
La esencia humana
A propósito de un editorial de LA NACION
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En la página editorial de ayer LA NACION destacó un fallo de la Sala IV de la Cámara Nacional de Casación Penal por el que se reconoció a una persona adulta, posible hijo de desaparecidos, el derecho a oponerse -en el contexto de un juicio penal contra quienes considera sus padres- a que se extraiga compulsivamente su sangre con el objeto de entrecruzar su información genética con la obrante en los bancos de sangre de diversos grupos familiares.
Dentro de esa decisión, que el diario aplaude, se destaca un voto del que se infiere una filosofía esencialmente humanista, de contenido profundamente moral, destinado a garantizar la libertad en su sentido más abarcativo y relevante. Se trata del voto del juez Gustavo M. Hornos.
Previo reconocimiento de que el dilema no es de fácil solución ya que se trata de compatibilizar el derecho individual con el interés social en la eficacia de la justicia, Hornos señala que el derecho a la integridad personal abarca no sólo el cuerpo sino la psiquis y que en el caso no se trata de una perturbación ínfima sino de una penetración en lo más íntimo de la vida de la persona contra su voluntad expresa y válida, recordando las especialísimas y trágicas circunstancias por las que le tocó atravesar.
Así, supera el mero examen de la ley positiva para adentrarse en el estudio del sentido de los actos justos. Destaca que el Estado debe restringir el ejercicio de su poder con el objeto de no perjudicar a los individuos y con cita de Ulpiano y Aristóteles recuerda que el concepto de acción justa es la que no daña al otro.
Expone el juez con claridad la importancia de la dignidad del ser humano, destacando el valor de la elección libre en el desarrollo de la vida y la autonomía individual.
Recuerda Hornos que el valor de la persona humana ocupa un lugar prioritario y central en nuestro sistema constitucional que exige el respeto a las decisiones personales en la medida que no se afecte a terceros. Señala que la efectiva vigencia de los derechos en el ámbito social, con las condiciones para que sean accesibles para todos, es el contenido fundamental y básico del bien común y el fundamento de la autoridad.
Nos encontramos frente a un análisis destinado a perdurar, en tanto instala adecuadamente a la persona como el núcleo central de la democracia, de acuerdo con su libertad, su dignidad y sus derechos. La esencia humana.





