Jorge Casaretto: "La pobreza cero no debe ser algo declarativo"
El obispo emérito de San Isidro repasa la relación de la Iglesiacon el mundo político del país y llama a avanzar hacia la reconciliación
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El Colegio Nacional de Buenos Aires, la Casa Rosada y la catedral de San Isidro ilustran la tapa del libro Nuestro país, nuestra Iglesia: nuestro tiempo, en el que el obispo Jorge Casaretto traza sus memorias como pastor de la Iglesia, en una Argentina atravesada por las crisis políticas y sociales.
Hoy le preocupan dos realidades que han ido ganando terreno en los últimos años: la pobreza y el desencuentro entre los argentinos.
"Todavía el pasado tiene demasiado peso. La reconciliación sigue siendo una deuda. Y no me refiero sólo a lo que pasó hace 40 años, sino a lo que se llama «la grieta». Esa brecha hay que cerrarla, a través del entendimiento y el consenso", expresó, en una entrevista con LA NACION.
Y, frente a la pobreza, tema que estará presente en el documento que el Episcopado dará a conocer el jueves, llama a salir de los eslóganes y buscar que el objetivo de la pobreza cero se traduzca en acciones concretas.
-¿Por qué se profundizó la brecha entre los argentinos?
-En el pasado reciente hubo un fuerte contenido ideológico. La excesiva ideología produce enfrentamiento y división. Tenemos que ser más pragmáticos, buscar lo que más le conviene al país y tomar la pobreza como una meta. Se habla hoy de pobreza cero. Esto no puede ser una cosa declarativa. Tenemos que volcarlo en acciones prácticas concretas.
-¿Es posible lograr esa meta?
-Tiene que ser una realidad. Debemos ver cómo encontramos el camino a través del consenso. En 2010, los obispos dijimos que la hipoteca social más fuerte de la Argentina es la pobreza. Hoy ronda el 30% y no dejamos de salir de ella.
-¿No se termina de asumir el problema de la pobreza?
-A veces se declara. Pero no terminamos de ponernos de acuerdo entre todos para ver cómo enfrentarla.
-Hace un mes la UCA marcó un crecimiento de la pobreza. ¿Lo atribuye a las medidas del Gobierno?
-No me corresponde a mí analizar las medidas. En lo que hay que seguir es en la actitud de diálogo. La Iglesia habla con todos. El objetivo de la pobreza cero tiene que traducirse en acciones concretas.
-¿Qué piensa de quienes proclaman su deseo de que al Gobierno no le vaya bien?
-Esas actitudes no son positivas. Lo que importa no es que a un gobierno le vaya bien, sino que al país le vaya bien. Si se pudieran consensuar algunas acciones, a todos nos iría bien. Ante todo, hay que pensar en los pobres. Tiene que haber voluntad de terminar con los enfrentamientos y buscar puntos en común.
-¿Existe esa voluntad?
-Todavía esa voluntad no está tan clara. No hay actitudes de mayor diálogo, mayor entendimiento o búsqueda de consensos. Pero tenemos que seguir trabajando en esa línea.
-¿Es posible avanzar en un diálogo?
-Depende de las actitudes de los gobernantes y de todas las fuerzas políticas. El escenario de diálogo fundamental es el Poder Legislativo. Pero la Argentina es un país bastante corporativo y hay que hablar también con las corporaciones. La Iglesia cumplió un papel y ha hablado con los poderes corporativos.
-¿Cómo fue la experiencia de la Mesa del Diálogo?
-Fue positiva, pero después no se aplicaron las conclusiones. Se elaboraron proyectos de leyes que habrían podido cambiar la Argentina. Pero el gobierno que asumió en 2003 archivó todo. Se había vislumbrado una Argentina posible.
-¿La Justicia puede contribuir hoy a que se encarrilen los desvíos de la política?
-Tiene que contribuir. En la vigencia de los tres poderes con autonomía está la clave de la democracia.
-¿Cómo evalúa el avance de las investigaciones de los hechos de corrupción recientes?
-Es muy importante. Es fundamental que la Justicia actúe con autonomía y el Poder Ejecutivo no la condicione.
-¿Le preocupan los casos de especulación financiera que salen a la luz?
-La primacía del dinero siempre ha sido mala. El papa Francisco, cuando se dirige a los gobernantes, a los empresarios y a los movimientos populares, les recuerda siempre que la primacía de lo financiero en el mundo ha sido perjudicial. Es importante que los empresarios sean cada vez más serios. En la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE) se están planteando firmar un compromiso para que los valores éticos primen en sus acciones personales y empresarias.
-¿Y el sindicalismo?
-Los gremios tienen una misión importante: defender a los trabajadores. Pero deben entender que en este momento los trabajadores ya no son los pobres. Todo el que tenga un trabajo en blanco no es pobre. Entre todos tenemos que pensar en los que tienen empleo en negro y en ese 30% que está afuera, que está excluido y no tiene representatividad.
-¿Cómo influye en la Iglesia argentina la figura de Francisco?
-Es un signo de que la Iglesia argentina anda bien y pasa por un muy buen momento. El papa Francisco no nació de unos repollos. Salió de una Iglesia que funciona bien. La Iglesia había salido muy mal de la década del 70, con mucha división interna. Tanto los militares como los Montoneros tenían en sus filas personas católicas. Luego, con mucha humildad, la Iglesia aceptó las críticas y reconoció los errores, en un proceso de mucha comunión interior.
-¿Cómo dio la Iglesia ese paso?
-Con mucha humildad. Hicimos dos veces reconocimientos públicos de nuestros errores y pedimos perdón; reconocimos que no habíamos estado a la altura de las circunstancias. Francisco dice que la Iglesia es misionera y debe ocuparse del mundo, pensar en los pobres. La opción preferencial por los pobres, en los años 70, era motivo de grandes discusiones en la Iglesia. Había grupos conservadores y otros más abiertos. Hoy nadie duda que es una acción eclesial.
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