
La breve historia de la Policía Metropolitana que ya dejó a dos jefes afuera
La nueva fuerza de la ciudad de Buenos Aires no salió a la calle pero ya atravesó innumerables obstáculos, entre ellos, la aparición de un espía; cronología
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La fracasada lucha por el traspaso de la policía, la pelea en la Legislatura porteña para crear la nueva fuerza, la discusión por el presupuesto, las dificultades para el reclutamiento y las quejas por el cierre de un predio fueron sólo algunos de los problemas que enfrentó el gobierno porteño para lanzar su Policía Metropolitana.
Pero el descubrimiento de un espía contratado en el Ministerio de Educación de la ciudad, la renuncia y posterior detención de un jefe que había sido defendido contra viento y marea, y el desplazamiento de otro por estar involucrado en un caso de espionaje ilegal convulsionaron aun más la breve historia de esta fuerza que todavía no salió a la calle.
"Habrá nueva policía". En marzo de 2008, a tres meses de asumir, el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, anunció la creación de la nueva fuerza. Impulsarían un instituto de formación destinado a capacitar a los futuros agentes de la Policía Metropolitana. Planeaban que los primeros 1000 egresados salieran a la calle a fines de 2009 "para colaborar con la Policía Federal" en la prestación del servicio de seguridad a los vecinos de la Capital.
Ley. El 28 de octubre de 2008, la Legislatura aprobó la creación de la nueva policía. La iniciativa fue apoyada por el Pro y el kirchnerismo. Votaron en contra la Coalición Cívica y la Nueva Izquierda.
Quiénes. El 15 de noviembre de 2008 empezó el reclutamiento de los futuros agentes vía web. Ese día también se dio a conocer el escudo que portarán: en él se mezclan el Obelisco, un par de alas, una cuadrícula blanca y negra, laureles y la bandera argentina.
Recursos. En noviembre del año pasado, se asignó un 12% más al presupuesto de Justicia y Seguridad porteña. El ministro de esa cartera, Guillermo Montenegro, había dicho a los legisladores que destinaría 50 millones de pesos a la nueva policía de la ciudad, lo que fue criticado por varios diputados.
Predio. En abril de este año volvieron los cuestionamientos. El gobierno porteño decidió cerrar Puerto Pibes, un predio en Costanera Norte destinado a actividades recreativas para chicos, para entregar las instalaciones para una futura dependencia de la Policía Metropolitana. La decisión provocó una fuerte reacción de la oposición, aunque el escándalo estallaría meses más tarde, tras la designación del jefe policial.
El jefe. El 3 de julio Macri anunció que el policía federal Jorge Alberto "Fino" Palacios estaría al frente de la nueva fuerza.
Palacios había sido superintendente de Investigaciones de la Federal, pero fue desplazado por el entonces presidente Néstor Kirchner luego de que una escucha telefónica lo vinculara con un imputado en el secuestro y asesinato de Axel Blumberg.
Además, estaba imputado en la causa AMIA, porque había tenido a su cargo la investigación del hecho. Su designación despertó críticas desde sectores diversos, especialmente de los allegados a víctimas del atentado a la mutual judía.
"Motivos personales". El 25 de agosto, tras casi un mes y medio de durísimas críticas, Palacios renunció a su cargo alegando motivos personales.
Macri, quien había defendido personalmente su nombramiento, dio marcha atrás e informó, en conferencia de prensa, la decisión del uniformado. "Jorge Palacios presentó la renuncia al cargo de jefe de la policía porteña por razones personales. Es un gesto de grandeza, que lo enaltece", sostuvo Macri. Y agregó: "Lo que ha querido es no complicar la gestión de gobierno".
Cinco semanas después, la Justicia resolvió procesar a Palacios como "partícipe necesario del delito de encubrimiento, autor penalmente responsable del delito de abuso de autoridad y autor del delito de violación de medios de prueba" en la causa por las irregularidades en la investigación del ataque a la AMIA.
Nuevo jefe. El ministro de Justicia y Seguridad resolvió entonces nombrar como jefe de la nueva fuerza al comisario mayor (R) Osvaldo Chamorro, hasta ese momento número dos de la policía.
Antipiquete. En septiembre se conoció que la nueva fuerza contará con un cuerpo especial para actuar frente a los cortes viales y las protestas sociales que impidan u obstaculicen el flujo vehicular en la ciudad de Buenos Aires.
Charla. "Soy cuidadoso con el que me responde, pero perverso con el que me caga. No voy a dudar en destrozar al que se equivoque a propósito." Esa fue una de las frases que dijo Montenegro en una charla en el Instituto Superior de Seguridad Pública, en Parque Avellaneda, ante unos 400 agentes de la Policía Metropolitana, que la semana siguiente terminarían el curso de formación y capacitación en la nueva fuerza.
Las palabras del ministro no tardaron en despertar las críticas de la oposición. El legislador porteño Eduardo Epszteyn (Diálogo por la Ciudad) criticó el mensaje "por agresivo y amenazante" y dijo que Macri "debe darse cuenta de lo peligroso que es tener a un «perverso» al frente de la Seguridad y la Justicia de los porteños".
Otra renuncia. El 30 de septiembre, la cúpula de la Policía Metropolitana sufrió otra baja. Daniel Pastor, quien había sido designado rector del Instituto Superior de Seguridad Pública, donde se forman los nuevos agentes, dio un paso al costado, pese a que nunca llegó a asumir formalmente el cargo.
El espía. En octubre, el gobierno porteño se vio envuelto en medio de una investigación judicial. Se comprobó que el ex policía federal y abogado Ciro Gerardo James, que fue detenido con un kit de espía, compuesto por equipos de grabaciones, de control de líneas telefónicas y otros de interceptación de comunicaciones, estaba contratado por el Ministerio de Educación porteño desde 2008. Además, había empezado los trámites para incorporarse a la nueva fuerza.
James fue detenido, acusado de realizar escuchas telefónicas a uno de los familiares de las víctimas de la AMIA, Sergio Burstein, y al empresario Carlos Ávila. A fines de octubre, fue procesado con prisión preventiva.
Unos días antes, Palacios había admitido en una entrevista con LA NACION que él había recomendado a James, pero negó haber hecho espionaje.
Los cruces entre el gobierno nacional y el porteño fueron feroces. Se acusaron mutuamente de infiltrar al espía.
"Boicot". "El Gobierno no ha parado de intentar boicotear el lanzamiento de la Policía Metropolitana". Así sintetizó Macri la polémica en torno a las escuchas ilegales. Sin embargo, la Justicia descubrió cientos de llamadas entre el espía y las oficinas donde funciona la nueva fuerza de seguridad de la ciudad.
Un civil. Presionado por el escándalo de espionaje, Macri decidió designar un civil como nuevo jefe para la Policía Metropolitana. El puesto fue ofrecido al diputado nacional Eugenio Burzaco, uno de los referentes de Pro en materia de seguridad, que recién asumirá el 11 de diciembre. Sería secundado por el mismo subjefe que tuvo Palacios, Osvaldo Chamorro, hasta ese momento a cargo interinamente de la Jefatura de Policía.
Pero los planes nuevamente serían alterados por los hechos. Un descubrimiento comprometió a Chamorro en la causa por las escuchas ilegales. La Justicia revisó su computadora y encontró pedidos de informes a una empresa comercial sobre la situación patrimonial y financiera de un grupo de políticos porteños. Había opositores y también macristas, incluido el jefe de gabinete de la ciudad, Horacio Rodríguez Larreta.
Ayer, Macri finalmente decidió tomar cartas en el asunto y desplazó a Chamorro de la Policía Metropolitana, el mismo día que Palacios fue apresado.
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