La tarea de perdonar lo imperdonable

Héctor Ricardo Leis
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18 de mayo de 2013  

Sería posible imaginar que desde 1930 la mayoría de los militares argentinos fuese golpista, pero sería imposible pensar que todos fuesen potencialmente genocidas. Su comportamiento en los años 70 debe ser explicado a partir de acontecimientos en los cuales participará, de un modo u otro, el resto de la sociedad argentina. ¿Por qué esta verdad tan obvia todavía no se acepta?

Como comenta Tzvetan Todorov: "La diferencia entre verdugos y víctimas no reside en la naturaleza biológica de los individuos, no existe un código genético específico de los asesinos. (...) Sin embargo, nos cuesta bastante aceptar la identidad de naturaleza entre los grandes asesinos y nosotros. Preferimos pensar que Hitler o Mao [o Videla] son monstruos extraños a la especie humana y fingimos más incomprensión de la que sentimos en realidad".

Jacques Derrida define el perdón como la tarea imposible de perdonar lo imperdonable. A pesar de eso, él admite la posibilidad del perdón, perturbando así el curso previsible de la historia. Aun reconociendo que el perdón tiene un lado que puede relacionarse con la ley y la política, existe otro lado absolutamente íntimo y secreto que no permite cualquier negociación y que excede a la política.

Ese lado transpolítico produce consecuencias políticas, en la medida en que se inscribe en una red de sentido universal, propia de la condición humana. No obstante su improbabilidad, estoy convencido de que el perdón debe acompañar a la Justicia como la esperanza más concreta en la lucha contra todos los tipos de terrorismo.

Los argentinos perdimos la oportunidad de hacernos un bien a nosotros mismos, al no saber perdonar a un Videla anciano para que muriese en paz en su casa, junto a su familia.

Que alguien haya sido un hombre malo no autoriza a un hombre bueno a ser injusto con él. Ese fue precisamente el crimen atroz de Videla y sus compañeros, que creyeron que sus enemigos eran hombres malos y decidieron matarlos cruelmente.

Espero que la mala muerte de un hombre malo nos sirva para pensar en una justicia mejor para los responsables por los crímenes de los años 70.

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