
Japón: apenas una esperanza
Menem finalizó su gira, en la que intentó atraer reticentes inversiones niponas.
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TOYOTA CITY.- De Oriente a Occidente, el regreso puede parecer más rápido. Pero para Carlos Menem, como para cualquier argentino, Japón y la Argentina siguen lejos.
El Presidente retorna hoy a Buenos Aires luego de reforzar en el exterior la idea de que el modelo económico que impulsó, sostuvo y consolidó lo tiene como casi exclusivo garante.
El planteo, absolutamente emparentado con su intención de preservar el poder (no sólo hasta el final de su mandato presidencial sino después, en el partido) resulta sin embargo incompatible con el intento de presentar a la Argentina como una tentadora plaza para las reticentes inversiones japonesas en el exterior.
Los argentinos apenas se llevan una esperanza: si es exitosa la inversión que Toyota realiza con su planta automotriz en Zárate, quizás otras empresas se acerquen. Pero por ahora es difícil. Y nadie negó esa realidad.
No hizo falta profundizar demasiado durante los cuatro días de la visita de Estado para descubrir que los empresarios que acompañaron a Menem hacían notorios esfuerzos por demostrar su desinterés por el desenlace de la pelea electoral del año próximo.
Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde o Ramón Ortega son variantes aceptadas sin traumas y con escasos matices por los hombres de negocios que llegaron hasta aquí a disfrutar de las interminables reverencias de sus interlocutores japoneses. Y también, a tratar de demostrar que la estabilidad y el modelo económico no caerán por ningún cambio político surgido de las urnas.
Atraer inversiones
Pero el intento menemista de presentarse como garantía única de la estabilidad no es la principal traba para atraer inversiones niponas. La clave está en las entrañas de esta economía que en los sesenta y los setenta inventó el "milagro" y que en los ochenta infló una "burbuja" que acaba de estallar. La crisis se siente, antes que nada, en la acentuación de la actitud conservadora de los hombres de negocios a la hora de decidir nuevas operaciones.
Los elogios repetidos, la amabilidad y los buenos modales no alteran la situación. Japón está en crisis y su perfil proteccionista no cambió.
Las expectativas de eliminar las barreras sanitarias que impiden el ingreso de la carne vacuna argentina en Japón sufrieron otro revés.
El primer ministro, Keizo Obuchi, luego de reiterar su admiración por las reformas argentinas y de asegurar que recomendaría a los empresarios que realizaran inversiones en nuestro país, le pidió a Menem que pusiera atención en el control de la situación de la carne.
Obuchi no hizo otra cosa que utilizar ese reparo, ya desvanecido por la declaración de la Argentina de país libre de aftosa, para frenar el intento de comerciar carne sin limitaciones.
Pero sobre la demorada llegada de los bifes hay otra verdad montada sobre una paradoja. Si hoy se abriera la importación de carnes argentinas en Japón, los frigoríficos de nuestro país difícilmente podrían atender una demanda sostenida. "Ahora que no hay aftosa, tampoco hay carne", aceptó un especialista de la comitiva.
Menem regresa del mundo de los elogios y del protocolo estricto pero amable. Lo espera una realidad menos edulcorada. Es la que marca que en pocos días comenzará el último año de su mandato. En Japón, siguió pensando en ese desenlace y no dejó de trabajar para evitarlo.
Emperador tanguero
Akihito se reveló como el primer emperador tanguero. Al despedir a Menem en el palacio de Akasaka, con la sonrisa cómplice de la emperatriz Michiko, recordó que en su noviazgo el tango los unía con sus pasos sensuales, contrarios a las normas japonesas, que consideran inconveniente el contacto físico en público.
Menem no ocultó su sorpresa cuando el emperador declaró su admiración por las orquestas de Francisco Canaro y de Juan D´Arienzo, y habló de Libertad Lamarque.
Mientras Akihito confesaba su predilección por el tango "Yira-Yira", de Enrique Santos Discépolo, Menem no dudó: le regaló discos compactos que siempre lleva en las giras. Sorprendido, Akihito se llevó grabaciones de Canaro, Lamarque, Hugo del Carril y Alberto Castillo.
El emperador hizo notar a Menem que antes de Francisco Canaro la primera orquesta de tango que llegó a Japón fue la de Juan Canaro. Zulemita confesó que no conocía a los Canaro. Fue calmada por la emperatriz, que ante un comentario sobre la fabricación de motores de avión de Toyota, dijo que desconocía que esa firma también se dedicará a ese rubro.
Menem narró los entretelones de su despedida del emperador en el almuerzo con los dos popes de Toyota, Soichiro Toyoda y Hiroshi Okuda, que recompensaron al Presidente por su afición al golf con un palo fabricado por una de las empresas del grupo.



