La celebración de 1910 también fue masiva

Figueroa Alcorta encabezó los actos del Centenario con un encendido discurso contra España; la Plaza estuvo colmada
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26 de mayo de 2010  

El 25 de Mayo de 1910, el entonces presidente José Figueroa Alcorta encabezó los festejos del Centenario con un encendido discurso que, con tono épico, celebraba la independencia nacional y americana como "un drama intenso y glorioso", el "hecho más grande entre los que ha producido uno de los más grandes siglos de la historia".

"Era tanta la concurrencia que apenas se podía transitar", relata la crónica de LA NACION del día. La gente, "multitudes oceánicas desfilando por calles y plazas", había llegado desde temprano en tranvías, coches y trenes urbanos para ver el desfile militar, espectáculo central de la jornada.

Los actos comenzaron a las 10. El palco oficial, desde donde habló el presidente, se montó frente a la Casa de Gobierno. El discurso de Figueroa Alcorta fue un apasionado repaso de la historia argentina, desde los tiempos de la conquista. Abundó en elogios para los próceres de Mayo, "la encarnación viviente de la patria", y fue muy duro con la "dominación colonial establecida" por España durante lo que llamó "la noche tres veces secular que sucedió a los resplandores de la conquista", noche que -afirmó- gravitó sobre el continente como un "manto esterilizante destinado a impedir la germinación de las ideas de progreso moral o político".

El mandatario no escatimó críticas pese a que en el palco oficial, parada a su lado, estaba la infanta Isabel, que había viajado para participar de los festejos del Centenario. Incluso, juntos colocaron la piedra fundamental del monumento a la revolución en el centro de la Plaza de Mayo, donde hoy se levanta la Pirámide.

En su extenso discurso, el presidente destacó que la Revolución de Mayo no hubiera tenido la "animosidad enconada de la guerra" y habló del ambiente semicaótico de la "democracia embrionaria". En ese escenario hizo referencia al caudillismo como "causa y efecto de la anarquía política" y de "la crisis moral más intensa que un país haya sufrido en el proceso de su evolución". Figueroa Alcorta terminó con una exhortación: un llamado a las generaciones sucesivas para que perpetuaran en los siglos "la altiva tradición de Mayo".

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