
La justicia se escribe con distintas letras
Todas las balas matan por igual, sean de derecha o de izquierda, disparadas por autoridades o por terroristas; pero algunos criminales reciben más castigo que otros.
El mundo es el fruto de su historia: en el siglo XX los países decidieron que los atroces crímenes del nazismo nunca deberían ser olvidados y, por eso, en 1968, cuando se acercaba la fecha en que comenzarían a prescribir, se celebró la Convención sobre Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de Lesa Humanidad. A partir de entonces, los tratados establecieron que el Estado tiene derecho a perseguir, sin límite de tiempo, esos delitos cuando son cometidos por funcionarios públicos.
No hay duda de que los crímenes de los funcionarios alemanes contra una cultura indefensa merecían el mayor de los castigos. Pero luego hubo otros conflictos donde el Estado exterminó a grupos guerrilleros, es decir, a quienes tomaron las armas contra sus semejantes. Es correcto castigar a los funcionarios del Estado que encarnaron la represión ilegal, pero ¿está bien exonerar de toda responsabilidad a quienes ya no actuaron como un pueblo indefenso, sino que también tomaron armas, torturaron y mataron?
Entre los muertos de los 70 hubo muchos ciudadanos inocentes que sostuvieron ideas de izquierda injustamente censuradas; pero también hubo victimarios. Nunca el terrorismo común será tan grave como el terrorismo de Estado y, por cierto, los terroristas no merecieron morir ni ser torturados. Pero, quienes delinquieron, ¿son completamente inocentes?
Segun la letra de los tratados y según los fallos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y de la Corte argentina, los delitos de lesa humanidad cometidos por funcionarios públicos nunca pueden ser indultados ni amnistiados. Pero no establecen lo mismo respecto del terrorismo común. Y la Corte, en el caso Lariz Iriondo, decidió que los delitos cometidos por un terrorista español en su país habían prescripto y rechazó la extradición. Por eso, los subversivos de los 70 no corren el riesgo de volver a ser juzgados. Será injusto, pero es así.
El mundo, sin embargo, siguió cambiando y el siglo XXI se i- nauguró con los atentados cometidos por Al-Qaeda en los Estados Unidos. No hay aún tratados que declaren imprescriptibles los crímenes del terrorismo internacional, pero se puede interpretar que, cuando es financiado por un Estado, cae en la letra de esos tratados. El mundo avanzará hacia eso. En cambio, hay menos consenso para reprimir el terrorismo interno.
El terrorismo de Estado, el interno y el internacional, hoy por hoy, reciben distinto castigo.





