La crisis también afecta a los ahijados de los presidentes
La oficina de la Casa Rosada que se encarga del tema atiende cada vez más pedidos
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Séptimo hijo varón. Desde 1907 esa condición, asociada al "lobisón" en el folklore popular, permite alcanzar el "padrinazgo presidencial", un beneficio que pueden pedir los padres casados legalmente para su hijo número siete.
Nadie sabe a ciencia cierta cuántos ahijados presidenciales se contabilizan desde esa época, pero sí que, desde 1976 hasta la actualidad, 3338 personas obtuvieron el beneficio, que en 1973 fue ampliado también a la séptima hija mujer.
Sin embargo, no todas las presidencias gozaron de la misma popularidad entre los peticionantes.
Así, los 956 ahijados de Raúl Alfonsín en sus cinco años y medio de gobierno superan en promedio a los 1136 de Carlos Menem, que ocupó la presidencia durante diez años.
"Con la democracia la gente tenía mucho entusiasmo" explicó a LA NACION Elena Bruni, jefa del Departamento de Padrinazgos Presidenciales, que funciona en el segundo piso de la Casa Rosada.
No pasó lo mismo con Fernando de la Rúa, que sólo contabiliza 135 ahijados en sus dos años en el poder, menos que los 795 del ex teniente general Jorge Rafael Videla o los 189 ahijados del general retirado Reynaldo Benito Bignone, el primero y el último de los presidentes del Proceso de Reorganización Nacional.
Una costumbre devaluada
Con los años y el devenir de los mandatos decayó el interés en el tema. Tanto que desde fines de 2001 hasta junio de 2002 los pedidos casi se congelaron.
La vorágine de cinco presidentes en poco más de una semana, entre el 20 de diciembre de 2001 y el 1° de enero de 2002, tal vez ahuyentó a los padres, que dudaban de quién ocuparía el sillón de Rivadavia cuando el trámite llegara a su fin.
Sin embargo, desde mediados del año último los ahijados volvieron a aparecer, y hoy Eduardo Duhalde tiene 100 pedidos de padrinazgo pendientes, que comenzarán a efectivizarse después de febrero.
En su mayoría provenientes de hogares muy humildes del interior, la crisis económica hizo que los ahijados y sus familias se acercaran cada vez más con todo tipo de necesidades a pedir la ayuda del Estado.
"Antes las familias querían trabajo y vivienda, ahora piden desde comida hasta un turno en el Hospital de Niños", comentó Bruni.
"Hoy ya casi no hay familias de clase media o alta que tengan tantos hijos, y la mayoría proviene de las provincias más pobres", analizó la funcionaria.
Así, aunque oficialmente el padrinazgo sólo garantiza una beca para la escolaridad primaria, secundaria y universitaria y una medalla de oro recordatoria para el beneficiado, actualmente la oficina que se ocupa del tema se convirtió en una suerte de servicio de ayuda social.
"Perdí la capacidad de asombro por el permanente contacto con la realidad", dijo Bruni, que trabaja allí ininterrumpidamente desde 1973.
Su función y la de su equipo, compuesto por cuatro empleados, es canalizar los pedidos hacia organismos o instituciones que puedan darles respuesta.
Entre las anécdotas, llama la atención la de varios adultos que, cumpliendo con la condición de ser séptimo hijo varón, se bautizaron de grandes por su simpatía con determinado presidente.
O la de los padres que quisieron "repetir" el padrinazgo al llegar a su hijo número catorce.
La historia más insólita
Pero lo más insólito fue cuando, un par de años atrás, aparecieron ahijados de Hipólito Yrigoyen (presidente entre 1916 y 1922 y entre 1928 y 1930) y de Victorino de la Plaza (1914-1916).
Es que la necesidad no tiene edad, y los mayores se acercan para pedir ayuda en los trámites jubilatorios o becas para sus nietos.
Esto último es imposible, porque el beneficio no es hereditario.
Aunque funciona en la práctica desde 1907, cuando José Figueroa Alcorta ocupaba el gobierno, el padrinazgo presidencial se instituyó oficialmente mediante el decreto 848 de 1973, durante el tercer mandato de Juan Domingo Perón.
Desde entonces se amplió también a la séptima hija mujer, sin que sea impedimento que intercalados entre los siete hijos de igual sexo hayan nacido otros del sexo opuesto.
Los avances femeninos siguieron, y otro decreto firmado en 1974 por la entonces presidenta María Estela Martínez de Perón, apenas 15 días después de la muerte de su marido, instituyó el "madrinazgo presidencial" para esos casos.
Lo cierto es que, más allá de las tradiciones y de las necesidades cambiantes, la institución del padrinazgo presidencial se mantiene a través del tiempo, como una forma de exorcizar el estigma que significaba ser "lobisón" y transformarse, según los caprichos de la luna, en un animal de pocos amigos.




