El intérprete de Kirchner que añora el rock

Es uno de los hombres con más poder en el Gobierno e integra el estrecho grupo en el que más confía el Presidente
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25 de junio de 2003  

Estaban solos y en la residencia del gobernador de Río Gallegos. Néstor Kirchner le dijo sin vueltas: "Anotá, después los llamás y les ofrecés el cargo. Beliz en Justicia...", y empezó a nombrar, uno por uno, a los futuros ministros. "¿Qué falta? El jefe de Gabinete -hizo una pausa- vas a ser vos", siguió entonces Kirchner. Faltaban tres días para asumir. Y Alberto Fernández anotó su futuro. Se enteraba así de que iba a ocupar uno de los cargos clave del nuevo gobierno.

Era hace años un hombre de Kirchner, su principal operador político, pero en un mes se convirtió en uno de los funcionarios más importantes del Gobierno y desde su puesto sigue hoy construyendo poder para su jefe. Pero logró más: es el sostén del Presidente y una especie de alter ego. Es uno de los que mejor interpretan el pensamiento presidencial.

Integra el grupo que Kirchner consulta cuando está por tomar una definición. Participó en todas las decisiones del Presidente desde que asumió: los cambios en las Fuerzas Armadas, la embestida contra la Corte Suprema, el plan antievasión, la ofensiva en el PAMI, la autolimitación presidencial para elegir jueces de la Corte. Conoce cosas que nadie conoce sobre el hermético estilo de ejercer el poder de Kirchner.

El Presidente entra en la oficina de Fernández, pegada a su despacho, incontables veces en el día. Apenas asumió, Kirchner le pidió que llegara a la Casa Rosada siempre a las 8.30 porque a esa hora llegaba él. Fernández se va siempre después que su jefe y los fines de semana hablan varias veces por teléfono, cuando el Presidente viaja a Santa Cruz, o pasan horas en Olivos planeando la semana.

Cambiar la historia

"Soy el hombre que está al lado del Presidente y con esta lapicera -de tinta negra, común, que no parece de funcionario- puedo firmar cosas que cambien la historia... para bien", se define Fernández ante LA NACION. Y aclara que eso es lo que siempre "soñó", después de que se recibió de abogado en la UBA.

Su escritorio está tapado de carpetas y de papeles sueltos. Pero hay un objeto al costado que tiene un lugar reservado: un pedazo del tablón de la cancha de Argentinos Juniors, que quedaba en la calle Gavilán y que fue demolida en 1992. "Esto no lo tiene cualquiera", dice el jefe de Gabinete, y destaca que está numerado con el "A 268".

El sábado próximo quiere volver a la cancha. Argentinos Juniors juega contra Quilmes la primera final para conseguir el ascenso a la A. "Esa sí que va ser la primera interna del Gobierno porque Aníbal Fernández es fanático de Quilmes", dice.

Todavía no se dio cuenta de que es una de las nuevas caras del poder o, al menos, de lo que eso significa. Hace quince días era el cumpleaños de su mujer, había una reunión en su casa y no podía ver el partido de Argentinos Juniors. Por eso, más tarde se fue con un amigo a La Biela, un café de Recoleta, a verlo.

Tenía que comprar crema de afeitar y se fue a la farmacia. Cuando volvía con la bolsita en la mano, un automovilista le preguntó una dirección; mientras él se la explicaba, la persona le dijo: "¿Pero usted no es el jefe de Gabinete?" Después de confirmárselo, siguió con las instrucciones.

Ahora que es funcionario no se resigna a cambiar hábitos y cree que podrá repetir sin problemas la escena con la bolsa de la farmacia. "No voy a firmar nada que provoque que la gente me quiera matar después", sostiene.

Se resiste todo lo que puede a las cosas del poder, como tener custodios. Por eso lleva todos los días a su hijo al colegio y maneja él; después va con chofer. Se siente todavía un "hijo del rock nacional" y a sus personas de confianza les ha dicho que su nueva vida no tiene nada que ver con eso.

Cuando alguna vez Kirchner escuchó de uno de los suyos la versión de que Fernández podría alejarse del cargo para ocupar una banca de diputado nacional apoyando a Aníbal Ibarra, el Presidente cortó de golpe el relato. Lo quiere a Fernández cerca de él, siempre.

Incondicional

Su hombre de confianza les aclaró a algunos ministros que él será funcional al proyecto Kirchner y estará donde el Presidente lo necesite. Es lealtad pura, y también prudencia.

Es difícil imaginarlo, pero la pasión por la música llevó al jefe de Gabinete en su juventud a estudiar guitarra con Litto Nebbia, a componer temas y después a tocar en algunos boliches como El Corralón. Dejó de verse con Nebbia y cambió la música por el estudio, primero, y por la política, luego.

Pero no abandonó del todo. Se reencontró en 1996 con Nebbia, a quien admira ("soy nebbiero puro", suele decir) y a quien hoy manda e-mails a España. Retomó también la música. Apenas entrando en el departamento de Fernández están expuestas sus cuatro guitarras, entre ellas su guitarrón de doce cuerdas, su preferido. También tiene un piano: "Toco peor que la guitarra", bromea.

Cuando era chico y se enojaba con su padre, se encerraba en su cuarto a tocar para desahogarse. "Mi papá pensaba que era una falta de respeto, pero me descargaba", dice hoy el hombre a quien Kirchner le encarga también monitorear la relación con el Congreso y el armado político en el interior. Ahora, con años en política y en un cargo que le da poder, Fernández baja las luces del living y se pone a tocar como una forma de relajarse.

Kirchner tiene con él la confianza como para decirle de todo y hasta en un tono fuerte. Por eso, dice que si mete la pata, el primero en sacarlo volando de la Casa Rosada será Kirchner. Por eso, no se siente un intocable del poder kirchnerista.

En el gabinete todos siempre recurren a "Alberto". Su eficiente secretaria María no da abasto con las llamadas y la audiencias que tiene su jefe. El ministro no tiene manías, pero pide todo el tiempo café y después un té para que no le caiga mal.

Está con el Presidente desde las reuniones con un dirigente barrial hasta la que tuvo ayer con el jefe del FMI, Horst Kšhler. Con él tiene una relación de amigos, pero no de iguales. Su misión en el Gobierno sigue siendo construir poder para él.

Es también un nexo con el duhaldismo. Tiene una excelente relación con Eduardo Duhalde: administró sus fondos de campaña en 1999 y lo ayudó a cerrar un acuerdo con Domingo Cavallo para las elecciones provinciales. Con el ex ministro forjó una relación desde la Superintendencia de Seguros, fue diputado porteño por una alianza entre Cavallo y Beliz. Hoy no se habla con el ex ministro.

Dice que está contento porque participa del proyecto del hombre que le confesó en un bar hace tres años que quería ser presidente cuando nadie lo creía posible. Pero también está ojeroso.

Ficha personal

Alberto Fernández

Familia

Alberto Angel Fernández tiene 44 años, está casado con Marcela, abogada, con quien tiene un hijo de 8 años. Viven en un departamento en Recoleta

Estudios

Se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires y es profesor adjunto de Derecho Penal y Procesal Penal en la Facultad de Derecho de la UBA. Hasta que asumió su cargo daba clases los martes y los jueves. "No quiero resignar eso y espero volver en algún momento", dice.

Cómo es

Es difícil verlo fuera de sí; se define como un conciliador. Es fanático de Argentinos Juniors y nada le gusta más que ir a la cancha. Su otra pasión es la música: toca la guitarra desde los 16 años. Compuso algunos temas y toca para desahogarse. No le gusta ver su casa desordenada, y si tiene que cambiar una lamparita, jura que lo hace sin problemas.

Qué lee

El último libro que leyó es "El grito sagrado", de Mario "Pacho" O’Donnell.

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