
Los partidos de izquierda pelean entre sí por ganar un diputado
Con más adhesiones que en otros años, van fragmentados en una decena de listas
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Por primera vez en una década, la izquierda argentina estará el mes próximo en posición de conseguir representación en el Congreso, aunque compite fraccionada en una decena de listas; todo un récord.
La crisis económica, sumada a las peleas internas en los partidos mayoritarios y al creciente descrédito en la clase política, ya permitió a las fuerzas que se denominan "revolucionarias" dar algunas sorpresas en elecciones recientes.
En mayo de 2000, entre Izquierda Unida (IU), el Partido Humanista (PH), el Partido Socialista Auténtico (PSA) y el Partido Obrero (PO) consiguieron -para muchos inesperadamente- cinco bancas en la Legislatura porteña. El mes último, en Córdoba, IU pasó el 7 por ciento de los votos en la elección de constituyentes y logró 9 bancas en la asamblea.
Con esos antecedentes, la izquierda empezó esta campaña con alguna aspiración más que completar los últimos lugares en la tabla de resultados.
La meta principal para esas fuerzas es ganar una banca en la Cámara de Diputados: todos colocaron a sus dirigentes más conocidos a pelear en esa categoría, en especial en la Capital y en Buenos Aires.
"Nuestra campaña es una batalla constante contra el ajuste y creo que la gente intentará hacer valer su voto contra una clase política que llevó el país a la ruina -relata Patricia Walsh, candidata a diputada por IU en la Capital-. Necesitamos un 6 o un 7 por ciento para conseguir una banca y eso nos dan en las encuestas."
Jorge Altamira, fundador del Partido Obrero, considera que la izquierda aumentará su caudal electoral a raíz del apoyo constante que brindan a las protestas sociales.
"Estuvimos desde el principio en los cortes de ruta, anticipamos que la Alianza sería un fracaso y demostramos que un legislador puede ser algo más que un burócrata", señala Altamira, actual legislador porteño y postulante a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires.
La defensa del movimiento piquetero, el rechazo a la globalización, la posición en favor de suspender el pago de la deuda externa, el reclamo por un cambio en la política social y la oposición a una alineación de la Argentina con los Estados Unidos emparentan sus propuestas. ¿Por qué tanta fragmentación entonces?
Luis Zamora tiene una respuesta. "Nos separan justamente las coincidencias", explica quien fue el último dirigente de la "izquierda revolucionaria" que consiguió una banca de diputado nacional, en 1989.
Tras alejarse de la política partidaria durante un lustro, Zamora reaparece como candidato a la Cámara baja por el flamante movimiento Autodeterminación y Libertad, en el que los actores Norman Brisky y Héctor Bidonde son postulantes a senador y a diputado, respectivamente.
"Nos juntamos para apelar a la población a que tome en sus manos los problemas. Hay que dejar de pensar en quién será el próximo ministro de Economía. El pueblo debe involucrarse y obligar a los gobernantes a cumplir", expone Zamora.
Otra legisladora porteña, la humanista Lía Méndez, se suma a los aspirantes a una banca en Diputados. "Sería un salto impresionante. Desde la Legislatura demostramos una forma de hacer política que no sigue la rosca de la UCR y del PJ. Desde una minoría podemos cumplir la misión de estar permanentemente en la calle, donde están los conflictos", afirma.
Méndez también tiene su explicación al porqué de la fragmentación: similares objetivos, distintos métodos. Por caso, el PH rechaza cualquier forma de violencia, mientras otras agrupaciones no lo dicen tan claro.
Mario Mazzitelli, secretario general del PSA y candidato a senador por la ciudad, culpa a las mezquindades y el afán por no resignar parcelas de poder. "Hay una cultura de la división que es difícil de cambiar", señala. Con él coincide Zamora: "Cada partido cree que su dirigente debe encabezar la lista".
Batalla mediática
Para esta elección, Izquierda Unida (integrada por el Movimiento Socialista de los Trabajadores, el Partido Comunista y dirigentes de otras tendencias) y el Partido Obrero protagonizaron un insólito intento de unidad. La fuerza de Altamira ofertó, mediante una solicitada, armar un frente con IU, pero recibió una negativa.
"No estaban dispuestos a que el PO encabezara las listas", se queja Altamira. Walsh lo niega: "No se puede hacer a última hora. Los partidos de izquierda deberíamos juntarnos y convocar a elecciones internas abiertas". El PO, al final, se alió con el MAS.
Entre los competidores, estará el trotskista Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), cuyo líder, José Montes, es candidato a diputado en Buenos Aires.
Otros representantes de la izquierda se sumaron a proyectos ideológicamente más amplios, como el Polo Social y el ARI. El primero absorbió a Patria Libre y a socialistas como el ex ombudsman Antonio Cartañá. La lista de senadores del ARI en la Capital es apoyada por el ex líder de la JP Juan Carlos Dante Gullo, que se postula a diputado por Nuevo Milenio.




