
La ESMA por dentro: un viaje sin escalas al corazón del horror
LA NACION recorrió el establecimiento
1 minuto de lectura'
Silencio, humedad en todas partes, penumbra, capas de pintura superpuestas que hablan de necesidades de otros tiempos y una ausencia total de elementos impactan al visitante que recorre el casino de oficiales de la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde durante la dictadura funcionaron simultánea y perversamente un centro clandestino de detención y la residencia de oficiales destinados en Buenos Aires.
Aunque sólo a partir del 1° de octubre del año próximo el Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos quedará habilitado al público, desde que fue transferido de la Armada al gobierno de la ciudad de Buenos Aires, el 24 de marzo de 2004, decenas de sobrevivientes y familiares de sobrevivientes o desaparecidos en ese centro de detención han transitado por el lugar.
Esas visitas han permitido recoger testimonios que, junto con declaraciones efectuadas en sedes judiciales y en innumerables publicaciones sobre los días de plomo que vivió la Argentina en los años 70, integran el relato del guía que acompaña a recorrer el emblemático casino de oficiales, la enfermería y el edificio principal de cuatro altísimas columnas blancas que siempre llevará el nombre que la hizo trágicamente célebre en todo el mundo.
Lo único que se ha sumado a los espacios que ya están en manos de la comisión bipartita responsable del Espacio de la Memoria -la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Ciudad- son 50 carteles con planos de las instalaciones, con modificaciones según pasaron los años y con testimonios de quienes estuvieron allí detenidos de manera clandestina.
La recorrida de la porción que hoy está habilitada para los visitantes especiales tiene una duración aproximada de tres horas si se es fuerte de espíritu.
Se inicia en el portón que da sobre la Avenida del Libertador a la altura de la calle Correa, uno de los accesos vehiculares por los que se estima ingresaban a los detenidos ilegales.
Sigue por delante del edificio de las cuatro columnas, donde en el futuro funcionará una exposición estable sobre la época, y se accede al casino de oficiales por el playón de estacionamiento trasero.
"Hacemos el mismo recorrido que habrían hecho quienes aquí estuvieron detenidos", relata Mariana, la guía que acompañó a LA NACION el miércoles último.
Se estima que por la ESMA, entre sobrevivientes y desaparecidos, pasaron 5000 personas, entre las cuales se cuentan las monjas francesas Alice Domon y Leonnie Duquet; Azucena Villaflor (fundadora de Madres de Plaza de Mayo); Sara Osatinsky; Ana María Martín; María Alicia Pirles; Alberto Girondo, y Juan Gasparini.
Sólo el ruido de un avión que aterrizará en el aeroparque porteño, ubicado a poco menos de mil metros de allí, y el movimiento vehicular de la Avenida del Libertador le darán un respiro al cronista y lo alejarán por unos instantes de la tragedia del relato que contrasta con la desnudez y el silencio del edificio.
"Se pueden establecer hipótesis porque no hay voces de parte de los militares que confirmen lo que declaran los sobrevivientes", cuenta Mariana al mostrar una maqueta en la cual se detalla cómo se acondicionó ese edificio para superar con éxito la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en plena dictadura.
Impacta observar que unos pocos escalones separan el sótano -centro de torturas, de fotografías y documentación falsa- de los salones principales -donde comían o se reunían socialmente los oficiales en actividad- y que entre el subsuelo y el último piso -donde se alojaba a los detenidos ilegales- había dos plantas de dormitorios, con aire de deslucido hotel para viajantes.
"Los Jorges"
Un cartel anuncia el sector de "Los Jorges", denominado así porque tres de los responsables de los grupos de tareas coincidieron en el nombre de pila -Vildoza, Radice y Acosta, hoy detenidos por violaciones de los derechos humanos ocurridas allí mismo-.
Parte de la actividad de ese lugar fue narrada por el ex capitán Adolfo Scilingo, arrepentido y condenado a cadena perpetua en España.
"Los Jorges", desde donde se supone se controlaba todo el movimiento represivo, tiene comunicación directa con "la casa del almirante", donde por aquellos días vivió con su familia el entonces subjefe de la ESMA, vicealmirante Rubén Chamorro.
En el último piso funcionaron la "pecera" -oficinas, biblioteca y hasta dos teletipos de recepción de servicios internacionales de noticias-, el "pañol grande" -depósito de enseres sustraídos en los operativos clandestinos-, "capucha" -donde dormían los detenidos ilegales en colchones sobre el piso, con los ojos tabicados y cadenas con grilletes en las piernas y donde se destinaron dos cuartos pequeños para alojar a embarazadas de más de seis meses de gestación- y "capuchita" -el sector más reducido de alojamiento de presos clandestinos que usaban otras fuerzas armadas o de seguridad o de los servicios de inteligencia-.
Aguda percepción
¿Cómo se sabe qué hubo en cada lugar si los detenidos estaban con capuchas o con los ojos vendados? "A falta de un sentido se agudizaban otros. Por ejemplo, un sobreviviente tenía contabilizados los pasos entre el lugar donde estaba alojado y donde trabajaba", responde Mariana a LA NACION.
Los detenidos destinados a la "pecera" gozaban del privilegio de verles la cara a sus guardias clandestinos.
"Esta era la oficina de Ricardo Cavallo [el marino hoy detenido en España a la espera de ser juzgado]", dice Mariana mientras señala las marcas de mampostería que quedaron en el piso y los clavos todavía adheridos a una estructura metálica del techo.
"Un sobreviviente nos contó que había allí un tabique de madera y nos sorprendió que descubriera los clavos en los perfiles metálicos. Nadie se había dado cuenta", añade.
La mujer muestra marcas rojas en algunas paredes y aclara que "fueron hechas por los arquitectos para estudiar cómo mantener el lugar". La humedad que azota al edificio es un peligro para conservar el lugar como mudo testigo del horror vivido en los 70.
Recorrida de un juez
El juez federal Sergio Torres efectuará esta semana una recorrida por las instalaciones del ex centro clandestino de detención que funcionó en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). El magistrado tramita la megacausa de la ESMA, en la cual hay más de 300 imputados por violaciones de los derechos humanos durante la dictadura. La visita que hará Torres a la ESMA, según anticiparon a LA NACION fuentes oficiales, tendrá como propósito recorrer el predio junto con algunos de los sobrevivientes que ya han declarado en la causa. Se estima que la inspección ocular confirmará declaraciones judiciales.




