Crónica del día en que Mandela cautivó a los porteños
El 24 de julio de 1998, el líder sudafricano pasó unas horas en el país; firmó tres acuerdos con Menem y luego partió hacia Ushuaia; esta es la crónica que publicó LA NACION ese día
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El quinto día de la luna de miel de Nelson Mandela estuvo muy lejos de la tranquilidad.
La actividad del presidente sudafricano en Buenos Aires fue intensa. Pese a que estuvo menos de 24 horas en esta capital, Mandela pronunció tres discursos, firmó varios acuerdos, homenajeó al general José de San Martín, fue agasajado en el Congreso y en el hotel Alvear y, sobre todo, cautivó a quienes tuvieron la oportunidad de tratarlo. Luego, viajó a Ushuaia para participar de la cumbre del Mercosur.
El mandatario cumplió todos estos compromisos repartiendo saludos y recibiendo calurosos aplausos mientras se trasladaba con su paso lento, que delata sus ajetreados 80 años.
En sus tres discursos, Mandela agradeció el apoyo de la Argentina en la lucha contra el apartheid, el régimen de segregación racial que imperaba en Sudáfrica. A raíz de su compromiso con esa causa, Mandela recibió, en 1993, el Premio Nobel de la Paz.
"Pese a que tuvo su costo, (la Argentina) se unió a la campaña internacional para aislar el régimen de apartheid en apoyo de nuestra lucha", dijo el mandatario en el almuerzo ofrecido en su honor en el hotel Alvear.
Sus palabras fueron recibidas con profusos aplausos, los mismos que poblaron sus escasas horas en el hotel. Los empleados del Alvear, habituados a las visitas ilustres, comentaron, sorprendidos, los aplausos que le dedicó el resto de los huéspedes a Mandela.
El mandatario y su señora durmieron en la suite Royal, la misma que utilizaron el emperador Akhito y la emperatriz Michiko de Japón cuando estuvieron en Buenos Aires, el año último.
La diferencia es que esta vez el cuarto estaba más húmedo. Fue un pedido expreso de Mandela, que debe prestarle especial atención a su salud. Los 27 años de prisión hicieron mella en su cuerpo. Esa fue la única exigencia del matrimonio Mandela, aseguraron en el Alvear.
El día del mandatario sudafricano comenzó temprano. Antes de las 9, mantuvo una entrevista, en el hotel, con el presidente del Comité Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), Carlos Muñiz.
A las 9.20, Mandela se dirigió hacia la Casa de Gobierno. En una corta ceremonia, firmó, junto con el presidente Carlos Menem, tres acuerdos. Uno sobre cooperación en la lucha contra el narcotráfico, otro para promover las inversiones bilaterales y el tercero relativo a consultas sobre "asuntos de interés común".
Acompañado por su pequeña comitiva, el mandatario se trasladó luego hasta la Plaza San Martín. Allí, recorrió una larga alfombra roja mientras recibía, nuevamente, el aplauso entusiasta de la gente.
Presencias
Al final del recorrido, en el palco, lo aguardaba su flamante y sonriente esposa, la mozambiqueña Graça Machel. Junto a ella estaba el jefe del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Fernando de la Rúa. También estaba Hugo Porta, actual secretario de Deportes y ex embajador en Sudáfrica.
"Todo Buenos Aires lo quiere y todo el mundo lo quiere", le dijo De la Rúa, quien aseguró estar orgulloso de ser el autor de una ley contra la discriminación, la causa que Mandela defiende desde hace años.
Al finalizar su discurso, De la Rúa entregó a Mandela la llave de la ciudad. "Un símbolo que le permitirá abrir el corazón de Buenos Aires", se entusiasmó el jefe del gobierno porteño.
El líder sudafricano levantó la llave como si fuese un trofeo. Sonrió para las fotógrafos y luego comenzó su discurso. Dijo que la Argentina y Sudáfrica eran vecinos "a través del Atlántico" y que el "difícil pasado de la Argentina" le había servido de "inspiración" en su lucha.
Su siguiente escala fue el Congreso de la Nación. En un recinto desbordado de legisladores, Mandela exhortó a "fortalecer los vínculos" entre su país y la Argentina y propuso aunar esfuerzos "para el desarrollo, la paz y para un mundo mejor por mucho tiempo".
El jefe de Estado sudafricano fue recibido con un caluroso aplauso. La concurrencia de legisladores e invitados sobrepasó las estimaciones de los organizadores de la asamblea, quienes preveían una importante ausencia de parlamentarios debido al virtual receso legislativo en el Congreso. El resultado: el recinto estaba colmado y varios diputados y senadores debieron permanecer de pie durante la sesión.
El titular del Senado, Carlos Ruckauf, fue quien dio el discurso de bienvenida a Mandela. Lo destacó como uno de los hombres más importantes de la humanidad.
Ya pasado el mediodía, Mandela volvió al Alvear. Allí se le convidó con un almuerzo brindado por Menem y al que no faltó casi ninguno de los ministros y funcionarios del gobierno. Muchos de ellos insistieron para fotografiarse con Mandela.
Al final de su discurso, Menem se lamentó por no haber estado en el tercer casamiento del mandatario. Lo subsanó al solicitar "un brindis por los novios".
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