
Lavagna: "Es una marcha atrás reimplantar los superpoderes"
Las críticas oficiales al periodismo, dijo, responden a una "presidencia autista"
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AIX-EN-PROVENCE, Francia.- Roberto Lavagna está satisfecho. Acaba de terminar su intervención en un congreso de economistas en el sur de Francia, del que también participan Pascal Lamy, director de la Organización Mundial de Comercio, y el filósofo Francis Fukuyama. En la primera fila del auditorio estaba sentado Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, que anotaba en un cuaderno los detalles de la exposición del ex ministro.
Esta fue la primera etapa de su gira europea. Hoy estará en Madrid y luego en San Sebastián, para regresar a la Argentina a mediados de mes.
Lavagna parece distendido, pero mide cada palabra. No quiere que haya malentendidos. Sin embargo, muestra su preocupación por los controvertidos superpoderes que quiere el Gobierno, algo que juzga "una marcha atrás", y las críticas generalizadas del oficialismo a la prensa, a las que considera "dignas de una presidencia autista".
En una entrevista con LA NACION, el probable candidato presidencial lamenta que Néstor Kirchner no haya dado una enérgica respuesta a la polémica idea del venezolano Hugo Chávez de crear un ejército del Mercosur: "Esa no es la agenda del bloque", afirmó.
-¿Lo sorprenden las críticas del Gobierno a la prensa?
-Creo en las presidencias fuertes y no en esas que a veces tuvimos en la Argentina que viven dudando. Pero una presidencia fuerte no significa una presidencia autista o aislada.
-¿Entonces qué significa?
-Significa una presidencia con capacidad de diálogo, con capacidad de discusión de los temas, y si finalmente no hay acuerdo posible entonces es necesaria la toma de decisiones. Es decir: se puede ser fuerte concertando, discutiendo, consultando, dialogando... En nuestro caso puede haber una confusión entre presidencia fuerte y presidencia aislada.
-El ministro del Interior, Aníbal Fernández, lo trató de "arrogante". ¿Qué responde?
-Cuando uno dice algo distinto, ya sea en el sector empresarial, político o periodístico, inmediatamente es objeto de ataques furiosos. Por eso le hablé de las confusiones entre fortaleza en el ejercicio del poder y autismo.
-¿Las presidencias fuertes también pueden abrir la puerta de la intolerancia y la falta de respeto a las instituciones?
-Se puede ejercer un poder fuerte, sólido, que toma decisiones, pero pasando por todos los procesos institucionales por los que pasa cualquier país moderno cuando se toman decisiones.
-Dijo que creía ser una "alternativa superadora". ¿Cómo? ¿Lanzando su candidatura?
-Así lo publicó un diario en primera página. No fue lo que dije, es suficiente con leer el texto que está adentro para darse cuenta. Yo dije que, en todo caso, hay que trabajar en construir una alternativa superadora y que ése era mi compromiso.
-¿Quiere ser presidente?
-No hay que adelantar los tiempos electorales. Para fines de 2007 falta mucho. Ya hay cuatro candidatos que se han manifestado: dos Kirchner, Menem, Pro y ARI. Me parece que aceleraron demasiado los tiempos. Prefiero seguir discutiendo ideas, alternativas. El resto vendrá, o no, por añadidura.
-¿Qué opina del proyecto que les otorga carácter permanente a los superpoderes del Gobierno?
-Cuando era ministro enviamos al Congreso el presupuesto de 2006, que, por primera vez, no incluía los superpoderes porque consideramos que no eran necesarios. Se aprobó así porque la etapa de emergencia, al menos en materia presupuestaria, estaba superada. Ese es el presupuesto vigente. Un proyecto para reimplantar esos poderes de manera permanente es una marcha atrás, de carácter inconveniente.
-¿Significa un gesto avasallante hacia la República?
-Es una luz amarilla. La economía que construimos desde 2002 -me refiero a la sociedad en su conjunto- está muy sólida. Hoy, hay que prestar gran atención más bien a la construcción de una infraestructura institucional.
-En este tema, ¿se avanzó?
-No se ha hecho nada. Las instituciones, las reglas, los contratos y las normas, junto con la distribución del ingreso, es en lo que se debería trabajar. Cuando hay este tipo de marcha atrás, como la de los superpoderes, se emite una señal negativa no sólo hacia afuera, sino hacia adentro, que es, en definitiva, donde están los principales interesados y los inversores que deciden sobre la creación de empleo. En los años noventa hubo un gran descuido sobre la calidad de los equilibrios macroeconómicos y las cosas terminaron como no podía ser de otra manera: con el derrumbe de 2001. En esta primera década del milenio, con la economía recuperada y una macroeconomía sólida, el gran desafío son las instituciones y la distribución del ingreso, las políticas sociales que aceleren el proceso de sacar de condiciones de pobreza a un sector importante de la sociedad.
-¿El Gobierno tiene un plan para ello?
-No hay claridad sobre lo que hay que hacer en políticas de educación, en el sentido más amplio, en políticas de salud y en políticas sociales en general que atiendan a los sectores excluidos. Desde 2002 salieron de debajo de la línea de pobreza siete millones de argentinos, de los cuales cinco millones estaban por debajo de la línea de pobreza extrema e indigencia. El progreso es grande, pero tuvo mucho que ver con la fuerte expansión de los equilibrios macroeconómicos. Ahora, además de eso, hacen falta políticas específicas de alta calidad. Hay muchas acciones puntuales dispersas, en algunos casos con algo de clientelismo, con mucho de ineficacia, con altos costos administrativos, y ahora hay que ir hacia políticas de redistribución del ingreso de alta calidad. Según el Indec, en este primer trimestre empeoró la distribución del ingreso respecto de 2005. Se está tomando un rumbo opuesto a lo que me parece que es el desafío que tenemos como sociedad.
-¿La salida de siete millones de personas de debajo de la línea de pobreza se debe a programas asistenciales o a la creación de puestos de trabajo?
-Siete millones de personas salieron porque se creó empleo. Tres millones de puestos de trabajo nuevos desde 2002 hasta 2005, con prácticamente 2,7 millones de empleos en el sector privado. Este proceso tiene que continuar, pero no va a ser suficiente para sacar de la pobreza a algunos sectores, porque no tienen educación o una formación técnica mínima. Ahí hay que hacer políticas específicas y concentradas.
-¿Por ejemplo?
-En vez de crear cincuenta programas sociales que, a su vez, crean cincuenta administraciones y cincuenta riesgos de clientelismo, hay que concentrar los programas para estar seguros de que sean eficaces. Hay que formular políticas de una generación distinta de lo que fue el comienzo del programa, con los planes Jefes y Jefas de Hogar, que tuvieron un enorme efecto positivo en medio de una crisis tremenda.
-¿Podrá construir una alternativa al modelo económico actual?
-Cuando uno habla de modelo económico tiene que tener cuidado. Hasta las últimas elecciones existió un modelo. Después del cambio de Gabinete hay algunas diferencias. Las cifras macro son muy parecidas, pero las políticas son distintas, básicamente las de la participación del Estado en la economía. Después del cambio de Gabinete se produjeron la salida de Suez y la estatización de Aguas; más que eso diría la sindicalización, porque la empresa fue entregada al sindicato. El Estado tomó, además, alguna participación en un mostrador de un aeropuerto y en la cola de algún avión.
-¿El nacionalismo económico puede tener efectos negativos?
-Si se desvía por ese lado, los efectos no se verán en lo inmediato porque tardan en manifestarse, pero en algún momento terminan afectando el lado fiscal, porque el Estado tiene que tener fondos. Hay una discusión sobre el costo de la participación en Aerolíneas. Poner 30 o 180 millones en la cola del avión es absurdo en un país en donde en materia social uno tiene mucho que hacer, en donde se necesitan muchos fondos y mucha eficiencia administrativa.
-¿El gobierno nacional se equivoca al asignar los fondos?
-Sí cuando el Estado participa en empresas que pueden estar en manos privadas. No tiene ni plata ni capacidad administrativa. Y el dinero lo tiene que concentrar en bienes públicos básicos: educación, salud y temas sociales en general, seguridad y la estructura institucional.
-Venezuela se sumó al Mercosur: ¿afectará el equilibrio del bloque?
-Su ingreso afecta la imagen democrática y la economía de mercado. Pero acá sólo cito al presidente Hugo Chávez, que dijo querer una economía socialista y que quiere ser reelegido hasta 2027. Ojo, démosle la bienvenida a Venezuela dentro del Mercosur, pero con una condición: que no nos cambie la agenda. Fíjese lo que acaba de ocurrir, ya intentó cambiarnos la agenda al proponer un ejército del Mercosur. Afortunadamente, los presidentes de Brasil y de Uruguay no estaban presentes para escucharlo.
-¿Y Kirchner?
-Lamento que la Argentina no haya dado una respuesta inmediata y clara. No forma parte de la agenda del Mercosur y no debe formar parte. Hay que poner límites y no permitir un populismo con chequera, como dijo el chileno Ricardo Lagos.
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