La ortodoxia retuvo el poder en las elecciones de la AMIA
Beneficiada por la división de laicos y religiosos liberales, el Bloque Unido Religioso extendió otros tres años el control de la mutual judía
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Con dos años de demora como consecuencia de la pandemia, la AMIA volvió este domingo a elegir sus autoridades. Esta noche, en un contexto de fuerte paridad entre el oficialista Bloque Unido Religioso (BUR), que intentaba extender su dominio de 14 años al frente de la mutual judía, y la oposición, el oficialismo pudo finalmente ganar los comicios y manejará la mutual judía hasta 2025.
Al igual que en comicios anteriores, sus chances se potenciaron por la división de los sectores laicos y religiosos liberales, que tuvieron representantes en las otras dos listas, Una AMIA y Somos AMIA, que participaron de la elección.
Más de 9300 socios, tres mil más que en las elecciones de 2017, llegaron a votar en 23 establecimientos comunitarios de todo el país. En un contexto de alta polarización entre las dos listas más votadas, y en un conteo que se extendió hasta la medianoche, el BUR superó el 53 por ciento de los votos, contra el 36 por ciento de Una AMIA y poco más del 8 por ciento para Somos AMIA. Con la llegada del rabino Samuel Levin, líder espiritual del BUR, a la sede de la calle Pasteur al 600, comenzaron los festejos del sector religioso.
La entidad mutual viene sosteniendo una dura puja con la DAIA, representación política de la comunidad, que entre otros puntos de divergencia con el kirchnerismo apeló el fallo que dejó libres de culpa y cargo a la vicepresidenta Cristina Kirchner, el senador Oscar Parrilli y otros exfuncionarios en la causa por la firma del memorándum con Irán, sindicado como autor intelectual y apoyo para los perpetradores de los atentados terroristas contra la embajada de Israel, en 1992, y la AMIA, de julio de 1994, que destruyera el edificio comunitario de Pasteur al 600 y dejara como saldo 85 muertos.
“La causa judicial por el atentado y la posición frente al Gobierno no fueron parte de la campaña electoral”, contestaron desde la conducción de la entidad comunitaria. “La AMIA va a ganar porque hay elecciones. Después de años de pandemia y un mandato prorrogado por circunstancias extraordinarias tenemos la posibilidad de renovar autoridades”, afirmaba a LA NACION el presidente de la AMIA, Ariel Eichbaum.
“Convocamos a la participación porque eso vigoriza la acción de la institución, el reclamo permanente de justicia, el aporte a la sociedad civil en la lucha contra la pobreza y por la igualdad”, agregó el titular de la entidad, cuyo sucesor –la elección del titular de la AMIA es indirecta– sería ser el expresidente y empresario Guillermo Borger, quien en 2008 inaugurara la serie de gestiones de la ortodoxia al frente de la mutual. “Si ganara otra lista sería un retroceso para la comunidad”, sugerían desde el bloque ortodoxo horas antes de los comicios.
Desde Una AMIA, que nucleó a más de 40 instituciones del judaísmo liberal, escuelas e instituciones sociodeportivas, quedaban a las puertas de un triunfo que finalmente no llegó. Antes de los comicios creían que ya era tiempo de cambiar de conducción. “La gente pide un cambio, después de 14 años hace falta salir de la inercia actual”, afirmaba a este diario Mario Ruschin, dirigente comunitario y candidato a presidente de la que terminó siendo la principal lista opositora.
Mientras criticaba que “la mujer y las corrientes religiosas no ortodoxas no tienen lugar en la AMIA”, Ruschin aseguraba que, de ganar la elección, dejaría a la DAIA la representación política de la comunidad, “porque no nos interesa tomar ese lugar”.
Agustín Zbar, antecesor de Eichbaum, debió renunciar a su cargo en febrero de 2019, en medio de la polémica, luego de pedirle públicamente a la DAIA que se retirara de la querella contra la hoy vicepresidenta. Por continuar con esa querella, el presidente de la entidad, Jorge Knoblovits, sufrió más de dos años de indiferencia, algún desplante y frialdad desde Balcarce 50.
La tercera lista en carrera fue Somos AMIA, conformada por la unidad de los históricos partidos sionistas como Likud (centroderecha), el laborismo y los sionistas renovadores, que postularon al también experimentado dirigente Mario Sobol como presidente.
Mientras desde la ortodoxia decían respetar “a todas las listas por igual”, Ruschin anticipaba que los integrantes de esa tercera lista “solo quieren confundir a la gente”, y compartía la idea generalizada de que esa presentación era “funcional” a los intereses de continuidad de la ortodoxia en el poder de la mutual comunitaria.
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