La CGT desafía a Macri con una movilización y amenaza con otro paro

Los gremios marcharán desde Once hasta la avenida 9 de Julio; Moyano presiona por una huelga a fin de mes
Nicolás Balinotti
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4 de abril de 2019  

Con una movilización que se anticipa numerosa, la CGT activará hoy su primer reclamo del año para rechazar el rumbo económico de la gestión del presidente Mauricio Macri . Será una suerte de peregrinación que partirá desde la Plaza Miserere, en el barrio de Once, y finalizará en el cruce de las avenidas de Mayo y 9 de Julio.

El reclamo no llegaría hasta las narices de la Casa Rosada, en la Plaza de Mayo, "por razones logísticas", según la hoja de ruta trazada por Héctor Daer y Carlos Acuña, los dos jefes que tiene la central obrera. Sin embargo, la izquierda y un grupo de los sectores piqueteros más duros se desmarcarán y podrían cerrar la jornada de protesta con un acto frente a la sede gubernamental.

No se descarta, además, que los gremios más combativos, agrupados bajo la figura de Hugo Moyano, y las tres vertientes de la CTA, que también participarán de la marcha, presionen a la cúpula cegetista para fijar la fecha de un paro nacional a fin de mes.

Pablo Moyano, el número dos de los camioneros, sugerirá el 26 o 30 del actual como alternativas para la huelga. Sin embargo, la última palabra la tendrá la CGT, donde el sector de "los Gordos" (grandes gremios de servicios) y los autodenominados "independientes" imponen hasta ahora su mayoría para no avanzar más allá de una movilización callejera. La prueba de hoy será determinante para medir la temperatura de un eventual paro, que sería el quinto en contra de la gestión de Cambiemos.

Los organizadores estiman una marcha pacífica y multitudinaria. No habrá escenario ni oradores. Será una escenificación muda de fortaleza, de capacidad de movilización. La letra del descontento se expresará a través de una solicitada con la consigna de defender la producción y el trabajo argentino, y la enumeración de los motivos de la protesta.

El texto argumenta: "Preocupados por la situación económica y social, marchamos por más trabajo decente y en relación de dependencia; por mejores salarios, programas sociales y jubilaciones; por más producción nacional; por un país que priorice el desarrollo productivo y se castigue especulación financiera; por más desarrollo agropecuario con valor agregado; por una política fiscal y monetaria definida para incentivar la producción, el trabajo y el crecimiento del mercado interno; por servicios públicos de calidad y con tarifas socialmente sustentables; por entender que tanto la salud, la educación y la Justicia son pilares fundamentales de la sociedad; por impuestos a las ganancias que no destruyan el salario, y por un país para todos y no para unos pocos".

Firma el mensaje la CGT y figuran como adherentes organizaciones sindicales hermanas, organizaciones sociales y de la economía popular, cámaras empresarias agrupadas en la Cgera y agrupaciones de pymes.

"Al paro le falta maduración y consenso. No hay clima de paro en las bases", dijo a LA NACION Héctor Daer. Uno de los dos jefes de la CGT encabezará hoy la columna de manifestantes que partirá, a las 14, desde Plaza Miserere.

La protesta carga inevitable con el estigma de lo que sucedió el 7 de marzo de 2017, cuando la cúpula cegetista fue silbada y abucheada por una multitud y debió huir en medio de un clima hostil. Ese día, ninguno de los integrantes del triunvirato de mando pudo finalizar su discurso callados por quienes le gritaban "poné la fecha [del paro] la p... que te parió". Nadie ayer fue capaz entre los organizadores de asegurar que esa música desafiante no los volvería a acorralar. El temor por algún desborde en la seguridad está latente.

La decisión de algunos gremios en no avanzar aún hacia una huelga esconde algunas razones. Está abierta desde hace algunas semanas una negociación con el Gobierno por agilizar la entrega de fondos para las obras sociales y por la creación de una agencia médica que blindaría a las prestadoras de salud sindicales de eventuales reclamos judiciales. En la CGT temen que si elevan el conflicto, la negociación, que lleva más de un año, regrese a foja cero.

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