Los que trabajan por la transparencia estatal

Jóvenes y profesionales, mayoría en la Oficina Anticorrupción
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29 de octubre de 2000  

Vértigo. Indignación. Sorpresa. Entusiasmo. Bronca. Deseo de Justicia. Vocación por la cosa pública. Y una dosis febril de adrenalina.

Estas son algunas de las dispares sensaciones que suelen experimentar las cerca de 40 personas que trabajan en la Oficina Anticorrupción (OA), el organismo creado por el presidente De la Rúa que comenzó a trabajar casi tímidamente dentro del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y que ahora parece estar en peligro.

Muchos ojos se vuelven hoy sobre este invento de apenas diez meses que se convirtió en una máquina de investigar: ya abrió 930 causas.

Pero, ¿quiénes son? ¿Quiénes encarnan la OA, la idea tan festejada por la Alianza, la niña mimada, supuestamente sin ataduras políticas, presentada como garantía de transparencia? Allí trabaja una amplia mayoría de jóvenes, con un promedio de entre 30 y 32 años. Son una combinación explosiva de abogados, sociólogos y economistas, entre otros profesionales, que -afirman-no fueron elegidos por sus ideologías.

Se sienten libres de compromisos políticos y confiesan tener pasión por lo que hacen. Una pasión que los motoriza, les da energía y que ejerce sobre ellos una sumisión tan atrayente como amenazante. Porque el tiempo no les alcanza nunca, a veces, ni siquiera para recuperar el sueño. Corren contra reloj. Soportan presiones. Lidian con intereses millonarios y tramas secretas. Y, sobre todo, luchan por no ceder.

"Ser una oficina pública nos hace más vulnerables porque no nos da estabilidad en los cargos. Eso es malo. No podemos estar supeditados a lo que diga el Presidente", dispara el jefe de Investigaciones de la OA, Manuel Garrido, de 35 años.

Los investigadores El equipo de 20 personas que lidera este abogado egresado de la UBA, un ex secretario de juzgado que vive en el barrio porteño de Barracas, ya inició querellas contra el ex interventor en el PAMI Víctor Alderete (en prisión desde el 16 de junio último) y otros ex funcionarios como María Julia Alsogaray, Antonio Erman González y Manuel García Solá.

La presencia de la OA generó el malhumor del ex presidente Carlos Menem, que lo tildó de antiperonista. También, alteró la tranquilidad de casi medio centenar de funcionarios de la Alianza que son investigados por presunta incompatibilidad o conflicto de intereses en la función pública.

Estos son apenas algunos de los casos que hoy investigan, y sobre los que intentan tener una puntería cada vez más certera. No toman todo lo que cae en sus escritorios: eligen los temas de mayor significación económica, institucional o social.

Dar en el clavo los estimula. Les da seguridad. Tanto, que a veces ni ellos pueden creer no tener límites para investigar a quien sea. Garrido dice a La Nacion que el Gobierno no los presiona, aunque luego reconoce que algún aliancista ya pidió su renuncia.

Hasta ahora, la OA se había convertido en una suerte de viento imparable que se cuela en los Tribunales de Retiro. "De repente, notamos que se activó la justicia federal. Nadie quiere quedarse off side", dice Garrido.

Con el paso de los meses, los miembros de la OA llevan adelante sus funciones con más comodidad. Día a día, tallan un modelo de funcionamiento que mejoran, a toda marcha, fuera de los ritmos convencionales de sus ex colegas: no imitan las recetas de los jueces, de los fiscales ni de los académicos, aunque son, paradójicamente, un poco de cada uno de ellos. Una mezcla inédita en el país.

Tienen, eso sí, un tinte menos solemne, casi irreverente; les gusta más escuchar la radio Rock & Pop que un discurso presidencial, reconocen.

"Muchos de los que trabajan aquí podrían ser jueces, si el sistema permitiera un crecimiento profesional explica Garrido-. Son un equipo de gente fantástica y muy capaz. Son inquietos, enseñan en la facultad, investigan. Son inteligentes".

El sueldo mensual tipo es de $ 2500: "Menos que un juez, más que un secretario de juzgado", explica.

La prevención Roberto De Michele es la otra cara de la OA. Abogado, de 38 años, máster en leyes por la Universidad de Yale, EE.UU., y ex miembro del estudio del ex fiscal Luis Moreno Ocampo, lidera la Dirección de Planificación de Políticas de Transparencias.

Es el encargado de elaborar planes de prevención. No persigue ni acusa, pero sí analiza a fondo los mecanismos escurridizos de quienes cometen hechos lícitos con el patrimonio del Estado. "La corrupción es un hongo que crece en las sombras -afirma-, pero sólo si el sistema lo permite."

Conseguir el compromiso de las altos directivos de los organismos públicos para lograr una gestión transparente, incorporar la informática como herramienta clave, hurgar en las estructuras estatales para encontrar las trampas que permiten la corrupción son algunas de sus funciones. "Vamos a la velocidad de una locomotora a toda máquina", sostiene.

En su equipo también hay un grupo de gente muy joven, algunos con poco más de 20 años. Son los que "no tienen trabas para idear y crear, son el combustible, los que están para romper las reglas yempujan", dice De Michele. Fueron elegidos entre casi 100 personas. Muchos de ellos son egresados de la Universidad Torcuato Di Tella; enviaron su currículum y entraron por sus antecedentes, su potencial y su vocación por la cosa pública.

Sin horarios

En la OA dicen en broma que el primero en abrir la puerta es su titular, el fiscal de Control Administrativo y ex camarista José Massoni, un entrerriano de 59 años. Comenzar muy temprano, cerca de las 8, es uno de los hábitos que adquirió en Tribunales, donde trabajó durante casi cuatro décadas.

Massoni es un hombre que nunca pierde la calma. Es cálido y firme a la vez; sus colegas lo consideran un profesional prestigioso y de principios intachables. "Somos un organismo del Estado nacional, no del gobierno nacional", reitera a sus colaboradores.

En el pasillo, la fotocopiadora del tercer piso de Sarmiento 329 no para de funcionar. Una y otra vez, sirve para duplicar un documento, una ley, un informe. Los e-mails también se multiplican. La gente entra y sale de las oficinas. Es un ambiente dinámico. Por la mañana, un auto va y viene de los Tribunales de Retiro con carpetas, pruebas, denuncias.

"Este es un lugar fantástico para trabajar. Tenemos libertad de acción porque, insisto, nuestro único compromiso es con la democracia. Y, además, nos divertimos de manera increíble. ¿Qué más se puede pedir?", se pregunta Garrido.

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