La ONU no controlaba el embargo a Croacia

Emilio Cárdenas dijo que el organismo carecía de medios; diferencias con Di Tella
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14 de diciembre de 1998  

El embargo de armas de las Naciones Unidas (ONU) contra Croacia durante la guerra de los Balcanes, que los envíos argentinos violaron entre 1991 y 1995, no era controlado por esa organización.

Así lo afirmó a La Nación Emilio Cárdenas, ex embajador argentino ante la ONU, que en 1995, como presidente del comité de sanciones del organismo, era el encargado de hacer los controles.

Esta situación era bien conocida por el mundo diplomático y, por lo tanto, el argumento del canciller Guido Di Tella, según el cual la Argentina se "autodenunció" ante la ONU apenas supo del llamado desvío ilegal de las armas hacia Croacia, "distorsiona la imagen de lo que fue el comité", afirmó Cárdenas, un conocido crítico del jefe del Palacio San Martín.

El mecanismo utilizado para estas denuncias consistía en que la investigación era remitida al país involucrado, en este caso Croacia.

Mecanismo ineficaz

"En este caso en particular, había un buque de bandera croata. Por lo tanto, la pregunta se iba a hacer al país del pabellón, es decir a Croacia", indicó Cárdenas.

De hecho, recordó el ex embajador ante la ONU, "hubo una presentación por nota para informar al comité y esa nota fue girada a Croacia. La guerra terminó antes de que Croacia respondiera. Pero, ¿qué podía esperar usted de la contestación de Croacia?" Según el embajador, "el mecanismo era ineficaz. Era notorio que cuando usted le pedía al país que era objeto del embargo de armas que investigara lo que iba a hacer era arrastrar los pies todo lo que podía y usar la mala fe para dilatar el resultado".

Según Cárdenas, el comité "no tenía los funcionarios para ejercer su propia policía, ni capacidad de investigación". Esto no ocurría con el embargo económico, para el cual, dijo, "lo que yo pedía, Europa me lo daba".

Por su parte, voceros de la Cancillería rechazaron estos argumentos y aseguraron que un informe pedido a a la ONU muestra que unas 15 a 20 embarcaciones eran examinadas cada semana por los barcos que bloqueaban a la ex Yugoslavia y que, al menos, "unos 15 o 20 barcos" fueron expulsados de la zona por llevar armas.

Entre ellos no figuraba ninguno de los mencionados en la investigación judicial impulsada por el fiscal federal Carlos Stornelli como transportistas de las armas argentinas, dijeron las fuentes.

"Esto demuestra que el control se ejercía", enfatizó el vocero, quien no comentó la observación de La Nación de que esta revisión se aplicaba sobre los barcos que se dirigían a puertos empleados por los serbios.

También defendió la autodenuncia de la Argentina, por cuanto fue girada "a todas las representaciones en la ONU solicitando el aporte de información que pudiera tener" y "no hubo ningún aporte referido a esta autodenuncia". Por último, dijo que la Federación Yugoslava (Serbia-Montenegro) denunció a unas 80 empresas de unos 15 países por enviar armas a croatas y bosnios, hecho que no incluyó a la Argentina.

"Sólo hubo denuncias periodísticas en diarios yugoslavos, que fueron desmentidas por la representación argentina allí, previa consulta con el Ministerio de Defensa", explicó.

Sin embargo, investigaciones parlamentarias norteamericanas demostraron que los Estados Unidos permitieron el ingreso de armas a Croacia para desbalancear el poderío militar serbio.

Según Cárdenas, había razones de índole moral: la ONU no podía garantizar la seguridad de la población civil croata y bosnia, a la que el embargo privaba de armarse. Observadores de todo el mundo coinciden en que, por ambos motivos, el contrabando de armas fluyó sin contratiempos durante los cuatro años que duró la guerra. Los mismos cuatro años en que ocurrieron lo que el gobierno argentino llama "desvíos ilegales".

Cárdenas descubrió esta y otras verdades gracias a los satélites. Cuando presidía el comité de sanciones, sabía por medio de ellos qué cargamentos de comida, medicamentos o hasta símbolos religiosos intentaban cruzar la vieja frontera yugoslava, y podía aplicar a rajatabla el embargo económico. Pero cuando intentaba que esos mismos satélites le informaran sobre embarques de armas, no obtenía respuesta.

¿Por qué? La respuesta se la dieron los mismos satélites.

En una sesión, los embajadores reconstruyeron horrorizados, imagen por imagen, la masacre de un pueblo y su entierro colectivo: la llegada de los camiones, la remoción de la tierra, la huella de los transportes y, finalmente, la fotografía infrarroja de los huesos bajo tierra.

"Orden moral"

"Había una discusión política de orden moral -resumió Cárdenas-. El Consejo de Seguridad dispuso el embargo de armas y asumió en contrapartida una suerte de compromiso que iba a ser efectivo en la protección de aquellos que quedaban sin protección porque no tenían ejército. Ahora tenemos un tribunal internacional investigando el genocidio, precisamente, por este error conceptual", se quejó.

La soterrada oposición de importantes miembros del Consejo de Seguridad, como Francia, Gran Bretaña o los Estados Unidos, convirtió en inoperante una medida votada en 1991 y que no pudieron revertir por el amenazante veto de Rusia y de China.

"Los rusos y los chinos fueron muy hábiles con el embargo, y los americanos y los europeos no vieron cuáles iban a ser las consecuencias prácticas de una generalización regional del conflicto -opinó Cárdenas-, porque no midieron quién se había quedado con las armas y cazaba, y quién no tenía armas y en consecuencia era cazado."

"Realmente -protestó-, dejaron a más de un pueblo a mansalva."

Cárdenas no lo dice, pero con este argumento la administración de Bill Clinton explicó ante el Congreso norteamericano por qué había dejado pasar embarques de armas iraníes y de otros países -entre ellos la Argentina- hacia Croacia y Bosnia-Herzegovina.

Como explicó el entonces embajador norteamericano en Croacia, Peter Galbraith, el gobierno de Clinton "sintió que el embargo era fundamentalmente equivocado, que acabó en una situación en la que los agresores, los bosnios-serbios que tenían todas las armas, estaban en condiciones de atacar ciudades, pueblos, emprender una "limpieza" étnica con impunidad, mientras las víctimas eran dejadas sin defensa, porque no tenían acceso a las armas de la vieja Yugoslavia".

"En los hechos -remató ante una comisión, el 30 de mayo de 1996-, desde el 20 de enero de 1993, no estábamos urgiendo a otros países a aplicarlo."

Tercero en cuestión

El gobierno norteamericano no quería asumir la responsabilidad de violar unilateralmente el embargo mediante una acción encubierta que las leyes de su país admiten.

Las razones eran varias. Primero, había que informar al Congreso, de mayoría republicana, una estrategia que podía filtrarse. Segundo, según explicó el enviado especial Charles Redman ante el mismo Congreso, en 1996, los europeos habían amenazado con llevarse sus tropas de cascos azules si armas norteamericanas entraban en el conflicto.

Por último, era un mal precedente para otros embargos que interesaban a los EE. UU., como los aplicados a Libia e Irak. La solución fue dejar que terceros países, aliados como la Argentina y no aliados como Irán, se ocuparan de la tarea.

Las leyes norteamericanas son muy precisas en esta materia y el Congreso suele ser estricto en su aplicación.Pero ello no se aplica a la maniobra por intermedio de terceros: los parlamentarios no consiguieron incluir bajo el rótulo de "acciones encubiertas" las sugerencias a terceros países para que actúen en beneficio de la política norteamericana.

El entonces presidente George Bush vetó la reforma en 1991, el mismo año en que comenzaron los embarques argentinos a Croacia.

El aliento de los diplomáticos norteamericanos a croatas y bosnios musulmanes a armarse en terceros países era de tal nivel que la propia Agencia Central de Inteligencia (CIA) llegó a pensar que la administración Clinton había puesto en marcha una operación encubierta para armar a bosnios y a croatas. Así, la agencia inició un estudio para comprobar si su gobierno había decidido hacer lo mismo.

La tarea fue encargada a la Intelligence Oversight Board, un contralor independiente, que concluyó en que no se había violado la ley. Pero un informe del Senado norteamericano, en 1996, reportó que en varias ocasiones funcionarios norteamericanos sugirieron a los croatas que buscaran armas donde fuera.

Como dijo otro enviado de los Estados Unidos, Richard Holbrooke: "Cuando el paciente está en el aparato que lo mantiene con vida, uno se asegura, primero, de que el oxígeno llegue hasta el paciente. Después, se preocupa por la fuente del oxígeno".

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