La interna de los espías y la muerte de "el Lauchón"

Gerardo Young
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14 de julio de 2013  

Al caer sacudido por las balas de la Policía en el baño de su caserón de Moreno, Pedro Viale dejó tras de sí 36 años dedicados al espionaje oficial, una historia repleta de inquietantes momentos y un apodo por el que será recordado entre sus colegas: "el Lauchón". ¿Fue su muerte un ajuste de cuentas? ¿Fue el final inexorable de una vida fabricada entre los peligrosos márgenes? Es posible que pocas certezas queden bajo su cadáver, pero su caída comprueba la decadencia y e l desgobierno de la Secretaría de Inteligencia.

La noticia impactó esta semana como un aparente hecho policial. Agentes de elite del Grupo Halcón de la bonaerense ingresaron en la quinta Viejo Pancho, en el barrio La Reja. Los diálogos que se escucharon por handy policial confirman que sabían a quién buscaban. "Cuidado, es un hombre de la SIDE y está armado", se dijo. La redada, contra una banda de estafadores de escrituras y posible narcotráfico, incluía otros 17 allanamientos. Pero sólo para éste hubo semejante despliegue, con policías encapuchados, armas largas, chalecos y el ingreso a escondidas. Tal como se esperaba, hubo respuesta del dueño de casa, un fanático de las armas, pero con poco talento para el disparo. El saldo es conocido: un policía herido; "el Lauchón", con cuatro tiros en el cuerpo, muerto a los 59 años.

Para indagar en esta historia, relatada por fuentes de la propia Secretaría, hay que viajar en el tiempo. Al año 1977, cuando un joven de tez morena ingresaba por primera vez en la SIDE. Entró al plantel de ordenanza, en la categoría más baja del personal secreto (B2, IN10) y fue destinado al edificio del Correo Argentino, donde llevaba y traía encargos. Ya tenía nombre de fantasía (el agente Vélez), cuando ascendió a un puesto más delicado, con la tarea de revisar, también en el Correo, los sobres de la encomienda privada que algún militar consideraba sospechosa. Cuentan en la SIDE que fue en ese lugar donde conoció a su compinche Raúl Martins, más tarde convertido en dueño de prostíbulos desde Buenos Aires hasta México. De su relación con Martins -denunciada por la hija del "empresario"-, quedarían para siempre la pasión compartida por el whisky, las mujeres, la noche y las cámaras ocultas. En los ochenta tuvo un golpe de suerte. Conoció a Horacio Stiuso, el famoso Jaime, entonces un ascendente estudiante de ingeniería que ganaba prestigio en el área de Contrainteligencia por su capacidad para "pinchar" teléfonos. Jaime se lo llevó a trabajar con él y fue a su lado donde el agente Vélez se ganó el apodo de guerra que mantuvo hasta el final: "el Lauchón", dúctil para hurgar en lo ajeno.

El área de Contrainteligencia es básicamente operativa. Y de riesgo. Y de sutil contacto con el delito. Hombres con nombres de fantasía, con armas y autos no registrados, y con presupuestos millonarios se mueven entre malandras a la pesquisa de contrabandistas, narcotraficantes o supuestos terroristas.

En sus 23 años como agente de la base secreta de la calle Estados Unidos (en la zona de Once), "el Lauchón" se jactó de una vida nocturna sin límites que lo hizo deambular entre suites cinco estrellas y albergues de mala muerte. Un agente obediente a la jerarquía, pero también altanero y con mucha calle. Se infiltró en bandas y se mimetizó con ambientes peligrosos. Por temporadas también se lo asignó a custodias de riesgo -Eduardo Menem, Domingo Cavallo- y a la cotizada base de la SIDE en el aeropuerto de Ezeiza, una delicada puerta VIP de acceso y egreso de lo que se les cante. Su último cargo fue el máximo al que puede aspirar un hombre con secundario completo: C2-IN6, por lo que recibía un sueldo de 12.000 pesos más otro tanto de viáticos y adicionales. Pero "el Lauchón" no era de los que ahorran: siempre prefirió su casaquinta de Moreno, cerca del barrio donde se crió, una opción más recatada que los countries a los que se mudaron varios colegas.

En los pasillos del espionaje, en estas horas, se habla sobre su relación con Jaime, director general de Operaciones y el espía más poderoso. Es cierto que fue una de sus principales manos y eso alimentó versiones que señalaban a su muerte como un ajuste contra Jaime, enfrentado en por lo menos dos internas dentro del organismo, la más conocida contra Fernando Pocino, otro peso fuerte de Secretaría. Las fuentes más certeras aseguran que "el Lauchón" había perdido la confianza de Jaime, sólo ellos sabrán por qué. ¿Quizá por eso nadie le avisó que lo estaban investigando? ¿Quizá por eso lo estaban investigando?

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