
"Es como un regalo del cielo"
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A León Kelzi, uno de los ahorristas que recuperaron parte del dinero que había perdido hace ocho años con la caída del Banco Mayo, le costó mucho esfuerzo salir de la pobreza en que vivía de chico. Empezó a trabajar a los 6 años como canillita y, hoy, con 73, es el encargado de una inmobiliaria de la zona de Once.
Quizá por eso recibió con sorpresa y con algo de incredulidad la noticia de que le pagarían algo de lo que ya daba por perdido. "En ningún momento pensé que se podía recuperar esa plata. Los ahorristas hacíamos cinco o seis reuniones anuales, nunca dejé de ir, pero siempre salía defraudado", cuenta a LA NACION. "Ese dinero nos cayó como un regalo del cielo", completa.
Kelzi había colocado la plata en el Banco Mayo por la extrema confianza que tenía en las autoridades de la entidad, que eran a la vez dirigentes de la DAIA, el órgano político de la comunidad judía en la Argentina.
"Les tenía una confianza total. Prácticamente, los dejaba que hicieran lo que quisieran. Pero se comportaron como se comportaron. En ningún momento mostraron un poco de arrepentimiento, lo único que hicieron fue cuidar su patrimonio. No les importó nada de nada", dice, con tono sereno.
Por esa relación de confianza que lo unía con las autoridades del banco, el ahorrista afirmó que no sólo lo vivió como una defraudación económica, sino también moral.
"Siento lástima por ellos"
Kelzi se califica a sí mismo como "un pobre infeliz que creyó en esa gente", pero dice que no guarda rencor contra Rubén Beraja y Salomón Cheb Terrab. "Lo único que siento por ellos es lástima", dice.
Piensa, de todos modos, que "deberían pagar por lo que hicieron". Alejado ya del juicio penal, afirma que está seguro de que alguien les cobrará la deuda. "Creo en la justicia divina", explica.
Cuando decidió colocar el dinero en el Banco Mayo, una parte en bonos y el resto en la mesa de dinero, Kelzi planeaba comprarle un departamento a una de sus tres hijas. Pero la quiebra arrasó con ese anhelo.
Dos años más tarde, cuando aún parecía imposible recuperar algo de la plata invertida, Kelzi sufrió un grave problema cardíaco y debió ser operado. Hoy atribuye esa afección, al menos en parte, a la mala sangre que se hizo por la caída del banco.
Ocho años después, a días de haber cobrado 23.000 dólares, retomó la idea de ayudar a su hija, la única que todavía alquila. Aunque no detalla cuánto había depositado, dice que sólo recuperó una parte. "No sé si le alcanzará, pero voy a intentar ayudarla", dice.
Con el acuerdo que permitió que a 200 daminificados les devolvieran gran parte del dinero, Kelzi recuperó también su confianza en la Justicia: "Parece que en el Poder Judicial hay un cambio para bien".




