
Jorge Monti, a un año de su muerte
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Los doce meses que transcurrieron desde que el periodista Jorge Monti falleció inesperadamente, a los 55 años, en esta ciudad, no opacaron su imagen profesional ni personal ni, mucho menos, mellaron en su memoria.
El sábado último, cuando el calendario marcó el 12 de septiembre, la redacción de La Nación vibró al compás de la tristeza y la desazón. Hace un año, todo el diario, y muy especialmente la sección Política, se estremeció con la muerte de Jorge Monti, un caballero del periodismo que hizo de la amistad un culto y de la ética profesional una bandera.
Su ausencia se ha sentido en forma cotidiana, no sólo dentro de la Redacción, sino también en la Sala de Periodistas de la Casa de Gobierno, en la cual Jorge Monti estuvo acreditado durante 27 años ininterrumpidos.
La del sábado no fue, desde su ausencia, ni la más triste jornada ni la más difícil de estos últimos doce meses. Sencillamente, fue la más palpable de su desaparición porque ya nadie podía pensar que Jorge Monti se había retrasado en su regreso de Lausana, Suiza, ciudad en la que cumplió con su última cobertura periodística.
Así como en aquellos días se tuvo la certeza, merced a sus impecables crónicas, de que la Argentina no iba a ser la anfitriona de los Juegos Olímpicos del 2004, el sábado último sus compañeros del diario se persuadieron de que la tardanza en su regreso no se debía a un problema de vuelos comerciales sino a una jugada amarga del destino, que por supuesto, también sienten profundamente sus tres entrañables hijos, Verónica, Dolores y Santiago.




