Kicillof y Cristina cerraron la campaña confiados en que ganarán la provincia

Axel Kicillof y Cristina Kirchner, ayer, en Merlo
Axel Kicillof y Cristina Kirchner, ayer, en Merlo Crédito: Santiago Filipuzzi
Dijeron que la gente le puso un límite al Gobierno y cargaron duro contra Vidal
Hernán Cappiello
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9 de agosto de 2019  

Axel Kicillof cerró su campaña electoral en Merlo con la convicción de que será el próximo gobernador bonaerense. Acompañado por Cristina Kirchner, que se puso a hombro la campaña de su exministro de Economía, advirtió que la sociedad le pondrá "un límite al Gobierno". La presencia de la expresidenta, que hoy estará en Río Gallegos, no fue un dato al margen: se convirtió en la protagonista de la velada, abrazando niños y bailando como en sus mejores épocas.

"Aprendimos en estos tres años y medio y vamos a volver distintos, vamos a volver mejores", gritó Kicillof desde una banqueta alta blanca, en medio de un escenario blanco, flanqueado por Cristina y la candidata a vicegobernadora Verónica Magario.

La fiesta, digna de un megarrecital, transcurrió anoche ante unas 3000 personas en el estadio del Club Ferro Carril Oeste de Merlo Norte. Fue organizada por el intendente Gustavo Menéndez, que presentó a Kicillof como si se tratara de una boxeador en el combate de fondo por la provincia.

La misa peronista tuvo una escenografía cuidada: solo banderitas argentinas, unas 2000, una por cada silla, y una banda en las gradas que tocaba el bombo al ritmo de "¡Vamos a volver!". Los asientos VIP, rodeando el escenario, quedaron reservados para la plana mayor del kirchnerismo: los diputados camporistas Máximo Kirchner, Andrés "Cuervo" Larroque y Eduardo "Wado" de Pedro; el excanciller Jorge Taiana; los sindicalistas Hugo Yasky y Roberto Baradel, y los intendentes, entre los que se sentó Malena Galmarini, esposa de Sergio Massa.

Cristina Kirchner se robó la noche. Los gritos para recibirla fueron ensordecedores. La multitud, vista de arriba, con sus banderas agitadas, era como un patchwork multicolor en movimiento.

De leggins negros, botitas al tono y una blusa beige, Cristina Kirchner fue presentada por Menéndez como "Ella", como si tratara de Evita en el 45, dijo. La expresidenta elogió a Kicillof, recordó que es medalla de oro en la UBA y que se sacó un 10 en su tesis doctoral. Lo pintó como David haciendo campaña en su Renault Clio frente al Goliat-María Eugenia Vidal, y dijo que la gobernadora podría haber intercedido ante Mauricio Macri para paliar la situación de la provincia.

"No pensamos todos igual, pero estamos de acuerdo en que no se puede someter a la Argentina. Todo tiene un límite y este es el límite que le va a poner la gente a este gobierno", dijo, y presentó a Kicillof.

El exministro jugaba con un machete que tenía en el bolsillo. Cuando le tocó hablar, despertó todo tipo de pasiones: políticas y de las otras. "¡Sos lindo, Axel!", gritó una chica a coro con la platea femenina.

Kicillof elogió a Alberto Fernández y cargó contra el oficialismo. "Le tiraron ácido sulfúrico al proceso productivo", dijo de la gestión de Cambiemos, y personalizó en Vidal sus críticas. "Debería bajarse del helicóptero y salir de la red para ver la realidad", fustigó. La acusó de encubrir a Mauricio Macri por no denunciar el desempleo, la crisis ni el aumento de las tarifas.

Admitió, no obstante, que los problemas bonaerenses son anteriores a Vidal. "Venían de antes, desde la desindustrialización de la dictadura", dijo, salteándose su gestión. Señaló que, "después de Macri y Vidal, donde había un problema hoy hay dos, tres o cinco problemas".

"Menos carajo y más trabajo"

"Menos chamuyo y más salud, menos marketing y más trabajo, menos carajo y más trabajo", dijo, apuntando al exabrupto de Macri durante el acto en Rosario.

De pie, con los brazos en alto y de la mano de Cristina Kirchner y Magario, Kicillof cerró el acto definiendo como "campaña épica" el derrotero de sus últimos meses. Antes de irse, pidió cuidar los votos.

Lo que siguió fue la fiesta. Dos chicos de unos 10 años, uno de verde y otro de rojo, se subieron al escenario a bailar con Cristina. Oficiaron como sus secretarios cuando los militantes le alcanzaban ejemplares de Sinceramente o banderas para llevarse una firma de la expresidenta.

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