
Hillary, por los derechos sociales
En el Colón: la esposa de Clinton defendió el papel de la educación, la protección legal y la salud; encuentro con Abuelas de Plaza de Mayo.
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El papel decisivo de la educación que da una madre, la protección legal de la mujer y de los niños, la posibilidad de acceder a un sistema de salud integral y de obtener créditos para microemprendimientos económicos fueron los pilares del discurso que dio ayer Hillary Clinton ante 1200 mujeres destacadas por su labor, en el Teatro Colón, que comenzó con un reconocimiento a las Abuelas de Plaza de Mayo "por ser pioneras en la defensa de los derechos humanos".
La reunión, organizada por el Consejo Nacional de la Mujer, incluyó luego el acercamiento de cuarenta de ellas a la primera dama norteamericana, quien conversó con cada una sobre temas particulares.
Hillary Clinton fue interrumpida numerosas veces por los aplausos que convalidaron sus tres menciones sobre la necesidad del acceso a una planificación familiar y a elegir la maternidad responsable. También recibió una ovación cuando nombró al ex presidente Domingo F. Sarmiento, a quien calificó como "un adelantado para su época" por instar a concurrir a las chicas a la escuela y por lograr una altísima alfabetización.
Hillary Rodham Clinton, abogada de vasta trayectoria, no omitió hablar del proceso de la construcción de una democracia "donde nadie tema levantar su voz ni por intimidaciones ni por ignorancia", y enfatizó el derecho de participar y reclamar por lo que les corresponde y felicitó a quienes integran listas políticas.
Sentido de la autocrítica
Respecto de la violencia doméstica, cuyas estadísticas no crecen por la falta de denuncias, citó a la secretaria de Estado Madeleine Albright: "Es poca la diferencia entre la violencia política y la violencia familiar", a la que no se puede calificar como de origen "cultural sino criminal".
Dos de los temas elegidos por la primera dama extrañaron a la audiencia por la franqueza de incluirlos entre sus preocupaciones como madre de una hija (Chelsea, de 17 años) que "dejó el nido vacío".
Hillary criticó a la sociedad consumista que ella encabeza desde la Casa Blanca:se cuestionó y preguntó a las demás mujeres cómo criar hijos en un mundo presionado por la falsa necesidad de consumir y los medios masivos de comunicación. "La automatización y la tecnología no reemplazan al ser humano para crear confianza en un niño, para enseñarles que no importa la apariencia sino el corazón y el alma", dijo.
Estela Barnes de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, bajó emocionada de la entrevista privada que su organización mantuvo con Hillary Clinton. "Es una mujer sensible que se mostró impactada cuando Amelia Miranda, una de nosotras, le mostró las fotos de sus nietos desaparecidos durante el gobierno militar." "Le pedimos - continuó- que actúe como un canal ante el Poder Ejecutivo para que vea la necesidad de que se esclarezcan los casos, la decisión política de abrir los registros de las Fuerzas Armadas. Como cualquier madre, ella comprendió nuestro pedido." También requirieron ayuda financiera para la búsqueda de sus nietos.
Entre las privilegiadas estuvieron las empresarias Amalia Lacroze de Fortabat y su hija, Inés de Lafuente; la jueza Gladys Estela Alvarez, de la Cámara de Apelaciones en lo Civil;Susana de Rodríguez, la esposa del jefe de Gabinete de Ministros; Claudia Bello, secretaria de la Función Pública;Irma Aristizábal, directora del Museo de Casa de Gobierno; Elena Palmucci, del Sindicato del Seguro; la senadora Florentina Gómez Miranda, y Ester Schiavoni, presidenta del Consejo Nacional de la Mujer.
Las grandes ausentes:Susana Decibe, ministra de Educación; Marta Maffei, secretaria de la Ctera, que la invitó a conocer la carpa en que ayunan los docentes, y María Julia Alsogaray, secretaria de Recursos Naturales, afectada a los actos oficiales.
Además de la señora de Carlotto, nadie conmovió más a la progresista dama norteamericana que Erminda Duarte de Bertolini, hermana menor de Eva Perón. "Hoy la saludo yo, pero me hubiera gustado que fuese Evita la que estuviera en mi lugar", le dijo Bertolini.
Si bien nadie mencionó a Evita (se esperaba que la visitante lo hiciera), estuvo presente desde las páginas de un álbum de fotos que la conducción del PJ regaló a la primera dama.
Clinton, entusiasmado con el dos por cuatro
En la Casa Rosada, BillClinton le contó a Carlos Menem que conoce la historia del tango porque ayudó a su hija, Chelsea, a hacer un trabajo sobre el tema para el colegio. Por eso tuvo curiosidad y pasó anteanoche por una tanguería con Hillary.
Para demostrar que sabe mucho sobre la historia del tango,Menem le aportó a Clinton un dato que el mandatario norteamericano desconocía.
El Vaticano, comentó Menem, consideraba al tango como algo "pecaminoso", hasta que una pareja hizo en Italia una exhibición y logró que levantaran la condena.
Los turistas, agradecidos
A las 24, acompañado por un impresionante operativo de seguridad, camionetas y autos negros, móviles de la Policía Federal y decenas de agentes que controlaban los alrededores a pie, Clinton llegó a Señor Tango, un enorme local del barrio de Barracas en el que se puede comer y ver un espectáculo musical y coreográfico del baile del dos por cuatro, por el que se nos reconoce a los argentinos en todo el mundo.
Con las calles cortadas, y los periodistas y fotógrafos a una distancia "prudente" de la entrada, la única manera de saber lo que pasaba adentro era ser un turista más y sentarse a tomar algo y escuchar buena música.
Desde el segundo piso, junto a su mujer, Hillary, y otros miembros de su comitiva, Clinton disfrutó de una hora de tango, que incluyó "Mi Buenos Aires querido", "Uno", "Caminito", "El día que me quieras" y "A media luz".
En este último, el cantante y dueño del lugar, Fernando Soler, anunció al público la presencia del primer mandatario, lo que provocó una gran conmoción entre los asistentes, muchos de ellos turistas, que no daban crédito a lo que veían cuando se iluminó la mesa del invitado de honor.
Fueron, paradójicamente, esos turistas los que lograron sacar alguna foto de Clinton, ya que la seguridad se había encargado de "secuestrar" las cámaras de aquellos que, sabiendo de la presencia, se aprestaban a conseguir un retrato del presidente.
Luego de tomar dos cafés y un agua mineral, y ya cerca de la una de la madrugada, Clinton se retiró del lugar, no sin antes firmar el libro de visitas, en el que dejó estampado un: "Muchas gracias, esto es maravilloso".
Con ganas de aprender
La buena impresión que se llevaron Clinton y su comitiva de nuestro tango se refleja en dos hechos concretos.
La secretaria de Estado, Madeleine Albrigth, fue la primera en llegar y la última en irse de Señor Tango.
La funcionaria comió en el lugar, al que llegó alrededor de las nueve de la noche, y se retiró 15 minutos después que el jefe de Estado: no quiso perderse el tema que cerró la función, "No llores por mí, Argentina".
Ayer, en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, Clinton rompió el protocolo cuando respondió a una periodista de una cadena norteamericana. Dijo que a él y a su esposa les había parecido fantástico el tango, "pero no podría aprender a bailarlo tan profesionalmente como los artistas que vi acá".
Ante la respuesta de Clinton intervino Carlos Menem, que en castellano aseguró: "Yo les voy a enseñar" .



