos tendrían tren eléctrico que los llevaría a la universidad... En cambio, lo que vi fue una decadencia que en los últimos años llegó a niveles terribles. La inseguridad es total; la desocupación es muy grande; el clientelismo político no ayuda en nada, sino que congela una situación; no aparecen fuentes de trabajo. Claro: es difícil crear fuentes de trabajo en un mundo en el que las nuevas tecnologías las cierran, pero esto debería tener alguna solución.
-¿Esos indicadores que menciona no mejoraron desde que está Kirchner en la presidencia?
-Creo que con Kirchner mejoró el nivel de esperanza. Si tenemos que elegir entre los últimos presidentes, Kirchner es el mejor, en cuanto a que no ha cometido errores graves. Y todo lo que ha hecho es aceptable. Eso no significa que haya empezado a tocar los problemas de fondo. Ha dado esperanza, pero no tocó los problemas de fondo, que son muy grandes. Si existiera alguna decisión de encararlos, habría que tener mucha estabilidad para sostener lo que se decida. Uno de los más grandes problemas de nuestro país es que nunca tuvimos estabilidad.
-¿A qué se refiere?
-A tener una línea y mantenerla. Brasil, de modo caótico, se fijó un objetivo y se fue desarrollando. El objetivo era el crecimiento.
-Pero el crecimiento puede ser con desarrollo social o sin él...
-Bueno, fue un crecimiento con grandes desigualdades. Es lo que algunos llaman el mal desarrollo; pero globalmente Brasil creció. Y acá, en cambio, fuimos para atrás. En 1950, el escritor Collin Clark decía que había cuatro países agrícolas que se iban a desarrollar, que eran Australia, Canadá, la Argentina y Nueva Zelanda, y que la Argentina los iba a pasar a todos. En esa época, Brasil, frente a nosotros, era un país atrasadísimo. Los brasileños venían a estudiar acá. Ahora nuestras empresas se van a Brasil...
-¿Qué nos ha pasado?
-Creo que el problema es la inestabilidad, la falta de continuidad, no tener un objetivo medianamente aceptable y seguirlo.
-Pero cuando hablamos, por ejemplo, de los problemas de fondo, como la renegociación de la deuda, ¿qué le parece la actitud del Presidente?
-Muy realista, dentro del mínimo margen de maniobra que tenemos.
-¿Le parece bien eso de plantarse en sus trece y mantenerse estable en esa actitud, aunque el mundo entero esté en contra?
-Depende de la capacidad de negociación. Yo no quisiera estar en el lugar del gobierno argentino. Tienen que encarar toda una maniobra de regateo, y no es fácil.
-¿Usted cree que Kirchner cuenta con suficiente respaldo?
-Creo que hay una opinión pública favorable al Presidente. Kirchner está acumulando poder, como todo político, y me parece bien que lo haga, pero su frente interno está muy dividido.
-¿El poder que le da la gente es suficiente para que Kirchner sostenga sus decisiones?
-Kirchner tiene mucha popularidad. No sé si tiene poder en ese sentido. La popularidad es algo que se va, como el rating. Puede ser circunstancial. En la medida en que haga bien las cosas, tendrá también poder, pero... él lo tiene a Duhalde, que quiere conservar su poder, y también al menemismo. Yo estoy opinando como ciudadano, no como un experto en el tema. Creo que estamos en un proceso en el que se tiene que replantear toda la política argentina. Por ejemplo, contamos con partidos centenarios que se diluyeron, como el radicalismo, y con un partido dividido, como el peronismo.
-¿Alguna vez no estuvo dividido?
-Y... cuando gobernaba Perón; mientras duraron Perón y Evita. Cuando murió Evita, ya había una fractura, Perón había perdido parte de su poder. El peronismo se mantiene unido porque es una gran mutual. Todos saben que si se quedan adentro se benefician. Son suficientemente hábiles para darse cuenta de que no les conviene dividirse. Los radicales se dividieron muchas veces; se diluyeron. Creo que la resultante de todo esto será un replanteo. Pienso que tienen que aparecer partidos nuevos, no nuevas ideologías, pero sí, como en todo el mundo, nuevas representaciones para distintos sectores: uno conservador, uno avanzado, un sector medio que refleje la realidad de la sociedad argentina.
-¿Usted cree que si Kirchner estuviera más sostenido por acuerdos con los sectores dirigentes locales podría negociar mejor con los organismos financieros internacionales?
-Pienso que sí. Y pienso, también, que el punto al que ha llegado la Argentina frente a los acreedores externos no es sólo responsabilidad del país. La burbuja no se infló acá solamente. También se infló desde afuera. Yo tengo un libro que compré antes de que se terminara la convertibilidad. Es sobre prospectiva, acerca de cómo serán los próximos 50 años. Es un libro norteamericano y empieza con una cita de Domingo Cavallo. Dice de él que fue "el genio que hizo el milagro argentino". Lo cita a Cavallo en 1999. Eso quiere decir que la burbuja también fue inflada desde afuera. Hace unos días, en una película por cable sobre especulaciones financieras, una película muy tonta, alguien decía que había que comprar bonos de la deuda externa argentina porque darían muy buen rendimiento... Quiero decir que el supuesto milagro argentino estuvo inflado desde todas partes, que no fuimos los argentinos chantas los que nos dedicamos a engañar al mundo.
-¿También hay chantas afuera?
-Muchísimos, y esos chantas sabían quién era Menem. Lo sabían perfectamente. Menem encarnó un tipo de poder que les sirvió y ahora se escandalizan de que no paguemos la deuda. Con esto que digo no quiero defender una idea conspirativa, pero Menem fue designado como la figura ideal para hacer ese papel: era peronista, subió con sus patillas al viento, amenazando con ocupar las Malvinas, con no pagar la deuda, y luego hizo todo lo contrario. Era la figura ideal. Los de afuera lo usaron y después lo descartaron.
-¿Qué destino imagina para la Argentina usted, que es un experto en ciencia ficción: un destino trágico?
-No, o al menos no más trágico que el presente. Esto que pasa no lo llegó a imaginar nadie. Por ejemplo, el hambre. Hace un año estuve en Barcelona, almorzando con editores. Ellos no podían entender cómo acá la gente pasaba hambre. Ellos no pueden olvidarse de cuando la Argentina le había regalado trigo a España, luego de la Guerra Civil. Había un debate por televisión en el que una médica sin fronteras decía que la gente que en la Argentina no podía comprar un remedio, se moría. Y los españoles preguntaban: "Hombre, ¿no tiene seguro social?". No, no hay. No hay ningún colchón de respaldo. Ellos no entienden. Y todo el mundo tiene algún pariente en la Argentina. No entienden que en la Argentina haya gente que se muere de hambre.
-Viviendo en José C. Paz, ¿cómo se maneja respecto de la inseguridad?
-Como todo el mundo. El otro día me robaron el auto. Era un auto viejo, pero era mi auto. Esto ocurrió a una cuadra de la comisaría.
-¿Y cómo hace para no salir a gritar que hay que armarse para defenderse?
-Trato de ver menos noticieros. Los noticieros fomentan mucho las neurosis, con todos los crímenes y secuestros. Parece que la inseguridad fuera la única noticia, o si no la nota de color con la nenita que tuvo el trasplante... Trato de no entrar en esa psicosis, pero veo que las rejas siguen creciendo. En mi casa tuve que poner rejas nuevas. Seguramente, me van a asaltar cuando esté abriendo todas esas llaves... Pero se hace lo que se puede. Si me tiene que pasar, ocurrirá.
-¿Qué es lo peor que tenemos, como sociedad?
-Veo que habrá que tener objetivos más o menos claros, objetivos realistas, no utópicos, de mejorar algo gradualmente, y mucha estabilidad para seguir llevándolos adelante. Porque, en mi experiencia, lo que he visto es que no sólo cuando cambia un gobierno, sino cuando cambia un ministro parece que el país empezara de nuevo. Todo lo que se hizo antes está mal. El tipo dura seis meses, lo echan y viene otro que tiene "la precisa". Eso en otros lados no pasa. Es una característica muy negativa de nuestro país, que genera mucha inestabilidad. No hay conciencia de que los proyectos en marcha son proyectos del Estado argentino para la sociedad argentina. Los intendentes del Gran Buenos Aires, por ejemplo, se han tomado la mala costumbre de firmar todo lo que hacen, cuando hacen algo. Después, cuando es elegido el sucesor, hay que cambiar todo lo que han pintado. Formar ciudadanos no es que todo lo que nos dan deba tener un nombre y apellido. Eso es acostumbrar a la gente a la dádiva. Y esas son las prácticas más difíciles de revertir.
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