
El gabinete femenino de Chiche Duhalde
La esposa del Presidente se rodeó de mujeres para atender la ayuda social; hermanas e hijas trabajan en la administración
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Hilda González de Duhalde sabe bien lo que quiere. Y lo que quiere es pasar a la historia como la mujer capaz de llevar adelante lo que pocos gobiernos lograron desde Perón: una efectiva asistencia social para los sectores más necesitados.
Hilda González de Duhalde sabe de sus fuerzas (ser la mujer del Presidente) y de sus limitaciones (su imagen imborrable de ama de casa) para alcanzar ese objetivo. Por eso ha formado en el Gobierno un gabinete paralelo al de su marido, donde sólo milita una mujer: la ministra de Educación, Graciela Giannettasio, la única mujer que responde a Duhalde y no a la primera dama.
El gabinete femenino, en cambio, esta integrado en su totalidad por mujeres de variadas edades que controlan todo lo que lleve el adjetivo de social. Eso sí: a la primera dama no le gusta que la comparen, ni a ella ni a sus colaboradoras, con la mítica Eva Perón. "Ese era otro momento político e histórico. Más que asistencialismo, nosotras nos concentramos en la educación y la salud", dice, cuando la tientan con el paralelismo.
Pero de ayuda social concreta hay, y mucho, en el Consejo Coordinador de Políticas Sociales, que preside "La señora", como la llaman con respeto en la Casa de Gobierno. De hecho, la jornada de la primera dama transcurre desde las ocho de la mañana hasta la noche. Atiende un promedio de 20 audiencias diarias, de personas que en muchos casos han venido desde el interior para pedir un trabajo, un medicamento o dinero para una operación de alta complejidad.
También atiende a las "manzaneras", esa comunidad de 45.000 mujeres que desde hace años recorren los barrios del Gran Buenos Aires entregando alimentos básicos a las zonas más carenciadas, y sobre las que "la señora" acaba de escribir un libro. Siempre mujeres.
Como el equipo de "las mujeres de Duhalde" o "Las Chichis", como llaman con cierta dosis de humor a las más cercanas. Chiche Duhalde ha elegido como confidentes y colaboradoras a tres mujeres que comparten, además de pasiones y objetivos, la "ch" como marca registrada del equipo. Ellas son: la ministra de Desarrollo Social, Nélida "Chichí" Doga, una platense de 55 años y madre de cinco hijos, y sus dos secretarias privadas, "Chichita" Larroca (a quien contrató hace un año) y Norma del Corcho, su compañera y amiga desde hace más de dos décadas.
Doga tiene tan bajo perfil que, pese a ser nominalmente ministra de Desarrollo Social, nunca concedió una entrevista periodística. Y cuando viajó a Washington, hace dos semanas, para acompañar a Chiche a una reunión con la Organización Panamericana de la Salud, Chiche viajó gratis (por invitación) en business class, y Chichí en clase turista.
A este reducido grupo de colaboradoras hay que sumarle a Cristina Duhalde, la hermana del Presidente, que trabaja desde hace 27 años en el Banco Provincia de Buenos Aires y visita a diario la Casa de Gobierno para ayudarla a organizar la distribución de los planes sociales.
Su otra cuñada, Aurora Duhalde, también está abocada a las tareas sociales, pero alejada de Balcarce 50: trabaja ad honórem en la Dirección de Cooperación de donaciones internacionales de la Cancillería. Aurora obtuvo estatura pública esta semana cuando un sacerdote español la acusó de haber puesto trabas al reparto de donaciones que llegaron de España.
Pero a este selecto grupo de mujeres, que los hombres del Presidente suelen mirar con recelo, pero "con mucho respeto" (aclararon dos cercanísimos colaboradores de Duhalde) deben sumarse cuatro más: las hijas del jefe del Estado. Muy apegadas a su madre, Juliana pasó el miércoles último abriendo cartas con pedidos en el despacho de su madre. Analía, Agustina y María Eva atienden el llamado "call center" de la Casa Rosada, adonde llegan cientos de llamadas diarias con pedidos de asistencia. "Nadie se entera de que están hablando con las hijas del Presidente", comentan sus amigos.
De cabello corto, fumando sin parar y con un bajo perfil que no cambia por nada, Agustina es una de las más asiduas visitantes de los pasillos presidenciales. Tanto, que un día uno de los veteranos mozos de la Casa de Gobierno la increpó severamente por alterar la calma de los claustros gubernamentales. Agustina, que iba acompañada por varios compañeros de la secundaria en busca de un lugar donde instalar el call center, le pidió que la disculpara. No dijo quién era.
Otra anécdota que demuestra el bajo perfil elegido por las muchachas de los Duhalde sucedió hace tres meses. Una mañana, un destartalado Renault 18, celeste, estacionó discretamente frente al portón de la residencia de Olivos que da sobre la calle Villate. Bajó una jovencita, de unos 26 años, de jeans y zapatillas. Adentro del auto quedaban dos sacerdotes.
La jovencita se acercó al puesto policial y pidió ingresar. "Documentos", le pidió, cortante, el custodio. "Analía Duhalde", decía el DNI. Incrédulo, el custodio insistió: "¿Para qué quiere ingresar?" "Soy la hija del Presidente, vengo a traer a este sacerdote", contestó la joven. El vigilante miró de reojo al empobrecido automóvil y no le creyó. Sólo cuando el jefe de Seguridad de la residencia se acercó se develó la incógnita: era la segunda hija del Presidente. "Señorita, no tiene que pedir permiso para entrar en su casa", le respondió, en tono admonitorio.
"Para mí, no hay como una mujer para comprometerse con los problemas sociales, y con los temas de todos los días", justifica Chiche al explicar por qué, salvo su vocero, Fernando Gray, todas sus colaboradoras son mujeres. Hasta tal punto defiende su papel que hace poco hizo una pregunta que desconcertó a la servidumbre de la residencia de Olivos, donde pocas veces ha pernoctado: "¿Andará el horno? Tengo ganas de hacer una tarta de manzanas para los chicos".
Manzaneras
- De sus épocas como líder de las manzaneras, esas 45.000 mujeres que recorren el Gran Buenos Aires repartiendo alimentos básicos, Chiche Duhalde no sólo conserva un buen recuerdo. También ha escrito un libro, en colaboración con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que presentó el lunes último en la Biblioteca Nacional. Además de Chiche, estuvieron Bernardo Kliserg, del BID, y Carmelo Angulo Barturen, representante residente del PNUD. El libro se llama "El Plan Vida. Una experiencia donde la solidaridad es el eje de la política social".






