
Historia íntima de la caída de Galtieri
Diálogos inéditos de la negociación
1 minuto de lectura'
Algunas veces la historia, al registrar la caída de sus protagonistas, ofrece momentos que constituyen verdaderos actos de justicia poética.
Uno de esos momentos ocurrió alrededor de las 10 de la mañana del 17 de junio de 1982, hace exactamente veinte años, tres días después de la caída de Puerto Argentino en poder de los ingleses.
A esa hora, el general José Antonio Vaquero, jefe del Estado Mayor Conjunto, subió la imponente escalera de roble de la residencia del comandante en jefe del Ejército, en Campo de Mayo, hacia el cuarto en el que el teniente general Leopoldo Fortunato Galtieri, presidente de facto de la Nación y jefe del Ejército, dormía.
Galtieri, considerado un militar duro, era temido por sus pares y subordinados. "Ninguno se le animaba", es la expresión de un testigo. Pero ésta era la hora de su derrota y Vaquero entró en su cuarto, intempestivamente, para decirle que los generales habían decidido removerlo.
El general que había desafiado al mundo al declarar la guerra a Inglaterra escuchó el ultimátum desde la cama. No lo aceptó mansamente. Se puso de pie y, en calzoncillos, discutió durante veinte minutos. Luego comprendió que no tenía alternativa.
Así, en paños menores, Galtieri abandonó su lugar en la historia.
La escena quedó registrada en una detallada crónica, hasta ahora privada, de los cuatro días que precedieron la caída de Galtieri. Su autor, Ricardo Yofre, ex subsecretario general de la presidencia de Jorge Rafael Videla (entre 1976 y 1978) y uno de los hombres mejor informados sobre los vericuetos del proceso militar, desenterró hace unos días el olvidado documento de su archivo personal y lo ofreció a LA NACION como registro histórico inédito de aquellos episodios.
El "diario" comienza el lunes 14, al caer Puerto Argentino:
Esa noche Galtieri se reúne con todos los generales de división y luego de relatarles los últimos acontecimientos de Puerto Argentino les solicita que para el día siguiente preparen un trabajo de asesoramiento sobre la base de las siguientes opciones:
a) Continuar la guerra.
b) Continuar la guerra y negociar.
c) Negociar con Inglaterra con o sin intervención de EE.UU.
El clima es tenso, pero no hay reproches.
Martes 15 : grandes cabildeos dentro de las FF.AA. y en particular Ejército. Se convoca al pueblo a la Plaza de Mayo, donde hablaría Galtieri a las 19. Quien influyó en el ánimo y decisión de Galtieri para efectuar la concentración fue el contralmirante Roberto B. Moya, jefe de la Casa Militar. Moya adquirió en los últimos días de aquel gobierno una gran influencia, pues en los momentos en que Galtieri caía en estados depresivos, Moya introducía al despacho del Presidente a ministros u otros funcionarios para que lo distrajeran o elevaran la moral. Fue fácilmente advertible en los últimos días que el Gral. Héctor Iglesias, secretario general de la Presidencia, había pasado a un segundo plano.
En cuanto se anunció la convocatoria, la Armada y la Fuerza Aérea hicieron llegar su disconformidad con su realización. Durante la tarde, Galtieri recibe separadamente al canciller Nicanor Costa Méndez y Sergio Martini (Mtro. de Obras Públicas), quienes le presentan verbalmente sus renuncias a los cargos que desempeñaban. Galtieri no se las acepta.
Debido a los incidentes que se produjeron en la plaza, se decidió irradiar el mensaje por TV a las 21.
Galtieri había resuelto hablar a los argentinos desde el balcón de la Casa Rosada, quizá creyendo que conservaba algo del apoyo popular de cuando había lanzado al país a la guerra. La convocatoria derivó en incidentes, que la crónica de LA NACION del día siguiente calificó de "pequeño porteñazo o cordobacito".
Sigue el diario de Yofre:
A las 18, el Gral. Iglesias bajó al Ministerio del Interior a requerir opiniones sobre el texto del discurso. Allí tuvo una tensa discusión con el ministro del Interior, Alfredo Saint Jean y con el coronel Bernardo Menéndez, pues éstos no estaban de acuerdo con el texto del mismo. Ello llevó a que los tres militares (Saint Jean, Iglesias y Menéndez) decidieran que Galtieri laudara respecto de las dos posiciones en cuanto al texto (reescribirlo o no) . Galtieri, a pesar de los esfuerzos de Saint Jean-Menéndez, opta por el discurso tal cual estaba redactado. Los cabildeos que originó esta situación provocaron que el discurso se irradiara a las 22 en vez de a las 21, como estaba anunciado.
Por televisión, Galtieri dijo: "Hay honor y habrá justicia. Nadie apartará su conducta del esfuerzo colectivo para alcanzar la Patria imaginada en sus mejores sueños por nuestros soldados. No habrá lugar para la especulación ni el engaño. El ocio será una estafa; el aprovechamiento de la situación, una injuria a la sangre de los que combatieron, y el derrotismo será traición (...) Contengamos el dolor. Levantemos bien alta la frente. Nuestro pueblo es y se siente fuerte, y lo acompañan sus hermanos latinoamericanos. Es hora de asumir hasta las últimas consecuencias nuestra identidad y madurez de argentinos. Quien no contribuya a hacerlo será apartado y calificado de traidor".
Luego del discurso, Galtieri se cruza al CJE (Comando en Jefe del Ejército) y mantiene, primero, una reunión con los Grales. de División para analizar el trabajo que les había encargado. Dicha reunión se lleva a cabo en la Sala de Situación del 8° piso. Asisten: el JEM (jefe del Estado Mayor) José Antonio Vaquero; Cristino Nicolaides (jefe del I Cuerpo de Ejército); Osvaldo Trimarco (II Cuerpo ); Eugenio Guañabens Perelló (III Cuerpo ); Llamil Reston (IV Cuerpo ); Osvaldo García (V Cuerpo); Horacio Varela Ortiz (F abricaciones M ilitares ); Luis S. Martella (Policía); Edgardo Calvi (Institutos Militares); Alfredo Saint Jean (Mtro. del Interior).
Calvi lleva la voz cantante. Aduce no haber sido consultado tanto respecto de la invasión como de las sucesivas y fracasadas negociaciones entabladas.
Galtieri sostiene que si se hubiera consultado a los generales, almirantes y brigadieres, se hubiera perdido el secreto y, consecuentemente, la sorpresa de la operación.
Calvi insiste y señala que como general de división se lo debería haber consultado. Hubo un cambio de palabras fuertes con Galtieri. Se suman a su posición Reston y Varela Ortiz.
Calvi concluye solicitando su retiro. Reston y Varela Ortiz lo acompañan en el planteo.
La reunión concluye a la medianoche en un ambiente muy caldeado y Galtieri baja a su despacho del tercer piso.
Vaquero se queda en la Sala de Situación tratando de calmar el ambiente. Posteriormente, va al despacho de Galtieri también a tratar de calmarlo. Este le dice que en los próximos días va a efectuarse una profunda reorganización del Ejército, lo cual implicaba el pase a retiro de varios generales.
Galtieri recibe posteriormente a Reston, Calvi y Varela Ortiz. Lo del pedido de whisky de Reston es así.
(Se refiere a que Reston, el primero en entrar al despacho de Galtieri, comenzó la conversación diciendo: "¿Me invita con un whisky?")
Aparentemente todo quedó en la nada. Posteriormente, Vaquero le transmite a Galtieri el pedido de los generales del Estado Mayor de reunirse con él.
Galtieri acepta. Asisten: Vaquero, Miguel Angel Podestá (Jefe I Personal), Alfredo Sotera (Jefe II Inteligencia), Vicente Meli (Jefe II Operaciones), Eduardo Espósito (Jefe de Logística), Carlos María Philips (a cargo de la movilización) y Rodolfo Enrique Whener (Subjefe del Estado Mayor).
La discusión es muy dura. Los generales le imputan:
1) No haber sido consultados sobre la decisión de invadir.
2) El no haber negociado seriamente cuando las condiciones eran buenas. Dura crítica a Costa Méndez.
3) El grave error de haber convocado la gente a Plaza de Mayo.
4) Los términos del discurso de esa noche, en particular aquellos que se refieren a los traidores a la patria. Están marcados los párrafos.
Espósito, del arma de Ingenieros como Galtieri, era considerado como un protegido de éste. Sin embargo, la conversación fue tan ríspida que en un momento se produjo el siguiente diálogo:
Galtieri: -Vea, Espósito, usted me está efectuando apreciaciones y análisis que sólo caben en un subteniente.
Espósito: - Sepa, mi general, que usted está hablando con el Señor General Espósito.
La reunión termina a las 03.00 del miércoles 16 de junio. Galtieri se cruza a la Casa de Gobierno y duerme allí.
Miércoles 16 : la jornada transcurre en medio de intensas reuniones militares y políticas.
El Mtro. del Interior llama a los partidos políticos a una reunión para informarles de la situación. Sólo van algunos "partiditos". Participaron Rafael Martínez Raymonda (PDP); Francisco Manrique (PF); Cristina Guzmán; Federico Carman (P. Renovador); Emilio Gianone (PSD); Miguel Riglos (P. Conservador Popular); Jorge Abelardo Ramos (FIP) ( que no era un amigo del Proceso, pero había apoyado con entusiasmo la guerra de Malvinas) ; Guillermo Acuña Anzorena (LP).
La Multipartidaria no concurre. Se decide hacer una nueva reunión el jueves 17, con la presencia del quinteto, de Costa Méndez y del Almte. Leopoldo Alfredo Suárez del Cerro. El presidente del partido radical, Carlos Contín, y Arturo Frondizi prometen su asistencia. Sin embargo, el jueves por la mañana, en el estudio de l radical Antonio Tróccoli, deciden no concurrir. Inciden fundamentalmente en el cambio de posición Rogelio Frigerio y Antonio Cafiero.
En la noche del miércoles al jueves, Galtieri le dice a Vaquero que pida a los generales de división, y éstos a los de brigada, opinión respecto de si contaba aún con el apoyo de la fuerza. Desea la respuesta en siete días.
Jueves 17:
Galtieri se retira a Campo de Mayo a las 05.00 del jueves. Previamente le ordena a Vaquero que asista en su representación a una reunión de la Junta Militar. Vaquero le señala que suspenda la reunión. Galtieri se opone y le da la orden a Vaquero de que asista. Antes de subir al automóvil, Galtieri le dice al Gral. Iglesias, que lo había acompañado hasta la puerta, la siguiente frase profética: "Vea, Iglesias, huelo mal todo esto".
A las 8 de la mañana, Vaquero, por su cuenta, llama a Lami Dozo y Anaya para comunicarles que la reunión de la Junta se suspendía. También se comunica con Saint Jean e Iglesias y les pregunta si, a juicio de ellos, Galtieri quería resolver su situación personal ese día. Ellos le dicen que sí, luego de lo conversado durante esa madrugada con Galtieri. Es decir, que éste no deseaba dejar transcurrir el plazo de siete días.
Con esa información, Vaquero cita a su despacho a los generales de división que estaban en Buenos Aires.
Concurren todos menos Guañabens, que estaba en Córdoba, y García, en Comodoro Rivadavia.
La reunión se lleva a cabo a las 9 y brevemente Vaquero les explica el motivo de la convocatoria.
Todos, salvo Saint Jean, se pronuncian: a) por la destitución de Galtieri; b) además, que éste no pueda designar a su sucesor.
Vaquero los llama por teléfono a García y Guañabens, quienes prestan conformidad. Los generales le encomiendan a Vaquero comunicarle a Galtieri la decisión. Vaquero parte en auto a Campo de Mayo. Previamente, hace avisar que va para allá. Sin embargo, cuando llega, Galtieri dormía. Lo hace despertar y entra al cuarto. Galtieri estaba en la cama. Vaquero le comunica la decisión. Galtieri se resiste a aceptarla y señala que convoque para esa tarde a una reunión de generales para discutir el asunto. Vaquero le dice que no tiene sentido la reunión, pues la decisión está adoptada. Luego de un cabildeo de 20 minutos, Galtieri acepta la decisión, con dos condiciones: a) que él entregue el CJE y b) que pueda renunciar a la presidencia y entregar a su sucesor inmediato (delegó en Saint Jean). Vaquero señaló que no tenía mandato para aceptar esas condiciones, pero que lo consultaría con los generales de división. A su regreso al CJE, Vaquero se reunió con los generales, quienes aceptaron las condiciones.
Antes de partir hacia Campo de Mayo, Vaquero les dice a los generales que él iba a solicitar su retiro y que se excluía voluntariamente como sucesor de Galtieri. A su regreso, los generales de división presentes le señalan que habían establecido que el futuro comandante debía reunir dos requisitos: a) no haber tenido intervención en la Guerra de las Malvinas, con lo cual quedó excluido el Gral. García, y b) no haber sido funcionario del P.R.N. (Proceso de Reorganización Nacional) , con lo cual fueron dejados de lado Reston y Saint Jean.
Trimarco lo propuso a Nicolaides. El resto aceptó. Vaquero consultó con García y Guañabens Perelló, quienes también respondieron afirmativamente.
Por la tarde, reunido informalmente Vaquero con los Grales. del Estado Mayor para despedirse de ellos, mantuvo este diálogo con Wehner:
Vaquero : -El P.R.N. ha llegado a una situación tal que estimo que hay que producir una rápida apertura política y la institucionalización del país. Para ello creo que se necesita como presidente de la Nación un general con aptitudes políticas y con buen diálogo con los políticos, y que éstos tengan confianza en él. Para mí, la persona que reúne esas condiciones es el Gral. José R. Villarreal.
Wehner : -Discrepo con usted, mi general. Si Villarreal llega a la presidencia, va a gobernar por las de él con los políticos, sin rendirle cuenta al Ejército.
Vaquero : -Vea, Wehner. ¿Usted quiere que el Proceso tenga una transición hacia la democracia concertada con los políticos o prefiere que terminemos saliendo del caos con Isabel?
El viernes 18, Nicolaides asumió como jefe del Ejército. Saint Jean quedó interinamente a cargo de la presidencia hasta que, doce días después, el 1° de julio, la asumió el general Reynaldo Bignone. Pero la última dictadura militar ya estaba herida de muerte.



