La red de espionaje de la AFI en el conurbano llegó a desplegar más de 70 agentes

Majdalani y Arribas, de la AFI, junto a Marino en el Senado
Majdalani y Arribas, de la AFI, junto a Marino en el Senado Fuente: Archivo
Operó durante unos meses hasta que enfrentó críticas del gobierno de Vidal; debía investigar el narcotráfico
Hugo Alconada Mon
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20 de mayo de 2019  

Más de 70 agentes integraron la red de espionaje que la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) desplegó en la provincia de Buenos Aires para investigar los vínculos entre ciertos intendentes del conurbano, los narcos y la policía bonaerense, según surge de los testimonios coincidentes de algunos de esos integrantes que accedieron a dialogar con LA NACION durante las últimas semanas.

La AFI reclutó a esos agentes entre efectivos retirados y exonerados de la policía bonaerense y exespías de la Secretaría de Inteligencia (exSIDE) y reactivados por la gestión de Gustavo Arribas y Silvia Majdalani, como también oficiales retirados del Ejército.

Desplegados en algunos de los lugares más conflictivos del área metropolitana que rodea a la ciudad de Buenos Aires (AMBA), esos agentes trabajaron durante unos pocos meses. Prescindieron de sus servicios tras un cortocircuito entre el ministro de Seguridad bonaerense, Cristian Ritondo; Arribas, y Majdalani. Pero algunas "bases" continúan operativas para otras tareas del organismo de inteligencia, según reconstruyó LA NACION.

"Nos pidieron que nos dedicáramos a recolectar información, pero sin participar en operativos ni 'chupar' teléfonos y esas cosas, ni hacer análisis. Nos teníamos que limitar a buscar datos y entregar nuestros informes a los coordinadores", indicó un exoficial de la policía bonaerense que reclutó la AFI.

Los agentes reclutados por "la empresa" -como llamaban a la AFI- se distribuyeron en las "bases" montadas por el conurbano. Así, por ejemplo, siete se ubicaron en el primer piso de una casa de Isidro Casanova que en la planta baja albergaba a una delegación del PAMI, aunque en la mayoría de las "bases" había entre cuatro y seis agentes y, en contados casos, incluso menos. Como en Ezeiza, donde habrían trabajado solo tres espías.

Cada una de esas bases contaba con un responsable directo. La de Pilar, por ejemplo, quedó a cargo de un capitán retirado del Ejército. Quilmes, Ezeiza, La Matanza y Morón, entre otras, fueron lideradas por antiguos policías bonaerenses. Y La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca quedaron bajo el control directo de la propia AFI y siguen operativas en la actualidad.

Cada uno de esos responsables de las bases, a su vez, recibía órdenes y debía enviarles sus informes a dos "coordinadores" cuyos nombres ya salieron a la luz: el exjefe de policía Daniel Salcedo y el comisario general (retirado) Vicente Melito.

Tanto Salcedo como el Tano Melito, en tanto, respondían a las órdenes directas del coordinador general de la AFI para el AMBA, Pablo Pinamonti, un alto funcionario del organismo de inteligencia vinculado a Daniel Angelici que tras el cierre del programa pasó a trabajar en otra área de la ex-SIDE.

"Salcedo estaba a cargo de las 'bases' de San Martín, Pilar y Morón, entre otras, mientras que Melito se encargaba de La Matanza, Ezeiza y Quilmes", rememoró otro informante a LA NACION, bajo condición de mantener en reserva su identidad. Todos los consultados coincidieron en que las órdenes que recibieron eran concentrarse en las ventas ilegales de drogas y armas en el conurbano. Y que muy pronto comenzaron a surgir datos sobre efectivos de la policía bonaerense y de la Gendarmería involucrados en esos negocios ilegales, como también pistas sobre los "sobres" que "subían" hacia la política municipal y provincial. (Ante la consulta de LA NACION, un vocero de la AFI se negó a confirmar o desmentir lo ocurrido en la provincia de Buenos Aires, ya que las actividades de los espías son secretas por ley).

Las quejas entre los exagentes, sin embargo, son recurrentes. Entre otros motivos, porque afirman que fueron víctimas de una "operación política" con la gobernadora María Eugenia Vidal como protagonista involuntaria. "Nunca 'caminamos' a Vidal o a Ritondo. ¡Eso no es cierto!", se indignó uno de los exagentes. "Lo que sí es cierto es que había 'info' contra la gente de Ritondo. Eso sí. Y Ritondo se enteró y lo fue a ver a Arribas a quejarse de que los estábamos caminando", completó, aunque ante el pedido de LA NACION se negó a entregar copias de esos supuestos informes de inteligencia.

Junto a Ritondo, sin embargo, rechazaron esa posibilidad. "Eso no es cierto. Es una 'opereta' más de estos tipos que estaban en la 'joda' antes, durante y después de este proyecto de la AFI, como demuestra esa oficina de Puerto Madero donde estaban D'Alessio [Marcelo] y varios policías", indicó un colaborador del ministro de Seguridad bonaerense.

Con salarios que llegaban a los $50.000 por mes -pero con recibos emitidos con nombres falsos-, los exagentes defendieron sus informes, criticados desde el Ministerio de Seguridad bonaerense y desde el Ministerio Público Fiscal nacional ante la consulta de LA NACION. Por separado, ambos sectores los calificaron de "irrelevantes", "refritos" y "nada valiosos".

"Nosotros fuimos los que detectamos que el secretario de Seguridad de La Matanza cobraba $300.000 por mes del negocio de las drogas", indicó un informante, en alusión a Carlos Orsingher, quien renunció al cargo en octubre de 2017 por sus supuestos lazos con una banda de secuestradores conformada por efectivos de la policía local que llegó a raptar a un narco paraguayo.

También en La Matanza los exreclutas de la AFI afirman que detectaron cómo efectivos de distintas fuerzas de seguridad pasaban a recaudar de los narcos que dominan Puerta de Hierro, una de las villas más peligrosas del conurbano.

Las quejas de los exagentes se multiplican. "Para entrar nos sometieron a tests psicológicos y a detectores de mentiras y después solo teníamos máquinas de fotos para laburar y enviábamos los informes por Telegram", indicó uno de los exagentes.

"Hacíamos mucha búsqueda por internet y nos mandaban a analizar cómo se financiaba la política en los distintos municipios", graficó otro.

Entre otras órdenes, indagaron en la posible venta de las bolsas de alimentos que el Estado reparte en zonas carenciadas. También, el destino del dinero que se recauda por el estacionamiento medido en varias ciudades del conurbano. Ese fue, según ellos, el principio del fin. "Empezamos a detectar que gente de Cambiemos hacía mal las cosas. Por ejemplo, en Quilmes".

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