
Los riesgos del proselitismo
El Gobierno convirtió el escenario político en un verdadero show proselitista cuatro meses antes de los comicios y con los riesgos que ello implica.
Ya no hay medias tintas en el discurso presidencial. Kirchner se puso al frente de la campaña con el mismo énfasis que mostró cuando dijo que las elecciones servirán para plebiscitar su gestión. Sólo que esta vez no podrá retractarse de los dichos porque sus gestos son concretos y plausibles de jugar en contra del ejercicio del poder.
Por empezar, la actitud del Presidente atenta contra las expectativas falsas que toda campaña electoral, con sus promesas incluidas, genera en la sociedad. El fallido anuncio de aumento a los jubilados fue el punto de mayor inflexión en este tema, aunque no el único. El ministro de Economía incorporó una dosis de realismo en el despacho presidencial para frenar el anuncio que tenía entusiasmado a Kirchner y a sus ministros. La mención de que un aumento de haberes jubilatorios repercutiría de lleno en la inflación, sumado a que se trataba de un incremento sostenido sólo con superávit pasajero, postergó la medida. Sin embargo, nadie arriesga aún si Kirchner no avanzará igual con el anuncio antes de la fecha de elecciones.
No se trata de un anuncio proselitista aislado. Según un informe de la Comisión de Presupuesto de Diputados, el Gobierno lleva gastado en ministerios como Desarrollo Social o Trabajo más del 60% del presupuesto para asistencia social. Además, hay provincias como Santa Cruz, Misiones, Catamarca, Formosa o Jujuy en las que se destinó entre el 60 y el 99% del crédito pautado para obra pública. Y el Presidente no dudó en expresar que seguirá gastando en asistencia social pese a que lo critiquen, aunque aclaró que no lo hará "con fines clientelares", como si supiera separar fácilmente lo electoral de lo meramente asistencial.
Tampoco la diplomacia quedó exenta de los vaivenes proselitistas. El discurso de campaña del canciller candidato Bielsa que cuestionó en duros términos a la oposición dejó estupefacto a más de un diplomático extranjero. "No imaginamos a un funcionario de nuestro país de la jerarquía de Bielsa liderando un acto proselitista para inmediatamente ponerse el traje de canciller", expresó asombrado el cónsul de un país central.
Además, la diplomacia argentina absorbió la pelea Kirchner-Duhalde a tal punto que el ex presidente comentó a sus allegados que no quiere asistir más a una reunión del Mercosur en calidad de titular del bloque para que no le pregunten quién es el "padrino". En el Gobierno hay quienes aseveran que la idea de que los Estados Unidos teme por la seguridad en la Cumbre de las Américas fue todo un invento del duhaldismo para entorpecer la tarea de Felipe Solá en Mar del Plata. Sería subestimar demasiado a la inteligencia norteamericana.
La parálisis del Congreso también es fruto de la impronta proselitista. Kirchneristas y duhaldistas se encuentran empantanados en un debate por la continuidad o no del jefe de bloque del PJ en Diputados, el duhaldista José Díaz Bancalari.
¿Faltarán muestras de riesgo institucional?
La figura presidencial ha quedado demasiado expuesta por la campaña. Ni hablar siquiera de la violación a la ley electoral que fija que la campaña sólo debe comenzar 60 días antes de los comicios. Y sin tener en cuenta que el Presidente no debe olvidar que gobierna para todos los argentinos.
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