
Los Cascos Blancos quieren desterrar su pasado menemista
Se centran en la región, entrenan a piqueteros y atienden necesidades del Gobierno
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Centrar la acción en los países vecinos, capacitar a piqueteros como voluntarios, vacunar contra la aftosa, planificar los operativos de emergencia por si la guerra con las privatizadas llega a su punto límite.
Con éstas y otras ideas, el actual gobierno quiere modificar el anterior modelo de Cascos Blancos e inaugurar lo que las propias autoridades del área llaman "la etapa K".
Creada en 1994 y con el aval de las Naciones Unidas, la Comisión Cascos Blancos fue impulsada en su momento por sectores que pretendían postular a Carlos Menem para el premio Nobel de la Paz. Eran los tiempos en que el organismo dependía directamente de Presidencia, tenía asesores como Amira Yoma y contaba con cuantiosos recursos para desplegar sus misiones de ayuda humanitaria en lugares como Ruanda, Nicaragua, Líbano o Armenia.
De esa etapa quedó una imagen que las actuales autoridades pretenden cambiar.
Tomaron conciencia de ello cuando un ministro de la Nación -que debía enfrentar una importante catástrofe natural- rechazó la ayuda de los Cascos Blancos por la mala fama que traían de su época menemista.
Hoy, los Cascos Blancos dependen de la Cancillería y han redefinido sus objetivos de acuerdo con los parámetros fijados por la gestión del presidente Néstor Kirchner. Su titular, Gabriel Fuks, expuso ese nuevo perfil a mediados de octubre ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, que deberá ahora resolver la continuidad de su apoyo a la iniciativa argentina (de lo que se informa por separado).
"Pese a la reciente situación política imperante en la Argentina -señaló Kofi Annan en su informe-, el gobierno de ese país mantiene su compromiso permanente con la iniciativa de los Cascos Blancos como principal contribuyente al programa de voluntarios de las Naciones Unidas."
Tres ejes
En la "etapa K" de los Cascos Blancos, como la definió Fuks ante una consulta de LA NACION, pueden identificarse por lo menos tres ejes que la diferencian del modelo instrumentado en los noventa:
- Destinos más cercanos. De las más de 60 misiones que llegaron a desplegarse en los cinco continentes, hoy sólo se mantiene un proyecto de capacitación de voluntarios en Uruguay y están planificadas dos intervenciones conjuntas en Bolivia y Paraguay. Una razón obvia es la dificultad económica que representan las misiones más alejadas luego de la devaluación.
Pero también hay una razón política: actuar en consonancia con los lineamientos de la política exterior fijados por la Cancillería y que ponen en un lugar central a la integración regional.
De hecho, está en carpeta la posibilidad de crear una unidad de Cascos Blancos que dependa de la Organización de los Estados Americanos (OEA), una de las fuentes de financiamiento de las misiones del organismo.
- Nuevo tipo de voluntarios. En el modelo anterior, los Cascos Blancos eran en su mayoría profesionales -desde médicos hasta arquitectos o sismólogos- que acudían a los focos de emergencia para atender problemas relacionados con su especialidad. La nueva visión del voluntario, que se integrará al cuerpo de profesionales con experiencia que ya cuenta la institución, quedó reflejada en un campamento de formación para líderes juveniles solidarios que se realizó dos semanas atrás en Campo de Mayo.
Allí, unos 150 jóvenes -entre ellos, piqueteros de la agrupación MTD Evita, estudiantes universitarios, bomberos y miembros de asociaciones religiosas- fueron capacitados para actuar frente a emergencias, como explosiones o inundaciones, pero también, por ejemplo, compartieron experiencias sobre cómo armar una cooperativa para poner en marcha una fábrica recuperada o instalar un comedor comunitario.
- Cambio en las misiones. Originalmente creados para combatir el hambre y la pobreza, los Cascos Blancos pronto se transformaron en una herramienta de acción frente a catástrofes naturales o humanas provocadas por conflictos bélicos.
De acuerdo con las nuevas prioridades, la Comisión Cascos Blancos busca enfocarse ahora en acciones que privilegien el desarrollo social.
Aftosa y privatizadas
Un ejemplo de ello es un programa que por estos días se está poniendo en marcha para vacunar contra la fiebre aftosa en la zona de Bolivia y el norte argentino. Se trata de una acción que responde a la iniciativa del Consejo Agropecuario del Sur (CAS, que aglutina a los países del Cono Sur) y que resolvió la lucha en el nivel regional contra la enfermedad.
"Este operativo responde a una política de integración regional, ejerce una defensa de los mercados comunes y tiene un alto impacto económico", señaló Fuks, al defender el nuevo tipo de misión que implementará.
Así como lo hizo con la Secretaría de Agricultura y Ganadería, Fuks -ex dirigente del peronismo porteño que trabajó para la candidatura del ahora canciller Rafael Bielsa- ofreció la colaboración de su área a distintos ministerios.
Al ministro de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, Julio De Vido, le ofreció, por ejemplo, capacitar a voluntarios que puedan actuar ante la emergencia de que -en caso de que la pelea con las empresas privatizadas de servicios públicos no llegue a buen puerto- la ciudad se quede sin luz o sin agua durante varias horas o días. De Vido quedó en contestarle.
Apoyo de la ONU
- La Asamblea General de las Naciones Unidas debe ratificar esta semana su apoyo a la iniciativa Cascos Blancos. Desde 1994, lo hizo cada dos años, por unanimidad, y con el copatrocinio de 76 países. El secretario general, Kofi Annan, lo incluyó como tema del informe que presentó en agosto. De acuerdo con el orden de temas que trata el plenario de la asamblea, el item será analizado mañana o pasado mañana. Además de repasar las misiones de los últimos dos años, Annan recomendó la participación de nuevos Estados miembros en la iniciativa de los Cascos Blancos.




