Hacia la concordia

Andrés Cisneros
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9 de marzo de 1999  

La llegada a la Argentina del heredero de la corona británica, el príncipe de Gales, es un hecho trascendente en el fructífero camino de reconciliación que han venido transitando la Argentina y el Reino Unido en esta década, y simboliza con mucha fuerza la nueva etapa en la relación bilateral que se inició con la reciente visita del presidente Carlos Menem a Londres.

Desde que se restableció el vínculo diplomático, hace ya casi nueve años, hemos avanzado asombrosamente, hasta un punto de extraordinario provecho mutuo, retomando la diversidad y la riqueza de una relación que se inició a principios del siglo pasado, cuando nuestro país comenzaba su vida independiente.

Los innumerables puentes que hoy existen entre la Argentina y Gran Bretaña son otras tantas oportunidades de desarrollo y cooperación. Vigorizan una relación política cada vez más madura, que se basa en el respeto mutuo y la confianza y que despeja un vasto horizonte de entendimiento y progreso.

Ambos países han llegado a acuerdos sustanciales en los más diversos terrenos y conversan sensatamente sus desacuerdos, siempre con el ánimo constructivo de resolverlos. Ningún asunto escapa a esta comprensión, que se sostiene en la consideración de los intereses nacionales de ambos Estados.

La reconciliación con el Reino Unido ha sido un punto sumamente significativo en nuestro camino de reinserción internacional y en la recuperación de nuestras mejores tradiciones políticas occidentales.

La presencia del príncipe Carlos entre nosotros es, así, un paso más en ese sendero de concordia y de entendimiento.

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