
Los veteranos del conflicto aún se sienten en guerra
Más víctimas: la falta de tratamiento médico de los ex combatientes profundiza los traumas psicológicos y aumenta los suicidios.
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Durante la guerra de las Malvinas, en 1982, murieron más de 900 combatientes argentinos. Quince años después, y a raíz de lo que se conoce como "trastorno por estrés postraumático (PTSD) o trauma de guerra, esa cifra creció.
Se trata de las dolorosas consecuencias humanas que todavía sigue generando el enfrentamiento protagonizado por efectivos de las tres Fuerzas Armadas del país que, mediante una operación comando, desembarcó en las islas Malvinas el 2 de abril de 1982, dando inicio a una guerra entre argentinos y británicos.
Como un efecto más de aquel acontecimiento traumático, los veteranos sufren universalmente severas situaciones de crisis, que dejan secuelas capaces de provocar en quienes las padecen la elección que ya tomaron 200 sobrevivientes argentinos que dispusieron quitarse la vida con su propia mano.
El comprobado sentimiento de culpa que los invade suele desencadenar decisiones extremas, y hay además alrededor de 2500 veteranos (se estima que un 25 por ciento de las poblaciones de veteranos sufren ese tipo de enfermedad) con dificultades y a quienes los merodea la recurrente pesadilla de la guerra.
La acción por rescatarlos del abismo psíquico -con el agravante de haber perdido la guerra- se inició en el primer año de finalizada la contienda, entre sus pares y a través de la formación de las Divisiones de Veteranos de las Fuerzas Armadas.
La Armada, el Ejército y la Fuerza Aérea certificaron sus identidades: 21.687 fueron identificados, de los cuales 3716 reciben atención por distintos grados de invalidez y 6344 familias perciben pensiones vitalicias.
Los centros zonales de veteranos de la provincia de Buenos Aires -que concentra en el conurbano a 6000 ex combatientes- hicieron 10 relevamientos de información y comprobaron que el 90 por ciento de los veteranos dispersos por la región no tuvieron ningún tipo de control médico desde el final de la guerra y se detectó falta de trabajo, vivienda y educación.
Este empobrecido cuadro de situación que supera incluso el amplio margen de legislación vigente que los ampara fue ratificado por una encuesta que realizó, en abril del año último, el Ministerio de Salud bonaerense y que recibió, de los 500 formularios enviados, 151 respuestas (el 31 por ciento) y 67 no llegaron a destino.
Sin rumbo
Las cifras resumen el estado de indefensión: el 91,3 por ciento no recibe atención psiquiátrica o psicológica y el 76,2 no conoce lugares donde se brinda este tipo de asistencia, el 88,7 nunca recurrió a algún centro de salud mental; el 72,1 no recibe atención médica; el 60,2 no tiene trabajo; el 57,7 presenta síntomas o molestias físicas; el 52,2 no controla su agresividad; el 41 alcanzó el nivel escolar primario, y el 32,4 ocupa una vivienda prestada.
En la población carcelaria, anteriores informes registraron un 2 por ciento y acerca de las adicciones surgieron estos datos:consumen diariamente cigarrillos, el 64,2; alcohol, el 31,8, y psicofármacos, el 8.
"Por las noches me despierto bañado en sudor. Siento el pánico de los tiempos de guerra. De repente, abro los ojos, me incorporo en la cama y tengo la sensación de estar prisionero de los ingleses. Lo que me sobresalta es la impotencia de haber perdido la guerra", confesó R.B, un suboficial de la Fuerza Aérea que integró el grupo de Operaciones Especiales con asiento en la Séptima Brigada Aérea.
Más que un mal sueño
Pero el flash del trauma de la guerra que desvela a este hombre de 37 años, casado y que estuvo los 74 días que duró la contienda no es sólo un mal sueño.
El síndrome de estrés postraumático, que figura en los manuales internaciones desde hace una década, provoca severas fallas de adaptación en las áreas social, familiar, laboral y creativa (aumento de la vida aislada).
Originado por alteraciones en el sistema nervioso, el síndrome conduce a trastornos físicos tales como infartos prematuros, enfermedades de piel del tipo psoriasis, trastornos en el aparato digestivo (úlceras) o respiratorio (broncoespasmos) que pueden llevar a la invalidez o hasta la muerte.
Los estudios sobre poblaciones de riesgo en veteranos de guerra indican una presencia de afectados que oscila entre el 3 y el 58 por ciento.
Cuando el temor, la desesperanza, horrores intensos, están presentes por más de 3 meses se lo considera al enfermo como crónico (si bien se lo padece de por vida, es recuperable) y su manifestación puede demorarse por años: en ciclos de 12, 13 o 15 años suele evidenciarse.
Estrategia terapéutica
"Yo he pasado por psiquiatría, operaciones, quimioterapia, pero soy un convencido de que este problema no se arregla con discursos o con plata. Una caricia, una palabra, un mate, valen más que una remuneración. Cuando voy a visitar las casa de veteranos caídos sus familiares me lo agradecen: Gracias por venir hoy a enterrar a nuestro hijo en nuestra casa", afirmó J.C.H, un ex conscripto de 34 años, casado, que sobrevivió al hundimiento del buque General Belgrano, por un submarino británico fuera de la zona de exclusión.
Para reinsertar a un veterano enfermo en su ambiente socio familiar, más de quince años de experiencia en los Estados Unidos demostraron demanda entre uno y dos años un programa de capacitación de equipos de salud y de veteranos de guerra que captarán al resto para que realicen exámenes clínicos, odontológicos, radiológicos y de laboratorio y una encuesta psicológica-social.
Por resolución ministerial 3518/96 y por decreto provincial 4814/96, en la provincia de Buenos Aires se instrumentó durante este año ese programa, que es dirigido por dos especialistas y ex combatientes de Corea y de Vietnam, y una psicóloga y una médica psiquiatra, ambas argentinas.
De soldado a changarín
"Por oficio soy carpintero, pero por nececidad muchos vendemos en los trenes, hacemos changas, juntamos ramas en camiones, barremos las calles, limpiamos baños.
"Tengo el orgullo de ganarme la vida con mis propios medios, porque el trabajo dignifica y no así las limosnas. Soy un veterano que estudia para ser un captador de otros veteranos que tienen más necesidades que yo", concluyó G.B; 34 años, casado, ex conscripto, herido en combate y que fue integrante del Regimiento de Infantería Mecanizada 7 de La Plata.
Y otra vez, quince años después de la Guerra de las Malvinas, los combatientes vuelven a protagonizar la historia argentina. Ayer, en medio de la muerte y la desolación. Hoy, como pioneros en la misión de salvar vidas.
Un mismo idioma entre veteranos de la posguerra
Bruce Wesbster y Garry Craig desarrollan hace más de 15 años la especialización en el tratamiento del trastorno por estrés postraumático y encaran un inédito trabajo formativo y curativo de los veteranos argentinos que lo padecen.
Wesbster tiene 49 años, vive en Washington, es veterano de la guerra de Corea (1950), licenciado en Ciencias y Master en Educación Superior. Craig, 49 años, reside en Columbia, peleó en Vietnam (integró el Ejercito de los Estados Unidos entre 1964/1967) y posee estudios de Psicología.
La Nación presenció la introducción del curso que dictan a los ex combatientes argentinos y, luego, mantuvo un diálogo exclusivo con los expertos. Estos fueron sus principales comentarios:
- "No se puede medir el tiempo que se tarda en ganarse una confianza mutua entre los veteranos y la sociedad. Cuando se empiecen a juntar los pedazos y ponerlos donde corresponda, quizás, aprendan a convivir" (Wesbster).
- "Todos los veteranos del mundo empezamos con con este tipo de programas entre 12 y 15 años después. No es un buen tiempo para comenzar, pero por los que sufrieron, por sus familiares, por sus hijos, por sus nietos es, de todos modos, un buen comienzo" (Craig).
- "Estuve un año en contacto con los veteranos de las Malvinas. Durante ese período, aprendí que hay similitudes con los de Vietnam, del Golfo, de Afganistán, de Sri Lanka, de la guerra civil en el norte de la India. Veteranos son veteranos" (Wesbster).
- "El programa que se instrumentó en los Estados Unidos (hay 1.000.000 de veteranos) fue nacional. La Argentina tiene que pensar en los veteranos, en sus fuerzas de seguridad, en todos aquellos que han estado bajo experiencias traumáticas" (Craig).
- "La amenaza común que mantiene juntos a los veteranos del mundo es sentir que alguien de afuera puede disparar o ellos sentir miedo de poder hacerlo. Y eso, realmente, nos cambió la vida a todos" (Wesbster).
- "Muchos veteranos norteamericanos que padecen la enfermedad viven marginados, durmiendo en los bosques, en las montañas y aún estando en grandes ciudades viven lejos de su círculo familiar. Actualmente seguimos sin ser respetados. Muchos dicen "al diablo" con la sociedad. Tienen problemas económicos y de trabajo. En los Estados Unidos o en la Argentina, el sufrimiento de los veteranos es uno solo" (Craig).
- "Los veteranos argentinos que se están capacitando están dispuestos a pagar el precio para poder ayudar a su prójimo. Aprendieron a escucharse, porque los veteranos de cualquier parte del universo hablan un mismo idioma en la posguerra" (Wesbster).
Carter analiza el reclamo argentino por las Malvinas
CALIFORNIA.- El ex presidente norteamericano Jimmy Carter tiene la firme impresión de que la Argentina confía en los beneficios que, para su reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, podría significarle un cambio de timón en el gobierno de Gran Bretaña.
Según Carter, las actuales autoridades argentinas piensan que los laboristas ingleses podrían ser algo más flexibles que los conservadores en las demandas de negociación del tema de fondo en la disputa de la posguerra en el archipiélago.
Esa impresión consta en un documento que Carter remitió a Bill Clinton -al que tuvo acceso La Nación-, redactado tras la gira que el primero realizó por el Cono Sur americano, que incluyó, además de la visita a la Argentina, otras a Chile y a Brasil, entre el 15 y el 26 de enero últimos.
Sobre las Malvinas, los argentinos, según Carter "consideran que la soberanía de la islas es una cuestión de honor nacional. La victoria militar de las tropas británicas -dice- representa para ellos (los argentinos) un gran triunfo de Margaret Tatcher, y el primer ministro John Major no ha cambiado su política de rechazar cualquier discusión sobre la soberanía".
Fiel a su costumbre, quien fue presidente norteamericano entre 1977 y 1981, redactó en su computadora personal su visión de esos países una vez que terminó la gira mencionada anteriormente (que también incluyó a Jamaica), de modo de contribuir, en este caso, al derrotero por la región que Clinton emprenderá dentro de unos meses (en octubre llegará a la Argentina).
Chile, Alfonsín y Menem
Pero no sólo de la soberanía en Malvinas habla el informe del ex presidente de EE.UU.
Carter también redactó su impresión respecto de las que considera grandes diferencias entre la Argentina y Chile sobre la posibilidad de emprender una carrera armamentista.
Las copias de las nueve carillas de su informe llegaron también al vicepresidente Al Gore y a la secretaria de Estado Madelaine Albright.
La portada de ese escrito es todo un sello: lleva su nombre y el perfil de un águila cuyo cuello vislumbra las estrellas y las franjas de la bandera de los Estados Unidos.
Es el emblema del Centro Carter, con sede en Atlanta, Georgia. Allí, con la presencia de otro ex presidente norteamericano Gerald Ford se realizará en la primavera (nuestro otoño) una conferencia del Copuncil of Freely Elected Heads of Goverment (conocido en español como Consejo de Jefes de Gobierno Libremente Electos), al que pertenecen Alfonsín y Menem. En la agenda figuran los desafíos del hemisferio con vistas al próximo siglo.
"Alfonsín dijo en varias ocasiones que le salvamos la vida y Menem, en prisión en 1980, escribió que sus carceleros saltaron de alegría cuando Reagan fue elegido", narra Carter en el recuento de su reciente viaje.
Derechos humanos
También cuenta que en Chile, Argentina y en Brasil recibió gestos de gratitud y de amistad por su fuerte respaldo a los derechos humanos mientras era presidente.
En Buenos Aires mantuvo reuniones con Menem y con buena parte de su gabinete; con Alfonsín, con dirigentes de la UCR y con activistas de derechos humanos, muchos de los cuales, según comprobó in situ, están abocados hoy al combate contra la corrupción y al impulso de reformas electorales y sociales.
"A diferencia de Chile, la Argentina está luchando con una tasa de desempleo del 18 por ciento -dice Carter-. Menem y sus asesores económicos son optimistas acerca de una reducción del 3 al 5 por ciento durante 1997, creyendo que esta tendencia será un estímulo para las elecciones legislativas de este año." También a diferencia de Chile, único país por el que expresa sincera admiración a raíz de su democratización y de su progreso económico, Carter advirtió entre los líderes argentinos un rechazo unánime a la posibilidad de embarcarse en una carrera armamentista en caso de que los EE. UU. den carta franca a los proveedores radicados aquí.
"No pueden afrontar nada parecido, pero admiten al mismo tiempo que deben mantener las equivalencias con Chile -reseña-. El presupuesto del equipamiento militar para las tres fuerzas es de apenas 50 millones de dólares y esperan que se reduzca aún más merced al Mersocur y a sus relaciones con otros países del Cono Sur." No sucede lo mismo con la disputa con los EE. UU. por la ley de patentes farmacéuticas, tildada por él como el asunto más serio de la relación bilateral "La mayoría de los líderes insiste en que se respetaron los requerimientos del GATT -observa Carter-. Menem fue más lejos de lo que puede con sus órdenes ejecutivas, algunas de las cuales fueron revisadas por la Corte Suprema, y el Congreso no quiere ir más lejos. Al menos, hasta después de las elecciones de este año." Otro tanto subraya sobre la corrupción: "Hay analistas y adversarios políticos al actual Gobierno que demandan cambios sustanciales en el financiamiento de las campañas electorales y en la independencia de la Justicia" .





