
La ETA mató a un empresario que festejaba el carnaval
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MADRID, 11.- España atraviesa uno de los peores momentos en su larga historia de terror. Lo dijo con otras palabras el vicepresidente primero del gobierno, Francisco Alvarez Cascos, al darse la noticia de que la ETA había asesinado a las 11.50, en Tolosa, provincia de Guipúzcoa, al empresario Francisco Patxi Arratibel, de 44 años, casado, con dos hijos.
Un individuo con disfraz y máscara se acercó al empresario vasco que encabezaba una comparsa de su propia fábrica y le hizo un solo disparo en la sien derecha. Luego se alejó sin que nadie lo detuviera y presumiblemente subió a un vehículo estacionado muy cerca del lugar del crimen. Las informaciones de los detalles del atentado son confusas. La autoría en cambio no ofrece dudas: fue la ETA, que sigue matando en un "crescendo" alarmante el mismo día en que se realizaban los funerales de las dos víctimas de ayer: el magistrado Martínez Emperador y el empleado civil del Ejército del Aire, Puente Marín.
Francisco Arratibel era propietario de una empresa de cocinas industriales. Actuó como intermediario del secuestro de Emiliano Revilla por la ETA entre febrero y noviembre de 1988, que lo acusó de haberse quedado con medio millón de dólares del rescate mientras él aseguraba que había servido para pagar a un correo que llevaba dinero. En 1978 salió indemne de un tiroteo y el 22 de mayo del año último la ETA puso una bomba que no llegó a estallar en su empresa, ubicada en el polígono industrial de San Sebastián.
Su trabajo como intermediario en el caso Revilla hizo que el juez Carlos Bueren lo acusara de colaboración con la banda armada. Arratibel fue a la cárcel el 30 de marzo de 1990. El magistrado estimó que el empresario había actuado como puente entre la ETA y la familia de Emiliano Revilla con "ánimo de lucro ilícito". El sumario pasó luego a la competencia del Tribunal Superior del País Vasco porque también se procesaba al parlamentario "abertzale" (nacionalista) José María Elosúa.
En el juicio de 1994 Arratibel fue condenado por colaboración con la banda armada a dos años de prisión. Sin embargo, se tuvo en consideración lo que se entendió como único medio para facilitar la libertad del secuestrado. Pero Arratibel sabía que estaba en la mira de la ETA. Dijo en una ocasión: "Sé que cumple sus amenazas".
La junta de voceros del municipio de Tolosa (unos 20.000 habitantes) recomendó a la población suspender las fiestas de carnaval. La sugestión ha sido rechazada por las murgas y comparsas locales.
¿Un Estado inerme?
Proyectos hay muchos; coincidencias indispensables, pocas. Las tres muertes de ayer: las dos víctimas del terrorismo etarra y el dirigente de Herri Batasuna que se suicidó configuran, como dice en primera página El País, un panorama de todos los elementos del drama vasco. Hoy ese panorama siniestro se enriquece con una víctima más.
El magistrado asesinado ayer, Rafael Martínez Emperador, es el tercer juez del Tribunal Supremo víctima mortal del terrorismo. Lo precedieron Francisco Mateu, el 16 de noviembre de 1978 (ETA) y Miguel Cruz Cuenca (Grapo) el 9 de enero de 1979. Martínez Emperador no estaba en las listas halladas por la policía en guaridas de los etarras y carecía de guardia personal por desempeñarse en temas laborales en los que era un experto, pero absolutamente ajenos a los sumarios y juicios a miembros del partido político de la ETA, Herri Batasuna. Parecía libre de todo peligro pero eso mismo facilitó el trabajo de los asesinos.
En definitiva, no ha habido mayor diferencia con el atentado de Granada que causó la muerte de un humilde trabajador civil de la base aeronáutica de armilla que el monárquico matutino ABC coloca en primer término en su portada de hoy. Esas víctimas sin cargo alguno, gente de pueblo como la empleada de Rentería quemada viva por una bomba molotov de agitadores pro ETA, ponen en evidencia la brutalidad gratuita y sin sentido de una organización patológica que demuestra, eso sí, que cualquiera puede caer en cualquier lado y en cualquier momento víctimas de sus atentados envueltos en una ikurriña que ya no es roja, verde y blanca sino totalmente roja para estos mensajeros del miedo.
El asesinato de este mediodía, en cambio, arrastra una trayectoria turbia si, en efecto, Arratibel quiso hacer un negocio a costillas de la mafia etarra sellando así su destino.
Las condenas desde todos los sectores representativos de la magistratura (debemos aclarar que ayer, por error, hicimos presidente del Tribunal Supremo a Clemente Auger cuando en realidad lo es de la Audiencia Nacional) no consigue, con todo, evitar que subsista la inquietud por la inexistencia de un frente sólido de las fuerzas democráticas que conjugue con el gobierno una estrategia común para terminar con el terrorismo. Intereses electoralistas en los partidos políticos vascos que se mueven en una tierra abrumada por las amenazas y la muerte e intereses igualmente políticos enfrentados en los partidos de la órbita nacional demoran y traban acuerdos indispensables para acabar con el mayor peligro para las instituciones democráticas españolas: la ETA. Inclusive algún clero vasco tampoco auxilia gran cosa con sus vacilaciones en las condenas de los atentados cuando no velado apoyo a las exigencias terroristas.
El ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, enterado del nuevo crimen de la ETA, asumió el hecho evidente de una escalada minuciosamente preparada y mientras el líder de la oposición, Felipe González, reiteraba desde el Congreso la necesidad de una acción conjunta de todos los partidos, el hombre mejor calificado en los sondeos de todo el gobierno de Aznar insistía por su lado en proposiciones similares.
Añadía: "Lo que no puede hacerse es modificar actitudes del gobierno como respondiendo a un temor ante su capacidad ofensiva. Eso sería un error. Hacerles el juego. El gobierno no va a cambiar su política antiterrorista. No va a dialogar, no va a negociar con los violentos. Creemos en nuestras propias fuerzas y quienes asesinan, tarde o temprano, irán a la cárcel".
A pesar de todo no hay que olvidar, señor ministro, que en Tolosa, Guipúzcoa, la gente sigue bailando y cantando en las calles, festejando las fiestas del carnaval como si este mediodía no hubiese ocurrido nada.




