
Laurence Golborne, la estrella política que surgió del rescate
Cara visible del gobierno chileno durante la crisis de los mineros, por su manejo de la tragedia el ministro de Minería pasó de ser la figura menos conocida del gabinete de Piñera a la categoría de presidenciable, aunque él, por ahora, prefiere bajar el tono a las especulaciones Francisco Seminario LA NACION
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El rescate de los mineros chilenos sin duda tuvo a esos 33 hombres como protagonistas centrales de un drama de 70 días que, en el momento de mayor tensión y expectativa, llegó a cortar el aliento del mundo entero. Pero los mineros rescatados de las entrañas de la tierra no fueron los únicos que salieron de la oscuridad en el exitoso final de la Operación San Lorenzo. En sentido metafórico, también uno de los más estrechos colaboradores del presidente Sebastián Piñera fue rescatado del segundísimo plano que ocupaba en el gabinete -y en la consideración de la opinión pública chilena- para ser elevado a un presente rutilante, convertido en artífice de un milagro que lo colocó, casi de la noche a la mañana, en la categoría de nueva y brillante estrella política. Ese hombre es Laurence Golborne, el hasta hace poco más de dos meses casi desconocido ministro de minería de Chile.
El rescate de los mineros fue el pase de magia que operó la transformación: en una encuesta previa a la crisis, sólo el 16 por ciento de los consultados supo decir con alguna certeza a quién pertenecía ese nombre de tan difícil pronunciación, el índice más bajo entre todos los ministros del gabinete presidencial. Ahora, luego del fragor mediático de las últimas semanas, su imagen serena y confiada, su manejo profesional de una situación sumamente delicada y su demostrada capacidad de liderazgo, todo esto sazonado con una cuota de sencillez y humor, parecen haberle ganado el favor de los astros. Al punto de que ya se lo considera -quizá de manera prematura y sin duda en un exceso de cálculo político- como un posible presidenciable de la alianza de derecha en las elecciones de 2013.
Las especulaciones se multiplican desde mediados del mes pasado, cada vez más insistentes y un poco a su pesar, o al menos eso es lo que ha dejado trascender el propio ministro para calmar tanta efervescencia en torno a su figura. "Vamos a volver a nuestras vidas normales, no hay que volverse loco con estas situaciones", dijo en una entrevista que ofreció al día siguiente del histórico rescate. "Se me pregunta mucho sobre mi futuro político. Yo no lo sé, ni tengo ninguna aprensión ni interés al respecto. La verdad es que no lo he pensado", agregó. Sus asesores políticos le aconsejan moderación. Son conscientes del riesgo de que cualquier movimiento inmediato por parte del ministro pueda ser interpretado como un intento de utilizar políticamente la tragedia de los mineros.
Pero a esta altura pareciera que no hay moderación que pueda detener las especulaciones. En rigor, el primer disparador de estos cálculos fue otra encuesta, realizada cuando el rescate recién comenzaba a parecer una empresa posible y según la cual Golborne es uno de los cinco dirigentes políticos con mayor futuro, sólo superado en las preferencias de los chilenos por la ex presidenta Michelle Bachelet y el actual ministro de Educación, Joaquín Lavín.
Pero desde esa encuesta pasaron ya algunas semanas y, sobre todo, 33 hombres volvieron a la vida. En el camino hacia el feliz desenlace, a lo largo de las muchas instancias que jalonaron la crisis, con sus dosis de esperanza y desazón según cuáles fueran las novedades provenientes de la mina San José, Golborne asumió desde un primer momento un compromiso fuera de lo común, con extenuantes jornadas de 17 horas de trabajo que incluían tanto hacer un seguimiento minucioso de las alternativas del rescate como informar minuto a minuto al presidente, atender a la prensa local e internacional y brindar algo de contención a los familiares de los mineros. Fue la cara visible de las operaciones de rescate y el líder, codo a codo con el experto André Sougarret, de un esfuerzo tan titánico como incierto. El hombre que leyó la esperanzadora nota que decía "Estamos bien en el refugio los 33" y el responsable de supervisarlo todo, de garantizar que nada quedara librado al azar. En todos estos frentes pareció estar siempre a la altura del desafío, más allá de las críticas que recibió por el pesimismo que dejó traslucir en algún momento. Y la capacidad que demostró fue reconocida incluso por algunas figuras de peso de la izquierda chilena, que destacaron que en su entrega el ministro "fue más allá de lo que le correspondía". Un senador opositor lo ilustró con humor: "Nos metieron un Golborne de media cancha". Hasta podría funcionar como eslogan de campaña.
Estos elogios no parecen menores tratándose de alguien que, en el fondo, todavía es un novato en las lides de la política, que nunca militó realmente ni mostró ambiciones personales en ese terreno, que hasta el día de hoy se declara independiente y que, antes de sumarse al equipo de Piñera en marzo de este año, nunca había ocupado un cargo público.
De alguna manera Golborne es un político accidental. ¿Como llegó al improbable lugar que ocupa hoy? Buena parte de la respuesta a esta pregunta podría estar en el triunfo de Piñera y en la particular selección de colaboradores que hizo el presidente chileno, bastante criticada en los inicios de su gestión por su escasa diversidad. La clase media, se objetaba, prácticamente no estaba representada en el gabinete, y parecía haber un marcado sesgo empresarial.
Al igual que el mandatario, Golborne descolló primero en el sector privado. No como empresario en su caso sino como ejecutivo y mano derecha de Horst Paulmann, el dueño del gigante de las ventas minoristas chileno Cencosud, un pulpo en rápido crecimiento durante sus años como gerente general y cuyos tentáculos ayudó a extender por varios países de la región, incluida la Argentina a través de las cadenas Easy, Disco y Jumbo, entre otras. Por sus resonantes logros se lo llegó a considerar pocos años atrás como el ejecutivo más importante del país vecino. Y esa capacidad de gestión fue lo que valoró Piñera cuando lo convocó, sin casi conocerlo personalmente, salvo por algún encuentro casual.
Hijo de ferretero
Claro que Golborne ya era un ejecutivo destacado cuando llegó a Cencosud. Antes había pasado con éxito por otras grandes empresas multinacionales. Y había protagonizado un ascenso que en pocos años pareció dejar en una lejanísima prehistoria personal su infancia en Maipú, una comuna más bien pobre del oeste de Santiago, donde su padre era dueño de una ferretería que el propio Golborne, en su adolescencia, atendía los fines de semana. Esos eran los años previos al triunfo de Salvador Allende y él, el menor de seis hermanos, simpatizaba con el conservador Partido Nacional, aunque en su familia había de todo, políticamente hablando.
De la escuela pública pasó, crédito mediante, a la carrera de ingeniería civil en la Universidad Católica de Chile. Se recibió con honores casi al tiempo que contraía un primer matrimonio -fracasado al poco tiempo- e ingresaba a trabajar a la firma Exxon. Tenía apenas 21 años. Luego haría posgrados en administración de empresas en EE.UU. y se casaría con Karin Oppermann, su actual mujer, con quien tuvo cuatro hijos que se sumaron a las dos mayores, de su primera esposa.
Con el mundo de la minería no había tenido casi contacto antes de ocupar su actual cargo. Pero cuando llegó, aceptó sin dudarlo el ofrecimiento de Piñera. En su momento explicó así su salto de la esfera privada a la pública: "La vida me ha dado tremendas oportunidades, y no es posible ni justo, cuando te ofrecen contribuir activamente a generar una sociedad de mejores oportunidades, restarse a eso. Es un deber cívico y además ético".
Pareciera ahora que el milagro de Atacama le sirve en bandeja otra gran oportunidad, una que parece difícil de resistir, por más que todavía falte mucho para 2013 y el camino sea incierto, como lo es todo camino político. Pero igualmente las preguntas de la prensa chilena se amontonan cada vez que aparece Golborne. Hay una expectativa creada. ¿Aceptará el desafío personal y político que implica asumir el papel de precandidato presidencial? ¿Buscará un lugar de mayor exposición pública que la que le ofrece la cartera de minería?
Las especulaciones lo ubican, eventualmente, en un ministerio de mayor relieve, como pueden serlo los ministerios de Obras Públicas o de Vivienda. Y también lo imaginan al frente de otra tarea no menos titánica: el esfuerzo de reconstrucción de las ciudades afectadas por el terremoto de febrero de este año, que no ha avanzado al ritmo que quisiera el presidente. Por lo pronto, desde el palacio de La Moneda se ha dejado trascender que en lo inmediato no habrá cambios, y que Piñera mantendrá a Golborne en su actual cargo. De hecho, parece tener bastante por hacer en esa área: la tragedia puede haber tenido un final feliz y el rescate puede haber llenado de orgullo a todo un país, pero la seguridad en las minas quedó en duda, y también las condiciones de trabajo de los mineros. Golborne salió del anonimato por su buen manejo de la crisis en el desierto, pero entró, probablemente, en un terreno más árido y más delicado: el de la política.
© LA NACION
Quién es
Nombre y apellido: Laurence Golborne
Edad: 49
De la ferretería a la universidad: Nació en 1961, en Santiago, hijo de un ferretero cuya familia era de origen inglés. Estudió ingeniería civil en la Universidad Católica de Chile y luego administración de empresas en las universidades de Northwestern y Stanford, en EE.UU.
El salto al sector público: Su último trabajo en el sector privado fue en Cencosud, cuya expansión por América latina lideró como gerente general. Tras su triunfo electoral, Piñera le ofreció pasar al sector público y sumarse a su gobierno como ministro de Minería. Es casado y tiene seis hijos.
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