El silencio de Firmenich en Barcelona
Por Jorge Camarasa Enviado especial
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BARCELONA.- A 30 años del asesinato de Pedro Eugenio Aramburu, el único sobreviviente de su secuestro y ejecución reivindica los hechos tal cual sucedieron, se niega a hablar de ellos y prefiere "discutir soluciones innovadoras para el presente y el futuro".
Mario Eduardo Firmenich, a los 51 años, vive hoy en Vilanova I La Geltru, un pequeño pueblo de pescadores sobre el Mediterráneo, 50 kilómetros al sur de Barcelona.
Sin casi amigos españoles, el ex jefe montonero lleva una vida recoleta y ermitaña. No trabaja, casi no sale de su casa y se considera a sí mismo víctima de "una campaña de distorsión histórica, cuyo fin específico ha sido la difamación política de mi persona".
Firmenich, que vive con su esposa, María Elpidia Martínez Agüero, y sus tres hijos menores, sólo respondió por carta a un pedido de entrevista hecho por este enviado.
"Le comunico que no he de realizar reportajes al respecto en este momento. No hay nada significativo, desde el punto de vista de la verdad histórica, que pueda agregar a lo que ya he dicho sobre la materia (...) Debo reiterar, por ello, que la verdad (...) es la que se encuentra en los comunicados emitidos entonces por la organización Montoneros así como en todas mis declaraciones públicas al respecto", dice la carta, fechada en Barcelona el 17 de mayo último y entregada a La Nación en un hotel de esta ciudad.
El amigo español
Uno de los poquísimos amigos españoles del ex guerrillero es el novelista Manuel Vázquez Montalbán.
"Conocí a Firmenich en Buenos Aires hace unos cinco años, y aquí tenemos contacto telefónico y nos vemos de tanto en tanto", dijo Montalbán a La Nación .
Para el creador del detective Pepe Carvalho, Firmenich "lleva una vida de superviviente. Su mujer cuida enfermos y hasta hace unos meses vivía en una masía (casa de campo) sin calefacción ni teléfono, toda destartalada".
Montalbán cree que "en el caso de Firmenich, la persona no se corresponde con el personaje", y le sorprenden algunas cuestiones: "La primera vez que nos vimos, por ejemplo, se pasó un buen rato hablándome de la Virgen. Eso me desconcertó mucho..."
Aunque Vázquez Montalbán le resta importancia a su gestión, quizá sea gracias a él que Firmenich aún esté en España: "A fines del año pasado Mario se enteró de que tenía el ingreso prohibido en Alemania, y temió por su continuidad en territorio español. Me limité a decirle con quién podía hablar del tema en el Ministerio del Interior, en Madrid, y creo que lo resolvió".
Montalbán, además, fue uno de los asistentes a la Universidad de Barcelona en diciembre último, cuando Firmenich leyó su tesis de doctorado en Ciencias Económicas.
La tesis llevaba por título "Eutopía. Una propuesta alternativa al modelo socioeconómico neoliberal como paradigma del pensamiento único".
Un ermitaño en Vilanova
Vilanova I La Geltru, a cinco minutos de auto de la agitada Sitges, es un pueblo pequeño y tranquilo que añora su pasado de zona industrial.
La calle Baleares tiene cinco cuadras, que van desde la playa a la estación de trenes, y en la quinta vive la familia Firmenich. El edificio tiene unos 40 años, y la familia ocupa el primero de los tres pisos, con dos balcones a la calle.
Debajo de los balcones hay una panadería, y una empleada que conoce a la familia: "Sí, los argentinos. Mario, la mujer y los chicos... Viven aquí hace unos tres meses, pero casi no se los ve. No salen, no se dan con los vecinos. No sé; es gente un poco rara".
El timbre en la casa no contesta nunca, y por teléfono -que en la guía figura a nombre de María Elpidia Martínez Agüero- Firmenich nunca está. La respuesta invariable es un interrogatorio: quién lo llama, para qué, desde dónde.
"Nadie sabe que Firmenich anda por aquí, y eso que está desde hace cuatro años", dijo a La Nación una fuente del consulado argentino en Barcelona.
"No vota en elecciones nacionales y no tiene relaciones con el consulado ni con la comunidad argentina, que en la provincia es de 80 mil personas", agregó.
En Cataluña, donde está hace cuatro años, Firmenich lleva una vida puertas adentro.
Desde fines del año pasado, cuando abandonó la masía en la zona de Montserrat, acabó su doctorado y leyó su tesis, sus días se han hecho tan misteriosos como cuando estaba en la clandestinidad.
Se sabe de algunos contactos políticos con dirigentes de segunda línea de Izquierda Unida y del Partido Socialista Obrero Español, en el sector que responde a Alfonso Guerra, y de relaciones con Eskerra Republicana, en cuya sede barcelonesa ha dado conferencias cerradas sobre la situación económica en América latina.
Según Vázquez Montalbán, sus únicos amigos vienen de vez en cuando a visitarlo desde Buenos Aires, y fuera de eso sus pocas relaciones están en grupos cristianos de derechos humanos y en organismos ecologistas de segundo orden.
Fuera de eso, la vida de Mario Eduardo Firmenich, hoy, sigue siendo un misterio matizado por la lectura circunstancial de diarios argentinos, preocupación por la suerte de Racing y conversaciones vía e-mail con unos pocos elegidos.
A 30 años de haber entrado en la historia produciendo un hecho sin retorno, el ex jefe montonero parece llamado a cuarteles de invierno.
Desde esos cuarteles suscribe, hasta hoy, el secuestro y asesinato del general Aramburu.
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