
La familia en campaña: una presencia decisiva para mantener el ritmo y "recargar las pilas"
El entorno más cercano de los candidatos juega su propio rol en la carrera a la presidencia; a la contención afectiva a lo largo de las semanas agitadas suman un despliegue sostenido para ayudar en la tarea de captar más votos
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Una presencia activa, con la mirada final puesta en el veredicto que mañana darán las urnas, mantiene en la campaña el núcleo familiar de los candidatos presidenciales.
Mientras Daniel Scioli (Frente para la Victoria) les asignó en los últimos años funciones concretas a sus hermanos y a su esposa Karina Rabolini, en el entorno de Mauricio Macri estiman que sólo una cosa le "cambia" la energía: la presencia de su esposa Juliana Awada y su pequeña hija, Antonia.
Sergio Massa, en tanto, le da más cabida partidaria a su familia política que a la propia. Así, su esposa Malena Galmarini es su columna vertebral, en lo afectivo y en lo político.
Karina, el arma de Scioli
La familia de Scioli fue una pieza clave en la campaña del candidato del Frente para la Victoria (FPV). Todos participaron, estuvieron a su lado y le pusieron el cuerpo a la campaña. Se trata del núcleo duro, del círculo más cercano, ese que lo acompaña todos los domingos en el almuerzo familiar en La Ñata, sin excepción ni excusas. Ahí están Karina Rabolini, su esposa y compañera durante tres décadas; sus hermanos, José, "Pepe" para todos, y Nicolás; su hija, Lorena, y su nieta, Camila.
"Todos saben el esfuerzo que he hecho para llegar hasta acá y cada uno a su manera busca ayudarme", dijo a LA NACION Scioli.
Cada uno tiene su función. Rabolini se convirtió en los últimos meses en una extensión de Scioli. "Me conoce como nadie", describió el gobernador. La presidenta de la Fundación Banco Provincia recorrió el país y ofició de vocera estrella. Habla con gobernadores e intendentes en su nombre. "Es su arma letal", manifestaron desde los despachos de la entidad.
"Después de 30 años de estar juntos, en los que Daniel estuvo al lado mío en cada uno de los proyectos que encaré, inclusive en el período donde estuvimos separados, no podía dejar de acompañarlo y colaborar en el desafío más grande que ha encarado en su vida", manifestó Rabolini, que no aspira a ocupar un cargo en caso de que Scioli sea elegido presidente.
José Scioli, a cargo de la fundación Desarrollo Argentino (DAR) -el think tank sciolista-, es el encargado de "recoger" información. Además, por su perfil, "Pepe" se convirtió en un interlocutor habitual para aquellos que quieren llegar o llevar un mensaje al gobernador. "Si hasta hoy era «hablen con Julio» [De Vido], si Scioli llega a la Presidencia será «hablen con Pepe»", graficaron algunos empresarios que atravesaron con éxito la experiencia.
Nicolás, el menor de los hermanos, es el de perfil más técnico. Administrador de empresas con una maestría en Gestión de la Comunicación, actualmente vicepresidente del Grupo Provincia, es el más formado de los hermanos. "Daniel le pide a él que estudie las cuestiones técnicas", contó un allegado a los Scioli.
La última en sumarse a la campaña fue Lorena, su hija, a quien el mandatario provincial tardó en reconocer 15 años. "Lo hace desde ese rol", contó Scioli, que la incitó para que se pusiera a trabajar con la primera infancia y los lactarios.
"Es el perfil más humano de la campaña", aseguraron desde el equipo de campaña del ex motonauta.
Sólo una persona que no lleva el apellido logró sumarse a ese reducido grupo, Lautaro Mauro, amigo de confianza y asesor todoterreno. El propio Scioli lo describió como "un integrante más" de su familia en su libro. Muy compinche de José Scioli, padre del candidato, Mauro también mantuvo una relación sentimental con Lorena. Hoy es una referencia natural del mundo Scioli.
Un solaz para Macri

La maratón de recorridas, actos, conversaciones en plena calle y viajes de campaña terminan agotando a Mauricio Macri en más de una ocasión. Pero encuentra su compensación en la compañía de su esposa Juliana y su hija Antonia.
"Cuando no están ellas termina muchas veces enojado o agotado. Con ellas no hay forma en que él esté de mal humor", grafica uno de los colaboradores más cercanos de Macri, que lo acompaña en los viajes por el interior.
Con bajo perfil para los medios -sólo se la vio en algún acto puntual reemplazando a su marido, como la comida de Conciencia-, Juliana aporta la tranquilidad y paz que escasean en tiempos de campaña. Y aflojan al candidato no sólo durante las recorridas, sino también en los pocos momentos libres que tiene el candidato. Esos en los que, como describió a LA NACION en una reciente recorrida por Córdoba, se siente "en libertad condicional". Antonia, que cumplió cuatro años esta semana, le grabó un mensaje de texto, en el que le decía que lo "esperaba" y que fue viralizado por el comité de campaña.
En la mesa de campaña asignan especial importancia a la "contención" del candidato en sus momentos de ocio, por parte de sus amigos de siempre. Los partidos de fútbol en su quinta Los Abrojos, dónde supieron jugar Diego Maradona, Ricardo Darín, Marcelo Tinelli y Norberto Alonso, y los de paddle son casi religiosos los sábados por la tarde. Daniel Awada, hermano de Juliana; el apoderado partidario José Torello y el actor Martín Seefeld suelen participar de esos partidos, donde Macri "todavía se defiende", según un amigo cercano. El jefe de gobierno todavía recuerda con bronca el gol que no fue: un pase de Maradona hacia él que Darín interrumpió con el arco vacío, hace más de dos décadas.
Hablar de fútbol es también para Macri una distracción. Las idas y venidas de Carlos Tevez en Boca Juniors, o su relación cercana con Javier Mascherano fueron parte de las charlas entre acto y acto, al igual que los debates sobre jugadores y resultados, dónde intervienen su vocero Iván Pavlosky y el ministro de Gobierno, Emilio Monzó, entre otros.
El rol del resto de la familia es acotado. Gianfranco, uno de sus hermanos, lo acompañó en una recorrida reciente por Río Negro y Neuquén, pero fue más una excepción que una regla. Macri tiene una relación de afecto a la distancia con dos de sus tres hijos mayores: Agustina, que con 34 años forma parte del equipo del cineasta Oliver Stone, y Gimena. "Me hago que no me preocupa, pero ni novio tiene", bromeó con lógica de padre en un acto reciente y en relación con su hija mayor.
Con mamá Alicia, que vive en Bella Vista, "está todo bien". ¿Y con Franco, su padre? "Se vieron poco en esta campaña, pero ya no hay peleas entre ellos", cuentan a su lado, rogando porque el vínculo se mantenga tranquilo.
Política en la casa de Massa
La familia en la que nació y se crió Sergio Massa nunca se metió en política. No milita, ni se esfuerza por acercarle opiniones a su hijo. Su familia política, en cambio, le hace honor a la etiqueta, y lo viene haciendo en el PJ desde antes que naciera el candidato presidencial del frente UNA. Entre esos dos mundos se escurre la vida familiar del candidato: los Massa-Cherti, y los Galmarini-Durrieu.
En el medio de ambos grupos familiares y cumpliendo las dos funciones -la afectiva y la política- está Malena Galmarini, la esposa de Massa, madre de sus hijos Milagros y Tomás, y su primera línea de contención. Es también la funcionaria que maneja un tercio del presupuesto de Tigre, desde la secretaría que coordina las escuelas, hospitales y la acción social del municipio.
Lejos de un rol protocolar, Galmarini viene de una militancia peronista anterior a su relación con Massa. Prefiere que la encasillen en la condición de funcionaria-militante y su imagen se convirtió en un activo de la campaña. Es la primera candidata a concejal en Tigre y una socia eficaz para su marido en las entrevistas televisivas: dice en pocas palabras, a veces de manera descarnada, lo que Massa no se anima a pronunciar.
Los padres de Massa llegaron desde la Italia de la posguerra. Lucía Cherti, "Lucy", su madre, llegó con 7 años, desde Trieste. Alfonso Massa, "Fofó", vino con 11 años, de Sicilia. Él y sus cinco hermanos empezaron como albañiles. No pudo terminar la secundaria, pero terminó montando una constructora que les dio a sus dos hijos, Sergio y Liliana, una vida de clase media posicionada. Ninguno de ellos se mete en política ni en discusiones ideológicas con el hijo.
La historia es bien distinta con los suegros de Massa: Fernando Galmarini y Marcela Durrieu, dos militantes de la JP bonaerense que fueron parte de Montoneros y, con el regreso de la democracia, escalaron posiciones en la función pública. Con Carlos Menem, Galmarini fue secretario de Deportes. Durrieu, diputada nacional e impulsora de la ley de cupo femenino.
"Marcela tiene voz en las propuestas de género del Frente Renovador, pero su lugar político es en San Isidro", dice Massa para valorar y a la vez tomar distancia de su suegra, opositora feroz del intendente Gustavo Posse, al que denunció penalmente cuando todavía era parte del Frente Renovador.
Quien emergió como "líder" es Sebastián Galmarini, hermano de Malena y senador bonaerense. Durante años, en Tigre hicieron malabares para explicar su rol político, temerosos del juego propio del "Patito" y pese a que llegó a participar en reuniones clave, en 2013, cuando el sciolismo amagaba con enfrentar a Cristina Kirchner. Pero eso cambió este año, cuando Massa no paraba de sufrir fugas de sus aliados. "Sebastián entendió su rol en el momento de mayor crisis", dicen hoy en Tigre. Le reconocen los kilómetros recorridos y le adjudican los contactos para que Massa volviera a pisar pantallas ultraoficialistas, como C5N.
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