Felipe Solá: secretos y gestiones de un candidato para la Cancillería

Felipe Solá
Felipe Solá Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez
El diputado, posible ministro de un eventual gobierno del Frente de Todos, respondió duras críticas de Faurie
Gabriel Sued
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8 de octubre de 2019  

El 4 de septiembre pasado, Alberto Fernández llamó por teléfono a Felipe Solá para hacerle un reproche. La cuenta de Twitter de la chancha Pelota, la extravagante mascota del exgobernador bonaerense, había publicado: "Qué alegría, qué alegría, en diciembre me llevan a conocer Cancillería". Solá le juró al candidato que él no controlaba a ese personaje de Twitter. Fernández le creyó. Él tampoco maneja la cuenta de su perro, Dylan.

Fue el cortocircuito más importante que tuvieron en la campaña. Gracias a una gran afinidad y un fuerte lazo de confianza con el candidato, Solá se ganó un lugar de privilegio en la mesa chica del poder peronista. Los dirigentes que habitan el comando de la calle México, sede de las oficinas de Fernández, dan por descontado que, si ganan las elecciones, el exgobernador quedará a cargo del Palacio San Martín. Tal como dijo Pelota, que, después de una gestión sigilosa, ahora sí responde a los mandos de Solá.

Pese a que intenta mantener en secreto los nombres de sus eventuales ministros, Fernández dio nuevos indicios los días siguientes, cuando sumó al exgobernador a sus viajes a España, Portugal, Bolivia y Perú. "Nunca hay que olvidar que todavía no ganamos nada. En el mejor de los casos, todos somos colaboradores, hasta que el presidente decida lo contrario", responde Solá, que bajó el perfil, a pedido del candidato.

En una suerte de calentamiento previo, el exgobernador protagonizó ayer un duelo verbal con el canciller Jorge Faurie. Consultado sobre su eventual reemplazante, el funcionario fue lapidario: "Hay que aprender a hablar primero. Es un elemento muy importante. El peronismo acá es una cosa, pero afuera es diferente. Hay que aprender a hablar". Minutos después, Solá ironizó sobre la baja estatura del canciller: "Me parece que hay que mirar alto, y él no puede mirar alto".

Mientras tanto, Solá se prepara. Intensificó sus contactos con el mundo diplomático y analiza los pasos a seguir. En una región convulsionada y con procesos electorales en varios países, el primer viaje al exterior de Fernández como eventual presidente electo es una incógnita. Estados Unidos se maneja como opción solo para dar una señal de moderación, pero no se iniciaron gestiones.

Es casi un hecho, en cambio, que en la segunda semana de noviembre la Argentina será sede de la segunda reunión del Grupo de Puebla, un foro creado en julio pasado y que integran dirigentes de centroizquierda de América Latina. Pero no se sabe qué papel tendrá Fernández. "Necesitamos recuperar la unidad latinoamericana, pero tiene que ser una unidad basada en valores, como democracia, soberanía, autodeterminación, no en ideología", le comentó Solá a un dirigente que lo visitó en las últimas semanas, en la Cámara de Diputados.

Sobre el escritorio, el exgobernador tenía un ejemplar de The Acts of King Arthur and His Noble Knights, una novela de John Steinbeck, que leyó en inglés. En los últimos meses también mira series con subtítulos en ese idioma. "Hay algunos políglotas que entregaron el país", responde, cuando alguien pone en duda su capacidad para ser canciller. "Hay que entender lo que pasa en el mundo y ser leal al presidente que te elige", se planta.

Con 69 años y 50 de trayectoria en el peronismo, para él significaría el regreso a los primeros planos de la política después de un derrotero tan intenso como variado. Ingeniero agrónomo, fue ministro de Asuntos Agrarios bonaerense de Antonio Cafiero y secretario de Agricultura de Carlos Menem. Empezó la década siguiente como vicegobernador de Carlos Ruckauf, al que sucedió en 2002, en medio de la crisis que llevó a Eduardo Duhalde a la presidencia. Después de ser reelegido como gobernador, encabezó en 2007 la lista para Diputados en la boleta que lideró Cristina Kirchner.

Moderado y pragmático, el exgobernador expresa hoy como pocos el pensamiento de Fernández. "Ve las cosas de manera muy parecida a Alberto. Son amigos, tienen un lenguaje común y coincidencias sobre la mayoría de los temas", explica un dirigente al que los dos aprecian. "Es un peronista con tono de socialdemócrata. Su presencia en la mesa chica refuerza el perfil moderado. Es un contrapeso de Cristina", señala otro dirigente que frecuenta el comando de la calle México.

Aunque siempre se llevaron bien, la relación entre Solá y Fernández se reforzó a partir de 2008, cuando, con solo semanas de diferencia, rompieron con el gobierno de Cristina, en pleno conflicto del campo. Al año siguiente, Solá construyó un frente con Francisco de Narváez y Mauricio Macri. "Fue el error político más grande de mi vida. En lugar de pelearme e irme, me peleé y quise seguir siendo diputado", recuerda. Volvió a encontrarse con Fernández en 2013, en el frente que encabezó Sergio Massa. El reencuentro con Cristina se produjo en agosto de 2018, después de que Solá abandonó el Frente Renovador.

Fernández, gestor de esa reconciliación, discutió con Solá en abril de este año, cuando el exgobernador lanzó su precandidatura presidencial. "Él pensaba que si Cristina no se postulaba, el nombre de Felipe podía aparecer como prenda de unidad. Siempre le dijo que era el eslabón perdido de la unidad del peronismo", recuerda un dirigente que los conoce a los dos. Apenas Cristina anunció la candidatura de Fernández, Solá bajó la suya. Como muestra de confianza, el candidato designó a Juan Courel, entonces colaborador del exgobernador, al frente de la comunicación de la campaña. Una coincidencia: fue Courel el que le sugirió a Solá lanzar a la fama a la chancha Pelota.

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