
Emotiva recordación en el cementerio de Darwin
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PUERTO ARGENTINO.- El cementerio de Darwin, en las islas Malvinas, muy cerca de donde se libró la batalla de Goose Green, fue escenario ayer de una nueva visita de los familiares de los caídos argentinos en la guerra de 1982.
Se trató del decimoprimer contingente, pero el primero llegado en un vuelo regular proveniente de la Argentina continental (desde Río Gallegos), en lugar de los charters que despachaba el gobierno de nuestro país.
La nieve que había caído la noche anterior se había derretido, pero el viento y el frío implacables castigaron a los familiares y seguramente les recordó el sacrificio padecido por quienes lucharon allí, muchos de los cuales permanecieron durante días a la intemperie en esas condiciones climáticas.
Quienes integran el grupo provienen de distintos puntos del país, como Luisa Paz, de Termas de Río Hondo, en Santiago del Estero, a la que tuvieron que prestarle ropa de abrigo porque no tenía suficiente. No está acostumbrada a la baja temperatura y posiblemente nunca vio nevar antes. Su hijo, Ramón Ordóñez, padeció la misma situación. Ayer fue el Día de la Madre, también para Luisa.
O Elsa Nosikoski, hermana del soldado Sergio Fabián Nosikoski, que llegó desde Córdoba y dijo que se siente reconfortada "porque antes había algo pendiente, faltaba algo.
"Ahora, después de conocer lo inhóspito de este lugar, me siento más fuerte", agregó.
Fueron dos veces al cementerio, primero durante la mañana, para rezar un responso en cada una de las tumbas, y por la tarde, para concurrir a la misa celebrada entre el sacerdote que acompaña a los familiares y monseñor Tony Agreiter. Cantaron, pero el viento casi no dejaba oír las voces.
Cerco para la prensa
Los pocos periodistas en el lugar no pudieron pasar el cerco que rodea el cementerio. Tampoco lograron ingresar en la hostería en la que se hospedan en Darwin.
Russ Jarvis, el vicegobernador, explicó que las medidas de seguridad (que aparentemente apuntan a restringir el acercamiento de la prensa, ya que en ese lugar desierto no existe ningún peligro) se tomaron de acuerdo con los familiares y con el único objetivo de resguardar su privacidad.
"Esto no es un hecho periodístico, es un hecho privado, de recogimiento que merece ser respetado", insistió, mientras dos oficiales de policía a bordo de una Land Rover observaban a prudente distancia.
Después de la ceremonia, el grupo volvió a la hostería que antes pertenecía a la Falkland Islands Company (como casi todo en las islas) y que desde el corriente es propiedad de Bonita y Ken Greenland.
"Poné que nos atienden muy bien", pidió una de las señoras antes de subirse a un ómnibus.
Mientras, en la capital de las islas reinaba una calma obligada por las circunstancias climáticas.
"Aquí la única noticia es qué hacen ustedes", dijo a La Nación uno de los periodistas locales, que no negó la expectativa por la llegada del contingente de familiares a la ciudad, mañana a la tarde.
De los carteles hostiles que pudieron ver quienes llegaron a las islas en agosto último, prácticamente no queda nada, salvo la camioneta embanderada del líder de los "hardliners", Dave Eynon.
"Pero eso es para los periodistas -agregó el mismo colega-; cuando vengan los familiares prometieron que no va a haber demostraciones de hostilidad. Habrá que ver."
Las opiniones están divididas también en el grupo de visitantes.
Mientras varios de los familiares, como Viviana Cao o Fernando Luna se mostraron receptivos a la posibilidad de dialogar con los isleños, otros, como Alejandra Blas Pascual, rechazan la idea.
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