
Los legisladores tucumanos, forzados a reducir sus gastos
Por escándalos y discusiones debieron bajar 2.000.000 de pesos el presupuesto
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SAN MIGUEL DE TUCUMAN.- A fuerza de escándalos y de discusiones que rozan las de conventillo, la legislatura provincial se está viendo forzada a ceder prerrogativas, pese a que al hacerlo esté poniendo el grito en el cielo de esta rica tierra, socialmente empobrecida.
Hace tres días los legisladores aprobaron una reducción de su presupuesto 2001 en $ 2.000.000 y acordaron rendir cuenta sobre los gastos reservados, hasta ahora exentos. Y hay diputados, como Mariano Poliche, disidente de Fuerza Republicana, que se animan a pronosticar que esas erogaciones terminarán siendo anuladas.
Sin duda, el acto intimidatorio contra el tradicional diario local La Gaceta ha potenciado el alboroto. A tal punto llegó que el gobierno tucumano decidió ofrecer una recompensa de $ 25.000 para quien aporte información que permita la detención de los autores del hecho e hizo pegar afiches callejeros con el identikit del presunto cadete que entregó el paquete con la granada, dirigido al secretario de redacción del área política, Carlos Abrehu.
Y se abrieron investigaciones a cargo del fiscal de instrucción Gustavo Estofán, del propio jefe de la policía provincial, comisario general Luis Valdiviezo, y de la Legislatura, que creó una comisión investigadora. En la fiscalía admiten que, más allá del identikit, no hay sospechosos.
El papel señalaba "Cirnigliaro no es un héroe", en referencia al diputado Osvaldo "Renzo" Cirnigliaro (PJ), que había dicho que los legisladores reciben $ 12.000 mensuales en gastos reservados (con el recorte pasarán a $ 6000) y que, además, no los cobra desde que asumió, en octubre de 1999. "Por el tenor de la nota, la intimidación obviamente se refiere al escándalo de la Legislatura, pero hasta ahora sólo hay conjeturas", se atajan en los tribunales.
Precisamente, el gerente general de La Gaceta, José Pochat, sostiene que, según como se interprete, del hecho pueden sacar réditos no pocos sectores: "Como pueden hacerse varias conjeturas, sería injusto que demos como cierta alguna en particular. Por eso corresponde informar con objetividad sólo cómo son los hechos".
Malestar legislativo
La polémica ha dejado en evidencia la susceptibilidad de los legisladores ante el hecho de que sus privilegios se hagan públicos, quizá porque han resguardado esa información como un secreto corporativo, como sucede, en verdad, con la generalidad de los parlamentarios argentinos.
El malestar quedó explícito cuando anteayer el cuerpo trató un proyecto para repudiar la coacción contra La Gaceta. Paradójicamente, no pocos acompañaron su rechazo a la intimidación con durísimas críticas a la prensa, en algunos casos focalizadas con encono hacia el matutino local.
La actitud más elocuente pareció ser la del titular de la Legislatura, el vicegobernador Sisto Terán (PJ), quien sostuvo con el discurso su frase inicial: "Voltaire decía que aborrecía a la prensa, porque decía muchas mentiras, pero que daría hasta su última gota por la libertad de prensa".
Y, entre otras cosas, agregó: "Los diarios mienten permanentemente, hecho éste que no sólo le imputo a La Gaceta... Daré mi vida para que escriban, pero no daré crédito a lo escrito. Hay una decisión, de diarios y de cuerpos económicos, de destruir los cuerpos legislativos".
Luego de denunciar una supuesta campaña de La Gaceta en su contra y de intentar mancillar a sus propietarios, el vicegobernador afirmó: "Vino un periodista de La Nación a decirme que venía acá con la función de desprestigiar a este cuerpo".
Terán se encontraba ayer en Buenos Aires, en representación del gobernador Julio Miranda, para reunirse con autoridades nacionales. Este enviado intentó hablar con él para que diera precisiones sobre sus dichos y su administración.
Resultó infructuoso, pese a cinco mensajes en los contestadores automáticos de sus teléfonos celulares, a dos gestiones con su secretario privado, Raúl Griet, y a no menos de una decena de comunicaciones posteriores establecidas con éste que, sugestivamente, se cortaban de inmediato a la presentación.
Descalificar, una moda
Sus cuestionamientos a la prensa no fueron los únicos escuchados en el recinto. También lo hicieron, entre otros, los diputados republicanos Gustavo Rojas Alcorta y Jorge de Faveri y los justicialistas Roque Alvarez y Rosa Augier de Rojas.
Parecería que en Tucumán las descalificaciones son moneda corriente. Ya es moda que aparezcan sectores de la capital alfombrados con volantes o forrados de afiches, por lo general anónimos, en contra de tal o cual persona. Por caso, en estos días la emprendieron contra el ministro de Economía, José Alperovich. Y a comienzos de semana, contra Cirnigliaro.
Hasta el secretario de redacción de La Gaceta, Luis Peña, ha tenido que soportar campañas personalizadas de ese tipo.
Y entre los pocos afiches que aparecen con autoría, incluso los hay sin destinatario claro. Como uno instalado en pantallas publicitarias de paradas de colectivos, adjudicado a Dios: "No mentir, no matar, no robar. ¿Qué parte del no no entendiste?".
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